Ciudadanía

El conflicto de los trabajadores de la salud pública, síntoma de una enfermedad grave

En los hospitales y centros de salud se acumula gente que sin mediar examen de aptitud fue asignada por tráfico de influencias o parentescos; a los que en verdad trabajan se les estigmatiza por no entrar al modelo del esfuerzo mediocre o nulo.

Las movilizaciones realizadas ayer en cinco municipios por los trabajadores de la salud pública no basificados, tienen la utilidad de exponer la crisis laboral en este sector que da pauta a que el gobernador Rubén Rocha Moya impulse la revisión minuciosa que aporte el diagnóstico fidedigno y una vez estudiado el problema proceda a las soluciones al tratarse del área estratégica para el bienestar de los sinaloenses.

El sistema estatal de salud pública está enfermo de simulación, corrupción y burocratismo. Los síntomas de plazas laborales asignadas por méritos políticos y no por capacidad y vocación, liderazgos sindicales que se entronizan durante años para atender fines particulares, trabajadores con un cúmulo de privilegios que los distancian de la atención a la población, y actos de rapiña en contra del erario, son algunos de las dolencias que al no ser atendidas a tiempo hoy desencadenan males mayores.

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En los hospitales y centros de salud se acumula gente que sin mediar examen de aptitud fue asignada por tráfico de influencias o parentescos; a los que en verdad trabajan se les estigmatiza por no entrar al modelo del esfuerzo mediocre o nulo, el exceso de médicos y enfermeras ocasiona que se complique el servicio a la gente y el déficit de medicinas de prescripción ordinaria denuncia la huella de corrupción.

Mientras tanto, el personal no basificado que sí trabaja y cumple con la responsabilidad social se le margina en los sindicatos y recibe remuneraciones y tratos indignos.

Se trata de un monstruo enorme y peligroso que involucra a dirigentes sindicales y políticos que convirtieron el sistema de salud pública en negocio particular, agencia de colocaciones o caja chica. Por lo tanto, el esfuerzo de investigación y corrección debe ser más grande que el fenómeno a atacar, mostrando la fuerza de las instituciones para que éstas no sucumban otra vez frente a las tentaciones y ambiciones en juego.

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Tampoco se debe dejar toda la labor de reordenamiento a cargo de la Secretaría de Salud porque ello implica el riesgo de reeditar en lugar de abatir los sistemas de clientelismo y cooptación que originan el conflicto. Para que haya rectificaciones y esquivar los acostumbrados fingimientos es fundamental que se integre una comisión en la que participen el Congreso del Estado, organizaciones ciudadanas, y expertos en la medicina social que localicen la enfermedad e indiquen el tratamiento correcto.

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