Salud

¿Cuánto cuesta tu salud mental? (2)| ¿Por qué Teresita dejó la academia?

Irma Teresita tuvo depresión y tres intentos de suicidio, en su búsqueda de apoyo encontró el camino a ser activista

Por Alexandra Figueroa y Marcos Vizcarra

Irma Teresita Aguilar actualmente es una activista Pro Salud Mental y es voluntaria en Sinaloa de la Organización INGENIUM . Al revisar sus redes sociales se observa su compromiso en brindar información para prevenir y tratar problemáticas relacionadas a la Salud Mental.

Cualquiera podría pensar que es su especialidad, la profesión que tomó desde muy joven, pero no. Es Maestra en Ingeniería, especializada en Recursos Hidráulicos, así como consultora ambiental y civil.

Antes de contar su historia, es necesario saber que es una mujer preocupada por la sociedad ante la crisis social y ambiental por la sequía prevista desde personas expertas en el ramo. Justo eso estaba investigando antes de ser activista.

¿Qué la llevó por este camino? ¿Qué la hizo dejar la academia?

En la primera parte de ¿Cuánto cuesta tu salud mental? se explicó los costos monetarios que implica el recibir un tratamiento psicológico o psiquiátrico, y como muchas personas no tienen el recurso necesario para acceder a este estado de bienestar. Sin embargo, los problemas de salud mental no solo tienen un costo económico, también social, familiar y en muchas ocasiones las personas deben hacer a un lado proyectos profesionales.

Esto último le ocurrió a Teresita, tal vez la presión de realizar su doctorado llegó a afectar su salud metal o se podría decir que su salud mental evitó que ella pudiese culminar este proyecto.

En 2011, Teresita comenzó su investigación para obtener un doctorado en la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), becada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Fue un amigo suyo de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) quién la encaminó al asesor de tesis, Carlos Agustín Escalante Sandoval.

La investigación de Teresita trató en un principio en medir el impacto socioeconómico de la sequía en Culiacán, un estudio aún inédito. Sin embargo, denunció que poco a poco su asesor de tesis fue cambiando la dirección de su investigación hasta que ni ella misma la reconocía.

Irma Teresita aseguró que ella llegó a recibir acoso intelectual y chantajes por parte de su asesor. La relación entre un director de tesis y el investigador debe ser estrecha como “un matrimonio”, mencionó, pero la realidad es que esta persona dejó de mantener comunicación con ella y siempre la vio como “la recomendada de CONAGUA”.

“Pero en el transcurrir del semestre, me encontré que con él ya no había una comunicación y sobre todo ya no existía una fluidez ni una aportación en la investigación. No hubo una retroalimentación”, dijo.

“Me encontré con un acoso intelectual porque me comparó con otros estudiantes. No se vale el chantaje ni la presión de una beca. Mis becas eran mis ingresos como mi salario, también él me acusaba de eso, me decía que nomás había ido por la beca, que si nomas estaba en Ciudad de México paseándome, o sea, hubo mucho acoso de su parte hacia mi persona”, agregó.

Fue así como la carga de estrés y desilusión se fue acumulando poco a poco.

Narró que fue a los dos años de investigación, la mitad de los años de los acordados con CONACYT, cuando se enteró que podía cambiar de asesor, y así lo hizo, buscó un nuevo comité de evaluación, pero decidió modificar su enfoque, comenzar una nueva investigación con solo dos años restantes de la duración de la beca, una tarea difícil.

En septiembre del 2013 Teresita pasó por uno de sus declives emocionales: la directora del programa de becas, Susana Ramírez le informó que su primer asesor le dio una mala evaluación, por lo que CONACYT podría quitarle la beca.

Con esa información rondándole la mente viajó a Sonora a reunirse con su nuevo director de tesis, y es ahí cuando todo ese estrés le cobró factura con un ataque de pánico.

“Ver que lo que él me estaba planteando para hacer nuevamente una investigación era algo que yo ya había visto, había leído ese artículo y sabía quiénes eran los autores. Pero no era lo que yo quería, había perdido el interés. Ya estaba agotada, estaba en depresión. Un ataque de pánico es una acumulación de mucha ansiedad, mucho estrés y mucha presión”, expresó.

La situación no era menor y a esto se agregó otro factor: recién había terminado una relación amorosa que tuvo con un hombre llamado José Antonio Quintero, un político destacado en el PRI que conoció por una cercanía con el entonces senador sinaloense Aarón Irízar López.

La relación no era solo casual. Teresita sabía que el senador podía ayudarle a a lograr tener mayor contacto con personas expertas por su posición en el Senado como presidente de la Comisión de Recursos Hidráulicos. En un inicio lo logró, pudo llegar a científicos de alto rango y nivel académico.

En medio de todo eso estuvo Quintero, quien le buscó interesadamente y se colocó frente a ella con una situación de poder, para llegar al senador había que pasar por él por ser el uno de los asesores principales del priista.

Así Quintero se impuso y ambos sostuvieron una relación que se acabó al mismo tiempo en que Teresita pasaba por sus conflictos más graves en su doctorado. El hombre se fue de Ciudad de México y costó su comunicación con ella. Él se vino a Sinaloa se casó con una mujer con quien también sostenía una relación y se instaló en la Comisión Nacional del Agua, donde en 2018 lo nombraron como secretario técnico del organismo en el Pacífico Norte.

Tanta incertidumbre, soledad y ansiedad que corría dentro de sí la hizo intentar quitarse la vida. Eso la llevó a terapia.

Fue el 15 de octubre, día de su cumpleaños, cuando decidió darse de baja debido a todo el estrés y cansancio mental que tenía. Era una de las recomendaciones psicológicas y médicas.

Ella estuvo en depresión crónica por tres años, desde 2012 al 2014.

“Logro a base de mucho esfuerzo recuperarme en el verano del 2014. Voy a natación con mi mamá, voy a danza terapia, voy poco a poco haciendo nuevas amistades, recobrando”, dijo.

Llegó 2015, la situación parecía mejorar, pero recibió un golpe muy fuerte a la estabilidad que estaba ganando. La Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) anunció que demandaría a todos los estudiantes del programa Jóvenes Doctores que no hubieran terminado su doctorado. Entre ellos estaba Teresita.

“Nuevamente se me va a la ansiedad al tope”, exclamó.

Teresita ya presentaba depresión, alucinaciones auditivas y algunos indicios de ansiedad del sueño.

Acudió de nuevo a Ciudad de México a hacer gestiones en CONACyT para exponer su situación y acudió a la UNAM a dar su baja definitiva por salud mental por recomendaciones jurídicas. Esos documentos le habrían evitado un colapso peor.

“Yo por salud mental ya no era correcto que regresara a la academia, ya había sido mucho. No hay ninguna cláusula que diga que pasa si se presenta un caso de problema de salud mental, tampoco lo tiene el programa de jóvenes doctores”, expresó Irma.

Vivió mucho tiempo en la duda de no haber podido conseguir su doctorado debido a incapacidad intelectual.

“Vivo todo el semestre de 2015 esa ansiedad de gestionar que se cerraran esos dos ciclos. Nuevamente vuelvo a seguir con mi vida. En el 2018 vuelvo a vivir una situación y caigo en depresión”, mencionó.

En su cabeza resonaron decenas de preguntas, casi todas sobre lo mismo, sobre si no era capaz, si tenía un problema intelectual, si había cometido errores, por qué a ella le pasó todo eso, qué hizo mal, por qué se quedó sola. Ansiedad pura.

Fue así que durante este tiempo, Teresita tuvo tres intentos de suicidio.

Al regresar a Culiacán, tuvo que sobrepasar los cuestionamientos de la sociedad, amigos, y familiares, y la desinformación que hay respecto al tema de la salud mental.

“El que me preguntaran ¿Por qué no lo vuelves a intentar? ¿Por qué no buscas trabajo?. Hoy lo sé, no son las palabras correctas cuando alguien tiene depresión”, mencionó.

Dijo que después de esto y durante la búsqueda de apoyo en instituciones gubernamentales y no gubernamentales, descubrió las diferentes deficiencias que hay en el Estado para atender esta problemática y fue por lo que en 2021 decidió encaminarse al activismo.

“En mi crisis (…) me doy cuenta y miro que la sociedad sinaloense no tiene respuestas, ni las instituciones de salud pública”, mencionó.

Su trabajo está enfocado en ayudar a otras personas a encontrar la información y apoyo necesario para poder sobrellevar una enfermedad emocional o mental y que no lleguen a una crisis tan alta que conlleve al suicidio.

Y eso lo hace ahora no solamente por aquellas situaciones que la tuvieron al borde, sino porque también se dio cuenta que en todo este camino hubo y hay personas que la acompañaron, entre ellos Rafael Sanz Ramos, ex director general de la cuenca Pacífico Norte de Conagua, quien la defendió ante todas aquellas personas investigadoras que la cuestionaron.

Vio en Teresita un pilar importante, tanto que le ha hecho saber que ella debió ser directora del organismo por su capacidad, conocimiento y entereza.

También en esta historia hay otro nombre citado por esta mujer, se trata de Alfonso Carlos Ontiveros Salas, ex director jurídico de la UAS. Su caso no se llevó a tribunales porque fue el único abogado que le creyó y vio su salud mental como un hecho que debe considerarse como causa.

“En la academia todo es cuadrado, quieren que seamos como robot, por eso no toman en cuenta la salud mental de los maestrantes, de los doctores”, aseguró Teresita.

Ya no está en la Academia, aunque sea una experta. No llegó a algún puesto dentro de CONAGUA, aunque su nivel lo amerite. Está mejor, lejos de todo eso que la llevó al borde de sí, a pensar que no era buena en lo que hacía y estudiaba, está ayudando a más personas a luchar contra el dolor mental, un trabajo difícil ante tanto acoso y presión social, laboral y sexual. Teresita está aquí.

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