Seguridad

Penal de Aguaruto: Esto es lo que hay

El problema elemental es el autogobierno hecho por el Cártel de Sinaloa, que pone y dispone de los centros penitenciario como si fueran espacios de departamentos y refugios donde se puede seguir delinquiendo.

La noche del 18 de septiembre de 2021 hubo una fiesta al interior del penal de Aguaruto, donde hubo cervezas, otras drogas y armas de fuego. Terminó mal, con la muerte de tres personas.

Esto, sin embargo, no es algo nuevo.

En marzo de 2017 se registró la fuga de cinco reos, entre ellos Juan José Esparragoza Monzón, hijo de Juan José Esparragoza Moreno, ‘El Azulito’, quien días antes tuvo fiestas, de acuerdo con testimonios recogidos para diario Reforma.

Familiares de presos del penal de Culiacán revelaron al medio que la noche previa a la fuga hubo una fiesta entre los módulos 7 y 5 del reclusorio, los cuales, según los internos, están “gobernados” por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada.

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Previo a la fiesta se había hecho el cambios en algunos módulos en el penal, porque se estaban agrupando los presos afines a Iván Archivaldo Guzmán e Ismael Zambada.

“Yo le pregunté a mi hijo que por qué lo habían cambiado y por qué había dejado sus cosas en el otro módulo y él me dijo que eran órdenes de alguien pesado, entonces yo le dije que me dijera quién para yo decirle, y me dijo que era de fuera, que había sido (Iván) Archivaldo”, dijo una mujer que solicitó el anonimato en aquel momento.

Los presos de los módulos 5 y 7 comenzaron una fiesta con distintos tipos de drogas, cerveza y música con alto volumen, y después comenzaron a gritar amenazas dirigidas a personas dentro y fuera del penal.

Incluso, se habría suscitado un conato de violencia que fue detenido por los custodios que estaban a cargo.

“Me comentó mi esposo que había hombres que se querían trepar de las bardas para pasarse a los otros módulos, que hablaban de que se irían contra unas 30 o 40 personas”, dijo una señora.

De acuerdo con fuentes de Seguridad Pública, entre los internos circuló el rumor de que se buscaba crear un enfrentamiento al interior del penal de Culiacán, y que por ello debía evitarse cualquier situación que los pusiera en peligro.

Ese rumor llegó también fuera del penal, de tal forma que cuando ocurrió la fuga de Esparragoza Monzón y cuatro personas más del Cártel de Sinaloa, se confirmó que fue creada una riña previo al escape.

Los presuntos delincuentes salieron por la puerta principal, según reconoció el Gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel. Aunque luego acusó que hubo complicidad de autoridades.

Los cinco reos fugados gozaban de privilegios especiales en el Penal de Aguaruto: Se encontraban en celdas especiales con baja seguridad y mayores dimensiones que las otras, contaban con pantallas planas y hasta sala en sus dormitorios, podían hacer uso de celulares, había consumo de alcohol y drogas, disponían de horarios abiertos para visitas y podían permanecer afuera de su celda sin limitaciones.

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La coladera

En 12 años se han escapado 87 presos en 12 casos de fugas, de acuerdo con datos de la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa otorgados por transparencia.

En el oficio SSP/04245/2018, del cual ESPEJO tuvo acceso, se informó al Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social de la Comisión Nacional de Seguridad, las deficiencias y la vulnerabilidad que enfrenta la cárcel estatal.

Prueba de ello, se expuso, es que desde 2010 a 2018 se habían registrado tres intentos de evasión, 10 fugas y 32 evadidos.

Sobre el Centro Penitenciario ‘Aguaruto’ de esta ciudad pueden señalarse múltiples circunstancias que revelan no sólo su vulnerabilidad, sino también las condiciones idóneas que le caracterizan y que imposibilitan para cumplir la finalidad de la pena de prisión, y aún de la prisión preventiva”, se indicó en el documento enviado en mayo pasado a la Consejo Nacional de Seguridad.

En él se protagonizan constantemente incidentes que trastocan la seguridad, como lo son, entre otros, riñas, homicidios, supuestos homicidios y fugas”.

La carta sirvió de nada. La intención de la Secretaría de Seguridad Pública era evitar traslado de reos federales, catalogados como de alta peligrosidad

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Se han gastado millones

La fuga de “El Azulito” provocó que el Gobierno de Sinaloa comenzara a realizar inversiones millonarias para reforzar la seguridad y evitar delitos, como la compra de inhibidores para señal de telefonía, tras detectarse que desde el penal se realizan llamadas telefónicas para cometer actos ilícitos.

