Artes

Lucía : Yoreme y arpera

En un documental conmovedor y positivo, Ana Laura Calderón habla de los Yoreme a través de Lucía, una joven inspirada en la leyenda de La Candelaria. Se exhibe en la Cineteca Nacional de Ciudad de México.

Texto: Richard Godin
Fotos: tomadas del trailer de la película

Sí, es posible abordar la temática indígena desde una perspectiva distinta al de la violencia o la discriminación. Eso es lo que nos decimos después de ver Corazón de mezquite, la segunda película de ficción de la directora Ana Laura Calderón. Es raro sentirse tan feliz al final de un documental. Pero hay que decir que los 70 minutos pasan tan rápido que, cuando se vuelven a encender las luces, seguimos imaginándonos con los personajes en su pueblo en el estado de Sonora, en la región del norte de México.

La historia comienza con Lucía, una joven de una comunidad indígena llamada Yoreme. Desde la pérdida de su madre, sólo sueña con tocar el arpa para volver a hacer feliz a su padre. Pero la tradición dicta que sólo los hombres pueden tocar el arpa porque tiene forma de cuerpo de mujer. Ignorada por su padre, que ahoga sus penas en el alcohol, Lucía cuenta con el apoyo incondicional de sus abuelos. Sólo su abuelo parece aceptar que toque el arpa, le cuenta la leyenda de la Candelaria, la mujer Yoreme que murió sola, triste y separada de la comunidad por tocar el arpa. Sin embargo, la niña desafía las reglas y cree en su sueño. 

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También conocidos como los Mayos (no confundir con los Mayas), este pueblo tiene una cultura poco conocida y casi invisible en el cine mexicano. Por ello, para la directora era importante hablar de su lengua, sus leyendas y sus tradiciones. Se apoya en un guión de la antropóloga Ana Paula Pintado, que ha trabajado con este grupo de indígenas, para un resultado auténticamente singular. El documental es tan sincero que el reparto está formado casi en su totalidad por actores amateurs (el único profesional es Yanis Guerrero, que interpreta al padre de Lucía). El rodaje tuvo lugar en las casas de los actores, lo que muestra la verdadera cara de la comunidad.

Las imágenes son magníficas, tanto de los paisajes como de los personajes. Destacan los primeros planos de rostros y manos tocando el arpa. Lucía, interpretada por la pequeña debutante Mayrin Buitimea, es conmovedora. Su duro rostro pone de manifiesto la dificultad de su vida y transmite una fuerte emoción. Vive en la pobreza con su padre en un piso con paredes y suelos desnudos y sólo puede contar con unos cuantos juguetes sucios para salir de esta difícil realidad. Se evidencia un mundo donde, como le dice su abuela, si una mujer sabe hacer buenas tortillas, encontrará un buen marido. Pero sigue siendo una niña que toca el arpa en el vacío y reza para que su padre la quiera.

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El personaje de la joven es la luz de la película que nos permite salir con una sensación positiva, sin embargo, se abordan muchos aspectos de la difícil vida indígena. Además de la pobreza, la película también trata de la contaminación del agua que estas personas utilizan tanto para cultivar como para cocinar. También se mencionan las amenazas e intimidaciones a los indígenas para que vendan sus tierras. El padre de Lucía está sometido a esto pero se niega a vender porque es el protector de su familia, que vive aquí desde hace mucho tiempo. Tras el acoso diario, acaba siendo víctima de un «accidente».

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Por último, la cuestión de las tradiciones congeladas en el tiempo se repite a lo largo de la película. En primer lugar, en la dualidad entre Lucía, un personaje contemporáneo, y su inspiración en la leyenda de la arpera de la época de la revolución. También porque en la comunidad de Yoreme, la preservación de las tradiciones es un trabajo de hombres. Ellos son los que tocan la música, bailan y cantan. Las mujeres siempre desempeñan el mismo segundo papel. Por eso, cuando la profesora del colegio pregunta a las niñas de su clase quién quiere ser «tres marías» en la próxima fiesta del pueblo, Lucía levanta la mano. Pero no para llevar el vestido blanco como dicta la tradición, sino porque quiere tocar el arpa. Ella representa los tiempos cambiantes, que parecen perturbar a los conservadores. Y cuando su padre se lesiona y es el único arpista capaz de tocar para la fiesta del pueblo, los ancianos temen que se pierdan las tradiciones.

¿Quizás has adivinado el final? Bueno, los tiempos cambian y a veces hay que aceptarlo para que las tradiciones continúen. Sólo para presenciar esto, hay que disfrutar de esta película.

Corazón de mezquite, Ana Laura Calderón, con Ianis Guerrero (Fidel), Mayrin Buitimea (Lucía), Alberta Yocupicio (Alejandrina), Julio Valenzuela (Regino), Camilo Yocupicio (Pablo), México, 2019, Dur.: 74 mins. 

https://www.cinetecanacional.net/php/detallePelicula.php?FilmId=1000005154&Source=1

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Este contenido fue publicado originalmente por Pie de Página:

https://piedepagina.mx/lucia-yoreme-y-arpera/

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