Pesca

Almejeras de Santa Cruz | En Altata las mujeres también pescan

En la Bahía de Altata, una cooperativa integrada por mujeres se abre camino en un sector acaparado por hombres.

Yanett Castro, presidenta de la Cooperativa Almejeras de Santa Cruz. Foto: Talbot Tobin.

Yanett Castro, presidenta de la Cooperativa Almejeras de Santa Cruz. Foto: Talbot Tobin.

“Yo soy de una familia de pescadores, desde mi niñez mis abuelas ya se dedicaban a esto. Soy esposa también de un pescador: soy una orgullosa pata salada”, asienta con satisfacción Yanett Castro, una mujer originaria de la Bahía de Altata y quien ha logrado fundar en esa zona la primera cooperativa pesquera integrada exclusivamente por mujeres: Las Almejeras de Santa Cruz.

Lo curioso es que antes de eso y a pesar de estar inmersa en el mundo costero, ella no se concebía así misma como pescadora, dado que esa actividad sigue siendo característica de hombres; así lo demuestran todas las cooperativas en el estado, en su mayoría compuestas por ellos.

Lo normal es que las mujeres simplemente apoyen a sus esposos, a sus padres, hermanos; eso sí, en familia, pero sin ser parte de alguna cooperativa. A pesar que toda su vida ha trabajado en sacar almejas para su venta, no tenía representatividad, al igual que ninguna otra compañera de la comunidad. Su actividad simplemente era vista como un apoyo familiar; más bien, aceptaba la tradición de haber nacido en la costa y bajo esas condiciones.

Los propios hombres todavía no nos reconocen como pescadoras, todavía en eso de igualdad de género ha sido como muy batalloso y un frente muy difícil de pasar porque cuando se dio lo de nosotros, pensaban que veníamos a quitarles lo suyo, sin darse cuenta que cuando se pelea el derecho de nosotros se está peleando el propio derecho de sus esposas, de sus hijas, de sus hermanas, hasta de sus propias mamás”, expresa.

A eso se sumaba que su actividad recolectando almejas era ilegal porque no contaba con un permiso como indica la normatividad. Yanett relata que las condiciones de vida laboral desde la época de su abuela al presente no han cambiado mucho y que las mujeres que se dedican a la pesca viven en condiciones precarias, ya que a quien les vendían y venden sus productos terminan ganando más que ellas.  

“La otra era que el ganar menos, implicaba ganar menos sin permiso, implicaba ser ilegales sin tener el mismo derecho que los hombres en los apoyos a los pescadores, equipo, despensas, subsidios que en aquel entonces había: a nada de eso teníamos acceso, aunque nos pertenecía también por derecho por pertenecer al propio sector desde siempre y porque ya nos lo merecíamos”, manifiesta.

La presidenta de la Cooperativa Almejeras de Santa Cruz sostiene que si antes no les había dado por organizarse, era por las condiciones de vivir dentro de un sector dominado por hombres, donde la falta de oportunidades tiene que ver más con resistencias culturales, que de índole legal; no lo señala como reclamo, más bien ahora entiende las circunstancias y comprende que esta costumbre añeja se vivía de manera natural en Altata, así como en muchas comunidades pesqueras. Esa brecha implicaba carecer de nociones acerca del funcionamiento de una cooperativa, sin embargo, la realidad es que en ninguna parte está escrito que las mujeres no tengan el derecho a tener una organización de este tipo: pero no lo sabían.

Cooperativa Almejeras de Santa Cruz

Yanett Castro revela que el parte aguas en su vida fue el haberse acercado a la organización civil Environmental Defense Fund de Mexico (EDF de Mexico), quien en 2017 implementaron en el Sistema Lagunar de Altata-Ensenada del Pabellón una serie de programas de capacitación relacionado a temas sustentables y océanos.

En ese momento y a lo largo de un año y medio estuvo adquiriendo habilidades sobre pesca sustentable, medio ambiente, pero también sobre administración.

“Eso fue el gran referente para nosotras para empezar a generar los cambios desde que nos empezamos a capacitar con ellos. Fue como cambiarnos el chip de hacer las cosas, de cómo lo veníamos haciendo de manera natural como lo traíamos de herencia familiar”, explica.

En ese momento fue cuando le surgió la iniciativa de crear una cooperativa pesquera, una integrada por mujeres, donde todas tuvieran las mismas oportunidades al igual que los hombres, porque ella lo que quería a final de cuentas era aportar económicamente a su hogar, a su familia, de la misma manera que lo hace su esposo y los esposos de sus compañeras.

Por otro lado, cuando Yanett impulsó Almejeras de Santa Cruz en Altata al mismo tiempo pensó en todas sus conocidas, mujeres pescadoras de otras comunidades aledañas, incentivándolas para que crearán sus propias cooperativas. Es así como en paralelo con Almejeras nacieron Las Banas Guerreras, en Las Aguamitas y Lobas del Manglar, en Dautillos, las tres organizaciones de mujeres en el el municipio de Navolato, en Sinaloa.

No podíamos ser una sola cooperativa porque pertenecíamos a diferentes comunidades pesqueras pero para mí las tres cooperativas es Almejeras y es como un mismo proyecto, porque siempre he aprovechado todo lo que yo he aprendido para impulsar, ir creciendo juntas, porque es como si yo las representara y cada paso que doy yo, lo doy junto con las otras dos presidentas de las otras dos cooperativas“, justifica.