Las autoridades estatales asignaron un contrato por 4 millones 200 mil pesos para la adquisición de un sistema inhibidor para las cárceles de Culiacán y Mazatlán.

Posteriormente, se hizo la instalación de videocámaras conectadas al Centro Estatal de Comando, Control, Comunicaciones, Cómputo e Inteligencia (C4i).

Se contrató también a una empresa externa para que revisara si había o no túneles para posibles escapes.

Por último, se hizo la construcción de un módulo de máxima seguridad dentro del Penal, a través de una adjudicación directa con la empresa P&M Construcción y Urbanización, S.A. de C.V. El costo de la obra fue de 41 millones 183 mil 067.01 pesos, pues esta incluyó las áreas para los internos, un centro de videovigilancia y sistemas de telefonía, televisión y control remoto coordinado con C4i.

El militar Fermín Hernández Montealegre, quien entonces era Secretario de Seguridad Pública del Estado, señaló que mientras se tenga la posibilidad de corromper al personal de seguridad interna, el penal seguirá siendo vulnerable pese a todas las compras que se puedan hacer.

“Se construye un área con mayor control, con videovigilancia y con espejo en C4 hasta ciertos puntos; sin embargo, a pesar de toda esa estructura, la estructura física, que está adecuada para que no se escape nadie, la falla la tenemos en el factor humano”, expresó el general experto en inteligencia.

Autogobierno histórico

Saskia Niño de Rivera, activista experta en el Sistema Penitenciario en México y cofundadora de la organización civil Reinserta, señaló que lo vivido el 18 de septiembre es el resultado histórico de la desatención de este y cualquier otro penal en México.

Los centros penitenciarios son bombas de tiempo. El abandono y descuido del sistema penitenciario, la falta de entendimiento de estos sobre que son un eje elemental de seguridad es un riesgo en específico, pareciera que no lo entienden”, dijo Niño de Rivera.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha planteado que los penales en Sinaloa tienen deficiencias necesarias de atender, recordó la activista.

El problema elemental, prosiguió, es el autogobierno o cogobierno de bandas criminales.

Esas bandas ponen y disponen de los centros como si fueran extensiones de las mismas o espacios de departamentos y refugios donde se puede seguir delinquiendo.

Para muestra, la Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública en Sinaloa (CESP) documentó que desde 1999 hasta 2020 se han fugado 111 personas del penal de Aguaruto. La mayor fuga se dio el 17 de octubre de 2019 con 49 personas, de las cuales dos decidieron regresar.

La administración estatal con el récord de fugas es la de Quirino Ordaz Coppel, con 55 reos.

En el mismo periodo de 2019 a 2020 se reportaron 71 asesinatos al interior del penal. Si se agregan los últimos tres, la cifra crece a 74. También se aseguraron 68 armas. El mayor número de aseguramientos ocurrió en 2008 con 21 armas.

Sinaloa tiene centros penitenciarios con deficiencias en seguridad como las que vimos en días recientes, como las que vimos en el Culiacanazo“, señaló Ricardo Jenny del Rincón, Coordinador general del CESP.

Quizás lo peor no son la deficiencias de infraestructura, hay otro tema que tiene relevancia importante: la falta de reinserción social.

Los centros penitenciarios tienen como objetivo, según su creación, en ser lugares para que quienes cometieron delitos busquen reinsertarse.

Ahí deberían estar aprendiendo oficios y estudiando para prepararse en cualquier otra área, con el fin de que no vuelvan a delinquir. La realidad es más cruda.

En preguntas hechas con solicitudes de información a la Secretaría de Seguridad Pública se dio a conocer que para las mujeres solo hay la oportunidad de aprender costura, cocina y manualidades, mientras que los hombres la dependencia no contestó.

Otra dificultad para quienes están viven dentro del penal es que lo que hacen o hagan no les rendirá fruto, pues no hay un solo convenio con empresas para que compren o vendan sus productos.

“No hay programas efectivos de reinserción social, son internos que están cubriendo una sentencia y muchos de ellos ni siquiera tienen una sentencia”, señaló Jenny del Rincón.

El penal de Culiacán es solo una muestra del sistema penitenciario estatal, con problemas al interior que no son vistos fácilmente, salvo cuando hay riñas y asesinatos como lo ocurrido el 18 de septiembre.

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