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Afganistán, 40 años como instrumento de potencias extranjeras

“A las mujeres se les permitirá trabajar y estudiar y serán muy activas en la sociedad, pero dentro del marco del islam”, fue la primera declaración pública talibán, aunque ante la mirada incrédula de las mujeres civiles de aquel país.

Foto: BBC

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Para los afganos civiles más longevos y la atención internacional la historia se repite en Afganistán. Luego que el país proclamó su independencia de Inglaterra en 1919, la inestabilidad política provocada entre las mismas etnias afganas y la intromisión de diversos países no han permitido su desarrollo pleno en la región.

Ahora con la toma de Kabul el pasado 15 de agosto por parte de los Talibanes, fotografías de archivo inundaron las redes sociales tratando de encontrar paralelismo entre el pasado y el reciente acontecimiento. Los videos muestran caos ante el vacío de poder dejado por la retirada de las tropas estadounidenses y su equipo diplomático y el consecuente desmantelamiento del gobierno central afgano simbolizado por la huida de su presidente.

La opinión internacional advierte un retroceso principalmente en los derechos humanos de la niñez y mujeres, quienes tras estos últimos 20 años habían podido acceder –de nueva cuenta-  a la educación y a trabajar.

El estereotipo talibán con sus atuendos tradicionales, pelo y barba larga y metralleta que se hizo mundialmente mediático tras el atentado terrorista de las Torres Gemelas en 2001 no siempre tuvo una connotación negativa y de actitudes bárbaras. Cuando uno observa videos y fotografías del Afganistán de mediados de los sesentas, los jóvenes de hoy no creaerían que se trata de un país envuelto en el desastre como lo muestran los medios de comunicación.

Manifestación de mujeres en Kabul

En esa década el país de Asia central trató de abrirse a la globalización durante el reinado de Mohammed Zahir Shah promulgando su primera constitución bajo postulados occidentales. Las características positivas que se reflejaron de manera inmediata fue en el tema de los derechos civiles, principalmente de las mujeres quienes  podían votar, estudiar una carrera universitaria, no tener restricción en su vestimenta, transitar por la calle sin compañía de algún hombre e incluso ir al cine.

Sin embargo, el experimento no dio los frutos esperados. La realidad es que las buenas intenciones contrastaron con una población diversa que no lograba su homogeneización derivado de fuertes cacicazgos que se fortalecían con el tráfico de armas y heroína. Durante una fuerte crisis económica, el cuñado del rey Shah dio un golpe de Estado en 1973, si bien su gobierno continúo la política económica del libre mercado, su modo de gobierno autoritario principalmente contra la tradición islámica provocó un malestar social.

Este periodo de turbulencias se convertiría en escenario de la Guerra Fría, que por aquellos años, se encontraba en su máximo esplendor. Para 1978 Afganistán vivió la Revolución de Saur, una revuelta comunista afgana liderada por el Partido Democrático Popular, quienes habían sido suministrados de equipo militar por los soviéticos.

Este efímero régimen socialista también trató de impulsar la igualdad de derechos entre mujeres y hombres en el ámbito civil y hasta se prohibió el cultivo del opio. No obstante, al estar más influenciados por las normas soviéticas, Estados Unidos, a través de la CIA, comenzó a armar a afganos opositores al gobierno comunista, en su mayoría islámicos fundamentalistas autodenominados muyahidines, descendientes de los actuales talibanes.

Los muyahidines, combatientes yihadistas de Afganistán, recibieron ayuda militar estadounidense para oponerse a la invasión soviética.

La Guerra Fría no solo se desarrollaba mediante intervenciones bélicas en países tercermundistas, era parte de toda la cultura de esa época, era un mundo bipolar, donde incluso el actor Sylvester Stallone protagonizó en Rambo lll un oficial estadounidense que apoyaba a los muyahidines contra los rusos. En el tema de la carrera espacial en la década de los setenta también se estrenaban películas de ciencia ficción como Odisea del espacio 2001 de Staney Kubrick y Solaris de Andrei Tarkovski.

Al encontrar fuertes resistencias  por parte de los muyahidines, el gobierno socialista afgano solicitó la intervención militar soviética generando una guerra civil que se prolongaría hasta 1992. Para la Unión Soviética aquel episodio significó un desgaste económico, factor que contribuiría a su desaparición en 1989.

Tras la retirada de las tropas rusas, al igual que como se observó el pasado 15 de agosto con las tropas estadounidense, los talibanes no encontraron mucha resistencia tomando el poder de nueva cuenta.

Foto: diariojornada

Ante la mirada escéptica de las potencias mundiales, hace unos días los militantes islamistas llevaron a cabo su primera rueda de prensa, donde medios internacionales como BBC y Al Jazeera lograron acceder al encuentro frente a la nueva realidad afgana para comunicar al mundo el plan de gobierno talibán.

“A las mujeres se les permitirá trabajar y estudiar y serán muy activas en la sociedad, pero dentro del marco del islam”, fueron sus primeras iniciativas, aunque ante la mirada incrédula principalmente de las mujeres civiles de aquel país.  

Las palabras del portavoz talibán Zabihullah Mujahid se centró en lanzar una amnistía a toda clase de opositor político en nombre de la “estabilidad” de Afganistán. Durante su discurso se subrayó la necesidad y el interés del Gobierno en “no tener enemigos internos ni externos”.

Este primer intento de diálogo por parte de los fundamentalistas fue en el sentido de proyectar una imagen moderada, pues hablaron de paz, prosperidad y respeto a las mujeres; sin embargo, muchas de ellas se han enfrascado en un encrucijada diplomática por huir de su país al no ver garantías a lo expuesto por los talibanes.

Equipo diplomático estadounisense huyendo de Afganistán.

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