Derechos Humanos

De Sinaloa para la ONU: Colectivos de búsqueda tenaces y gobernantes que fingen sensibilidad

Al escuchar a los familiares de las víctimas, el Comité Contra la Desaparición Forzada conoce una situación dolorosa de impotencia y desamparo que los sinaloenses presenciamos a diario. En sus reuniones con los gobernantes sabrá de los mismos discursos y promesas superficiales que en cuestión de horas se tornan demagogia.

FOTO: Leo Espinoza.

FOTO: Leo Espinoza.

La presencia en Sinaloa del Comité Contra la Desaparición Forzada de la Organización de las Naciones Unidas representa la señal de que la comunidad internacional está preocupada de esta parte del fenómeno de la violencia que se agudiza por la incertidumbre en las familias de las víctimas por no saber dónde están, por qué se los llevaron, y quién o quiénes cometieron el delito, mismas interrogantes que las autoridades locales no contribuyen a responder.

Independientemente de que las historias de angustia y búsqueda son conocidas por la ONU para darle pauta a un posicionamiento de impacto universal, para los colectivos que con medios propios intentan localizar a sus familiares la intervención del alto comité significa posibilidades de que los gobiernos federal y estatal muestren empatía con el movimiento de rastreadoras y ofrezcan mayor voluntad para la ubicación de víctimas y la aplicación de la ley a los victimarios.

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La crudeza con la cual los colectivos de búsqueda plantearon la realidad sinaloense, autenticidad que los gobernantes insisten en ocultar, refrenda que cada ocho horas desaparece en promedio una persona en Sinaloa al tenerse el registro actual de 5 mil 027 casos, concentrados en un 76 por ciento en Culiacán, Mazatlán y Ahome, según datos de la Comisión Nacional de Búsqueda.

Y aparte la insensibilidad oficial le añade la indolencia al tema, al dejar solas a las familias en la labor de encontrar a quienes fueron separados de sus hogares.

Por tratarse de la crisis humanitaria que afecta a varios estados de México, el informe que el comité le entregará a Naciones Unidas en abril de 2022 deberá articular las acciones nacionales e internacionales para atender las desapariciones forzadas en la dimensión que el fenómeno presenta. Basta ya de decisiones de Estado que se quedan en el papel sin funcionar en los hechos, de la sensibilidad fingida de políticos e instituciones que abordan el problema para salir en la foto y enseguida se tornan apáticos, y del fingimiento de los sistemas de procuración e impartición de justicia que en lugar de ir con el marco legal enfrente lo que presentan es impunidad.

Al escuchar a los familiares de las víctimas, el Comité Contra la Desaparición Forzada conoce una situación dolorosa de impotencia y desamparo que los sinaloenses presenciamos a diario. En sus reuniones con los gobernantes sabrá de los mismos discursos y promesas superficiales que en cuestión de horas se tornan demagogia.

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Sin embargo, la labor que hoy efectúa la ONU en Sinaloa desencadena la máxima esperanza, el esfuerzo sin precedentes, para que de aquí en adelante todos (gobierno, justicia, sociedad y comunidad internacional) vayamos junto con las familias que deben saber dónde están sus desaparecidos.

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