Ciudadanía

Como testigo de los vaivenes de Culiacán, Irma vende atole y chocolate caliente

Cuando Irma tenía alrededor de 26 años de edad, inició vendiendo atole como ayudante de su hermano en un puesto similar; ahí aprendió la receta, ahorró lo que ganaba y abrió su propio puesto, el cual instala cada temporada desde hace 33 años cuando “se empieza a sentir el frio”.

Irma ha estado ahí desde que la avenida Álvaro Obregón era de doble sentido, desde que las calles del centro estaban desarregladas, las banquetas eran pequeñas y el edificio de Correos de México se encontraba entre la calle Domingo Rubí y Antonio Rosales… y espera seguir ahí por más tiempo para seguir viendo el desarrollo del centro de Culiacán.

Irma Yolanda Cabrera, desde su puesto de venta de atole, chocolate y gorditas entre la calle Domingo Rubí y la calle Antonio Rosales ha sido testigo del ir y venir de la gente durante los 33 años que tiene instalándose en cada temporada invernal para ofrecer estos alimentos que calman el frío y llenan el estómago.

Su puesto forma parte de tradiciones familiares, porque dice tener clientes que durante años han ido por su vaso de atole, los mismos que han pasado ese gusto a sus hijos y nietos.

“Tengo clientes desde hace muchos años, todavía me frecuentan muchos clientes de los viejos. Gente que llegaban con sus hijos a que el pan, que el quequi, y ahora vienen ya muchachos grandotes y me dicen ‘se acuerda cuando venía con mi mamá’, y sí me acuerdo. Ya 33 años se dicen fácil, pero son muchos”, menciona.

Cuando Irma tenía alrededor de 26 años de edad, inició vendiendo atole como ayudante de su hermano en un puesto similar, ahí aprendió la receta, ahorró lo que ganaba y abrió su propio puesto, el cual instala cada temporada cuando “se empieza a sentir el frio”.

Gracias a este trabajo temporal y otras labores que iba teniendo, Irma logró sacar a sus 5 hijos adelante, pues es madre soltera.

Mientras sus hijos iban creciendo, año tras año solían acompañarla al puesto de atole. Ahora, que todos están grandes y ya casados, en el lugar solo quedan Irma, su hijo Juan Manuel y su nuera María Guadalupe, quienes llegan desde las 5:00 de la mañana al centro para recibir a los primeros clientes que van de camino a sus oficinas o centros de trabajo.

“Todos mis hijos formábamos aquí el negocio, porque trabajábamos nada más nosotros. Es un negocio familiar, aquí madrugamos con mucho gusto para servir a la gente”, menciona.

“Con esto los saqué adelante, a todos mis hijos, con este negocito y todos participaron aquí, desde el más chico hasta el más grande. Hasta que Dios me ayude voy a estar aquí”, dice.

Poco duerme, porque aunque termina de vender a las 9:00 de la mañana, al llegar a su casa debe limpiar las ollas, hacer el negocio y comprar lo que necesita. Su día termina a las 10:00 de la noche cuando se va a acostar e inicia a las 2:00 de la mañana cuando debe despertar para hacer el atole y llevarlo caliente a sus clientes.

“Cada temporada aquí estamos presentes, a primera hora, desde las 5:00 de la mañana. Todos los días. Me levanto a las 2:00 de la mañana a preparar las cosas para traerlas calientitas, para estar a las 5:00 de la mañana aquí y ya se quita uno como a las 9:00 de la mañana”, menciona.

Ella comenta que, al igual que en muchos sectores, la pandemia del COVID-19 que llegó en 2020, vino a afectar sus ganancias económicas, pues por temor la ciudadanía prefiere no comprar comida en puestos ambulantes.

“Con esta pandemia nos ha bajado mucho la venta, pero ya ves que frío todavía no está haciendo, pero está más o menos, ya cuando hace más frío nos va mejor, pero ahorita no, está muy solo. Parece que no, pero nos mermó mucho la pandemia, a como yo vendía en años anteriores nos bajó la venta demasiado, pero cuando menos sacamos los gastos y para medio comer”, comenta.

“Antes de la pandemia traía la jarrilla llena y aparte esos botes de 20 litros, traía otro de atole y chocolate, pero ya no, aparte que ya hay mucha competencia en el centro. Antes nada más estábamos tres o cuatro, ahora en cada esquina está uno”, agrega.

Irma Yolanda dice ser muy feliz al atender a sus clientes e invita a probar el atole, chocolate, avena, hot cakes, pan con mantequilla y gorditas que vende para que constaten que sus productos son de los mejores.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo