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Adiós armas de juguete, un regalo a nuestros infantes a dos años del ‘Culiacanazo’

Hace dos años los culichis nos dimos cuenta. Pero, complicadas como son, no podemos terminar nuestra profunda y tóxica relación con las modas, los modos y concepciones del crimen organizado. Como siempre, el ingredientes más necesarios es la determinación de nuestras autoridades y fiscalía en los ámbitos de seguridad y justicia… pero sobre todo la atención a las necesidades psíquicas y materiales de los más vulnerables por parte del estado.

Pistola de juguete. FOTO:

Pistola de juguete. FOTO: "toy gun" por jontintinjordan is licensed under CC BY 2.0

Hace dos años los culichis nos dimos cuenta: el crimen organizado se cuida a él mismo y no dudará en pasar por encima de las vidas de toda una ciudad.

El 17 de octubre del 2019, la ahora conocida como Batalla de Culiacán abrió los ojos a un fenómeno cultural que, de manera cotidiana, muchos culichis preferimos no ver.

Tanto a nivel institucional como ciudadano, el discurso ante temas como el creciente número de desapariciones forzadas, la explosión en las denuncias de violencia intrafamiliar y en general el incremento de las violencias de género en la entidad no han sido suficiente para que como sociedad y gobierno nos levantemos del letargo que nos hace, todos los días, rehenes y víctimas del crimen organizado.

A dos años de aquel día, la Comisión Estatal de Atención Integral de Víctimas (CEAIV) señala que, por su parte, se atendieron cuarenta y cuatro casos de personas afectadas: tres personas fallecidas, cinco personas lesionadas, cinco autos robados, veintinueve carros dañados y dos locales comerciales afectados. Asimismo, indica que durante ese día se reportaron 19 bloqueos, 14 enfrentamientos, centenas de balas disparadas y 13 personas asesinadas, entre ellos víctimas civiles, elementos de la Guardia Nacional y el Ejército.

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Pero lo más lamentable, añade el organismo, es que además de no haber un solo detenido a la fecha, el fenómeno no ha sido plenamente dimensionado.

Por otro lado, lejos quizá de las experiencias de terror que se viven en la entidad, la industria del entretenimiento ha transformado al narcotráfico en un producto cultural más, con la respectiva influencia que música, moda, series y películas, y en sí toda la producción cultural creada a partir de los símbolos del crimen organizado, genera en innumerables mentes infantiles que ante su desamparo y pocas expectativas de movilidad social siguen viendo en el tomar un arma su mejor perspectiva para una vida, quizá corta, pero ‘bien vivida’.

“Lo empezamos a ver como normal, el exceso de ciertos objetos de consumo, el objeto de deseo, el despilfarre. Aparece aquí la narcocultura, un conjunto de acciones y prácticas sociales vinculadas al narcotráfico”, sostiene al respecto la académica Anajilda Mondaca.

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En economía, a esta situación se le llama externalidad, y consiste en las consecuencias no calculadas que una política pública, inversión o proyecto productivo genera en cierto ámbito. En este caso la externalidad negativa generada a partir de las ganancias de este sector es el insertar en las mentes infantiles una idea equivocada de lo que significa trabajar para el narcotráfico.

Es en este contexto en el que, durante la semana que acaba autoridades municipales y comerciantes del centro de Culiacán acordaron retirar la venta las armas de juguete y aditamentos alusivos a la violencia.

Óscar Sánchez Beltrán, dirigente de la Unión de Locatarios del Centro de Culiacán, dijo que la decisión busca generar un ambiente de tranquilidad para que este 31 de octubre no se presenten incidentes como en años pasados.

“El día de hoy nos hemos puesto de acuerdo en lo que es positivo para Culiacán y es no fomentar la cultura de la violencia, estamos retirando de nuestros negocios armas de fuego, como armas cortas, rifles, cuchillos y calcomanías alusivas a lo que es la violencia”, añadió.

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La acción se enmarca en los festejos de Halloween que, tradicionalmente, muchos jóvenes culichis festejan saliendo disfrazados, en grupo y, en no pocas ocasiones, haciendo alusión o apología a figuras del narcotráfico y el crimen organizado.

Pero, por su cercanía a la fecha, la decisión no se puede desmarcar del segundo aniversario del llamado ‘Jueves Negro’. Sobre todo cuando en días recientes medios de comunicación nos han recordado como el crimen organizado se mantiene activo con la destrucción de cámaras de videovigilancia, múltiples enfrentamientos en sindicaturas como Tepuche y la movilización de góndolas cargadas de jóvenes armados, vulnerable carne de cañón alineada a los objetivos de unos cuantos señores de la droga, durante los últimos días.

Así el retiro de armas de juguete del centro de Culiacán son una herramienta simbólica que, poco a poco y si se amplía y continua con este tipo de acuerdos, podrá ir generando un cambio de mentalidad entre los culichis, pero solo en el mediano y en el largo plazo.

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Para dejarlo más en claro podemos lanzar la siguiente pregunta:

¿En qué les conviene a los comerciantes del centro de Culiacán el dejar de ofrecer armas de juguete en sus comercios?

Quizá el beneficio no es inmediato, pero para ilustrarlo con ironía podemos responder haciendo referencia a todas aquellas historias en las que un negocio ha sido asaltado precisamente con una de estas armas.

Pero lo cierto es que, como una vez dijo el economista John Maynard Keynes, “en el largo plazo todos estaremos muertos”.

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Es por eso que además de este tipo de acuerdos, el ingrediente más necesario para el combate a la violencia sigue siendo la determinación de nuestras autoridades y fiscalía en los ámbitos de seguridad y justicia más allá de la atención a los crímenes patrimoniales, pero sobre todo la atención a las necesidades psíquicas y materiales de los más vulnerables por parte del estado.

Y sí, el dejar de ofrecer armas de juguete es un acto de buena voluntad, pero no olvidemos que el bienestar social y seguridad de una población sigue siendo la primer responsabilidad de sus representantes.

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