No obstante, el proceso fue lento y todavía tuvo que enfrentarse a otros obstáculos. Primero porque en un principio ni las mujeres a las que convocó creían en el proyecto, a pesar de ser también pescadoras, no lograban dimensionar los beneficios a los que podrían tener acceso; lo veían simplemente como algo imposible de materializar. Ahí solo recibió un “estás loca tú”, sobre todo porque pensaban que les iba costar mucho dinero, del cual carecían.

Una vez que logró convencerlas y organizarlas decidieron conseguir su permiso ante la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER); sin embargo, todavía faltarían dos años más para poder que su actividad fuera legal. Al llegar a la ventanilla se toparon con el escepticismo de un burócrata acostumbrado a recibir documentación de pescadores hombres.

“Se le hizo extraño y desde un inicio que fuimos a solicitar permiso nos dijeron ‘quién las está sonsacando, esto no puede ser’. Sentí como si me estuvieran ahorcado porque no pude contestar porque en la propia SADER ahí en Culiacán nos habían puesto como, no sé si una trampa, nos cuestionaron todo lo que nosotros estábamos solicitando. Tal vez si hubiera sido hombre hubiera sido otro el resultado, no sé, pero nos cuestionaban toda la documentación y todo lo que traíamos y nos dijeron así: ‘tontas, porque están haciéndole caso a alguien’, lamentó.

Así pasaron dos años metiendo solicitudes, tocando puertas, hubo demasiados obstáculos tornando el proceso muy difícil, mientas que sus documentos solo quedaban embodegados. Yanett comenta que desde 2017 ya se encontraban registradas como cooperativa listas para tener su permiso de pesca y no fue hasta 2019 se las otorgaron.

Ese permiso fue un gran primer logro sin lugar a dudas, considera Yanett Castro, pero los resultados todavía continúan reflejándose de manera pausada. A pesar de ser oficialmente una cooperativa regulada por las autoridades en la materia, las resistencias persisten por parte de los hombres de su misma comunidad. Admite que sus pares ya las reconocen y han aceptado que, en efecto, son una cooperativa, pero en ocasiones no las invitan a las reuniones con los funcionarios de pesca.

“Los propios pescadores dicen, ‘son almejeras, sí las conozco de toda la vida’. Pero yo no sé porque nunca les dio por invitarnos a organizarnos y ayudarnos con los permisos, cuando ellos mismos nos reconocen que sí somos parte del sector pero no nos daban la misma oportunidad de tener esos beneficios”, explica.

Afortunadamente ahora con sus permisos en regla, la cooperativa Almejeras de Santa Cruz se ha hecho de equipo, de acceder a los apoyos anhelados, de una panga con motor, despensas y hasta de empleos temporales.

El enfoque sustentable de Las Almejeras de Santa Cruz

Yanett confiesa que antes de haberse acercado con la organización EDF de Mexico nunca había escuchado el término “sustentabilidad”, pero el interés por ponerlo en práctica fue de inmediato. Esto porque le tocó vivir los tiempos de abundancia en la Bahía de Altata, donde todos capturaban grandes cantidades de productos pesqueros.

Lamentablemente también ha sido testigo de cómo esos recursos naturales han ido disminuyendo, habiendo cada vez menos.

Cooperativa Las lobas del Manglar de Las Aguamitas. Trazando el Rumbo de la Pesca

“De pescar todos en armonía como antes, nos peleamos ahora por los recursos, por los permisos de pesca y esto en vez de traer un bienestar a nuestras comunidades nos está dividiendo cada vez más. Creo que la única forma de enfrentarlo es nosotros mismos y capacitándonos y hacer crecer al sector de manera integral”,  defiende.

Estando cada vez más regulada la extracción de especies marinas por parte de las autoridades explica que si antes sacaba tres cubetas llenas de ostiones, ahora saca dos y por el mismo precio, uno justo.

Si bien ha sido difícil el sostenimiento de una pequeña cooperativa integrada por 9 mujeres, en estos momentos Yanett se siente positiva al encontrar una apertura para trabajar de manera colaborativa con todas las cooperativas de la zona, así como con las dependencias pesqueras federales y estatales.

Comenta que el interés en común ha sido la conservación de la almeja chocolata, originaria del Golfo de California, la cual estuvo al borde de su extinción por haberse practicado una pesca irregular por años en torno a esta especie.

Desde hace algunos años, pescadoras y pescadores, así como un esfuerzo interinstitucional entre Inapesca, Isapesca, Conapesca, Secretaría de Pesca del Estado, el Ayuntamiento de Navolato, EDE de Mexico, entre otras organizaciones, han logrado formalizar acuerdos para el buen manejo de los recursos de la región. Entre sus principales consensos ha sido la de imponer una veda de dos años sobre dicha almeja en todo el Sistema Lagunar Altata-Ensenada del Pabellón, acuerdo publicado incluso en el Diario Oficial de la Federación.

“Ya tuve el gusto de tener una hija que no conocía la chocolata y que hoy la conoce y que si hay un proceso de recuperación en Altata es porque le hemos estado poniendo toda el alma y el corazón porque esto ha sido de manera voluntaria, nadie nos paga por hacer esto”, comparte.

Cooperativa Banas Guerreras de Dautillos.
Cooperativa Almejeras de Santa Cruz. Bahía de Altata.

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