Derechos Humanos

Román Rubio, el arrullo Tarámari

Su trabajo ayudó a formar un movimiento importante con el Colectivo Tarahumara Sinaloense, tanto que se logró instalar clínicas con brigadas sanitarias mensuales, escuelas indígenas y la contratación de maestros bilingües.

Román Rubio López conoció a los Tarámari 30 años antes de haber sido asesinado.

Un hombre que se convirtió en su amigo le habló de hombres y mujeres que viven en la Sierra Madre Occidental entre chozas y cuevas para tratar de sobrevivir.

Le contó de que allá arriba solo se tiene maíz, nopales y frijoles para poder comer, más todos aquellos animales que se pueden cazar y el agua de los ríos para beber. No más.

Eran historias de de una situación que hoy permanece, aunque ya no solo lo sabe Román, sino miles de personas después de fundar el Colectivo Tarahumara Sinaloense.

Hay poco estudio antropológico sobre ellos, solo el Colectivo, la delegación del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas y académicos del Estado de Chihuahua han elaborado informes en los que se establece con datos difusos que ellos llegaron hace alrededor de 30 años.

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Son parte de un desplazamiento de personas Tarahumara que se trasladaron hacia Sinaloa en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Román Rubio era profesor de secundaria, pero tomó la decisión de ser también un explorador para conocer más de ellos, una curiosidad que lo hizo aprender de otras culturas como la Yoreme.

Subió a pueblos como Cuitaboca, Alisos de Olguín, Cañada Verde, Jikapory y en El Cochi. Ahí hay todo un pueblo que oficialmente no existía para las autoridades.

Las visitas fueron constantes y decidió hacer colectas en cruceros de Guasave y Sinaloa de Leyva, así sumó a mujeres y hombres interesados en ayudar con víveres y ropa a las comunidades Tarámari.

Su trabajo ayudó a formar un movimiento importante con el Colectivo Tarahumara Sinaloense, tanto que se logró instalar clínicas con brigadas sanitarias mensuales, escuelas indígenas y la contratación de maestros bilingües.

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Al Profesor Román Rubio le costó plantones, manifestaciones y decenas de reuniones con funcionarios para lograrlo. Y sucedió.

Su peso social lo ganó a pulso y las puertas de dependencias públicas tenían menor resistencia ante su presencia. Era también un político, que creía en los derechos humanos como algo de todas las personas.

“Acaso los Tarámari no son sinaloenses”, reclamó el 27 de septiembre de 2020, al exigir maestros bilingües en la explanada de la Secretaría de Educación Pública y Cultura de Sinaloa.

La noche del 20 de julio de 2021 el Profesor Román Rubio fue desaparecido. Un día después se le encontró asesinado en una de las riberas del río Sinaloa, en el malecón de la ciudad Sinaloa de Leyva.

Su caso causó eco en el País, tanto que la Presidencia de la República se pronunció, aunque ello solo quedó ahí, mientras que la Sierra sigue llorando su ausencia.

SEMBRARON LUCHA, AHORA SON SEMILLAS DE CONSCIENCIA

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