Ciudadanía

40 años de dale, dale, dale

La familia Madrigal Sánchez pasó de elaborar las piñatas originales hecha con olla de barro, a la moderna formada solo de papel.

Las piñatas tienen un papel importante en las celebraciones mexicanas, que toman mayor relevancia en fechas decembrina por su significado. En la actualidad se venden de diferentes tamaños, formas y colores, la tradición es que al romperse caigan dulces, globos o juguetes.

De acuerdo con información del Gobierno de México, el uso de las piñatas llegó al país en el siglo XVI cargada de un fuerte simbolismo religioso. A la familia Madrigal Sánchez la importancia por esta tradición llegó hace más de 40 años, momento desde el cual se dedican a su elaboración artesanal, pasando de la original hecha con olla de barro, a la moderna formada solo de papel.

Esta labor comenzó primero en la familia de Guadalupe Sánchez Vega, porque su padre era alfarero y proveía de ollas para piñatas, tenían una vecina que le compraba y de ella aprendieron el oficio.

“La veíamos cómo hacía las piñatas y así aprendimos. Mi papá nos compraba el material, nos daba una ollita y nos decía ‘practiquen para que se enseñen y después ustedes también vendan’, y sí, con la práctica aprendimos y los 17 hermanos comenzamos a comercializarlas allá en la Salvador Alvarado, que era donde vivíamos”, cuenta.

Cuando Guadalupe se casó, continuó con la creación de piñatas mientras su esposo, Ramón Madrigal laboraba en un restaurante, pero un accidente le cambió la vida y lo imposibilitó para seguir en su trabajo, al verse en una crisis pensó en las piñatas como una oportunidad y se involucró en el negocio; aprendió cómo hacerlas y formalizó la empresa.

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Cuando comenzaron con el negocio aprendieron la técnica original, a forrar con papel la olla de barro para luego vestirla con pliegos de papel de china de diversos colores y rellenarlas con fruta de temporada como mandarinas, cacahuates y dulces. En aquellos años recuerda Guadalupe que las piñatas que más se vendían eran las de cinco picos que representaban la estrella de David; luego, comenzaron a tener auge las piñatas de siete picos que simbolizan los pecados capitales.

“Se cree que cada pico es un pecado, con los ojos vendados se representa la fe ciega que con un palo se golpea para destruir cada tentación. Según las frutas y dulces hacen alusión a las bendiciones que vienen después que se vencen los pecados. Siguen siendo las que más vendemos, pero ahora ya nos piden también de figuras como Santa, duendes, Grinch y otros personajes navideños”, refiere.

La evolución fue dura, pero se ajustaron. Guadalupe cuenta que el Gobierno comenzó a prohibir el uso de ollas de barro para la elaboración de piñatas por el riesgo de accidentes al quebrarlas, de modo que a su padre se le disminuyeron poco a poco las ventas. Incluso ellos, tuvieron que aprender a realizar las piñatas con globos forrados de papel.

“Mi hijo empezó, inflaba un globo y le poníamos papel periódico. Primero hacíamos en grandes cantidades para una dulcería, después pusimos nuestro puesto, y de ahí toda la familia comenzó a poner puestos y dedicarse a las piñatas. Hacemos desde las más chiquitas hasta piñatas gigantes que apenas cabe en la caja de la camioneta”, refiere.

La tradición que ha seguido por 40 años la familia Madrigal Sánchez es comenzar en septiembre con la producción, primero hacen las bolas de diferentes tamaños y las comienzan a almacenar; en octubre comienzan a “enconar” para formar las estrellas; en noviembre siguen con la vestimenta de las piñatas, con la aplicación del papel de diferentes colores; para comenzar en diciembre con la distribución, tanto a revendedores, dulcerías como a familias que son clientes de toda la vida comercial del negocio.  

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Aunque existe tecnología para cortar los pliegos de papel de colores y adhesivos para formar las piñatas, ellos prefieren la elaboración artesanal, cortar el papel a mano con medidas específicas y cocinar el engrudo en cazuelas para usarlo como pegamento natural. Guadalupe recuerda cuando hacían 900 piñatas solo para las posadas, antes de que llegara la pandemia. Hoy la producción se redujo a 500.

Cuenta cómo la pandemia ha sido un reto, primero que se limitaron los eventos y la producción del año anterior fue de 400 piñatas, ahora, la fabricación ya está subiendo de nuevo, pero se enfrentan al encarecimiento de los materiales, papel, cartulina, brillos, etc.

 La industria de las piñatas es muy bonita, reconoce, ver los productos terminados, ver a los clientes quebrarlas, pero es muy cansado. Crear una piñata es un proceso lento, primero hacer la forma, esperar a que seque, pegar la vestidura, al terminarlas queda esperar la venta. El señor Ramón Madrigal pone su puesto por la Avenida Manuel J. Clouthier esquina con Puerto de Veracruz desde las 8 de la mañana y espera hasta las 6 de la tarde.

El cierre de la venta navideña es justo el 24 de diciembre, para la familia Madrigal Sánchez la navidad tiene un significado más especial, ese día se hace el corte de temporada, y con las utilidades el señor Ramón reparte entre hijos, nietos y su esposa lo que por tradición en la familia le llaman el bono navideño.

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