Política

Que sea iniciativa ciudadana la reforma al INE y TEPJF | Aquí no meta las manos, presidente AMLO

López Obrador quiere más: desvanecer en lo posible la gruesa línea que la Constitución establece como división de poderes del Estado mexicano.

Tendría que proceder de la sociedad civil, guiada por los expertos y liderazgos confiables, la iniciativa que persevere en sostener firme y progresista, “llueve, truene o relampaguee”, la naturaleza autónoma de instituciones cuya independencia resulta fundamental para la democracia y el respeto a las garantías constitucionales, así como defender la sana distancia entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Esto en razón de que el presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en ajustar a sus intereses y reglas personales el funcionamiento del Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, lo cual significaría la infortunada involución a la práctica política en la cual los mandatarios federales y estatales cristalizaban vocaciones autoritarias al alzarse como poder único, omnipresente, por encima de leyes, derechos y voluntades populares.

Con el control del Poder Legislativo y maniobrando sin tregua en tener como seguro servidor a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, López Obrador quiere más: desvanecer en lo posible la gruesa línea que la Constitución establece como división de poderes del Estado mexicano.

“Están muy mal, tanto el INE como el TEPJF. Vamos a plantear cambio completo, una renovación tajante. No se puede con lo mismo. No son demócratas, no les gusta la voluntad del pueblo. No aplican que por encima de la ley nadie. Tiene que haber un cambio, no es un asunto personal”, dice el presidente.

Siendo su ascenso al gobierno nacional el fruto más acabado del sistema de organización y defensa en materia electoral, le estorba el hecho de que el INE y el TEPJF se resistan a someterse a sus dictados. Nada le importa que el esquema de libertades sea alterado para regresarlo a los tiempos en que Francisco I. Madero convocó en 1910 a una revolución con la bandera de “sufragio efectivo, no reelección”.

Poner los procesos electorales en manos de órganos públicos habilitados con plena autonomía sigue siendo una tarea de largo aliento en México. Los avances registrados con muchos esfuerzos como el pluralismo político, la alternancia en los gobiernos y la paridad de género, deben perfeccionarse conforme lo demandan los tiempos nuevos, pero sin retroceder ni un ápice hacia instituciones secuestradas por políticos que añoran la época porfirista. Aquí no, así no, presidente López Obrador.

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