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Regreso a las escuelas en Sinaloa, por consenso y no en función de imposiciones

Las instituciones gubernamentales en materia educativa están llamadas a tomar la conducción del diálogo más allá de la postura inamovible del presidente Andrés Manuel López Obrador en el sentido de que “llueva, truene o relampaguee” el naciente ciclo escolar ha de ser en los salones de clases.

Aunque se considere inoportuno hablar del regreso a las aulas ahora que la tercera ola de la Covid-19 golpea fuerte a Sinaloa, sí es adecuado comenzar a analizar cuándo, cómo y por qué deben retomarse las clases presenciales, en un ejercicio incluyente que haga emerger los mejores acuerdos y con base al consenso permita que funcionen las condiciones y protocolos que garanticen el cuidado de la salud de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

La proximidad del inicio del ciclo escolar 2021-2022 motiva la jornada deliberativa con fundamento en la percepción de la realidad que tiene cada una de las partes, sintiéndose el distanciamiento, por no decir el conflicto, entre los componentes del diferendo. Es esto lo que convoca a la labor conjunta donde cada quien exponga sus temores y razones y éstas resulten descartadas o admitidas a través del cotejo de realidades y de un punto en común: todos deseamos que las actividades lectivas seas normalizadas.

Este día, por ejemplo, los medios de comunicación muestran lo complejo de las posiciones u opiniones respecto al regreso a la escuela. Hugo López Gatell, la máxima autoridad sanitaria federal en lo referente a pandemia, se sostiene en el criterio de que “la educación es actividad esencial, por lo que no debe estar sujeta a restricciones, aun cuando estados hayan declarado alerta epidemiológica; la sección 53 del sindicato magisterial, a través de su dirigente Fernando Sandoval, considera que no ve condiciones para el regreso a las aulas, en tanto el líder del Partido Sinaloense y ex rector de la UAS, Héctor Melesio Cuén, expresa que en este momento es inadecuado implementar clases presenciales y en caso de hacerlo “sería criminal”.

Las instituciones gubernamentales en materia educativa están llamadas a tomar la conducción del diálogo más allá de la postura inamovible del presidente Andrés Manuel López Obrador en el sentido de que “llueva, truene o relampaguee” el naciente ciclo escolar ha de ser en los salones de clases.

En la medida que la Secretaría de Educación Pública y Cultura, en coadyuvancia con sindicatos y organizaciones no gubernamentales, asuma la batuta de la divergencia por el modelo de enseñanza en tiempos de pandemia, será factible trazar medidas que sean respaldadas y respetadas por todos. Actuar en estricto apego a los intereses del gobierno, que en ocasiones se distancian del beneficio general, implica el riesgo de empeorar en lugar de solucionar los problemas.

Al tratarse de la salud de la población infantil y joven que busca en las escuelas la posibilidad de contribuir al futuro con progreso común, nadie puede desestimar la importancia del encuentro de propuestas y estados de ánimo para que sea una ola de aprobación la que indique cómo educar en medio de la devastadora tercera ola del virus SARS-CoV-2 que afecta a Sinaloa.

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