Política

Cuauhtémoc Blanco en el cónclave criminal: la narcopolítica a su máxima expresión

Este caso de Cuauhtémoc Blanco en Morelos es evidencia de que la narcopolítica carece de garantías para que las complicidades se mantengan en estricta reserva de las partes involucradas, ya que en cualquier momento la verdad sale a flote y causa efectos devastadores

No es legal ni justificable que el gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco Bravo, aparezca en una fotografía abrazando a tres líderes de grupos criminales que operan en la entidad porque si las autoridades competentes y la opinión pública normalizan este tipo de situaciones, entonces reciben golpes demoledores la aspiración generalizada por la seguridad pública y los sistemas de procuración e impartición de justicia.

Los gobernantes designados en apego al orden constitucional están obligados a comportarse en vías diametralmente opuestas a las sendas de violencia y anarquía por las que transita la delincuencia organizada. Los primeros deben combatir con toda la fuerza del Estado a los criminales sin incurrir en acercamientos o tratos que comprometen la paz pública y la vida de ciudadanos ajenos al quehacer del hampa.

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La foto publicada por el Sol de México, que según se explica fue hallada en el teléfono móvil de Esther Yadira Huitrón Vázquez o Rosario Herrera, conocida como “La Jefa”, presunta cabeza del grupo criminal Guerreros Unidos, organización delincuencial que controla la zona sur de Morelos, muestra al ex astro del futbol junto a Irving Eduardo Solano Vera, “El Profe” o “El Gato”, un líder del cártel Guerreros Unidos y jefe de plaza en Morelos del cártel Jalisco Nueva Generación; Homero Figueroa Meza, alias “La Tripa”, dirigente del grupo criminal conocido como “Comando Tlahuica” o “Los Tlahuicas”, una escisión del cártel de los Beltrán Leyva que en la actualidad mantiene el control del negocio de las pipas y las tomas clandestinas de agua del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca, y  Raymundo Isidro Castro Santiago, alias “El Ray”, cerebro regional del CJNG en Morelos, quien fue asesinado el 30 de octubre del 2019.

La opinión pública sostiene la tesis de la narcopolítica como mezcla de autoridades legítimas y poderes fácticos instalados a través del miedo y arsenales de la delincuencia, conjetura que adquiere el sello de autenticidad con pruebas irrefutables de que existe la colusión entre el narco y el gobierno, quedando a deber las fiscalías y juzgados las correspondientes carpetas de investigación y sentencias que disipen la indignación y el terror que deriva de esa relación perversa.

Este caso de Cuauhtémoc Blanco en Morelos es evidencia de que la narcopolítica carece de garantías para que las complicidades se mantengan en estricta reserva de las partes involucradas, ya que en cualquier momento la verdad sale a flote y causa efectos devastadores en la de por sí magra credibilidad de los políticos y las instituciones que éstos presiden.

La moraleja es clara para todos los gobernadores del país: en esas lides no hay secreto que sea eternamente oculto como tampoco existe el blindaje político contra servidores públicos que deciden acompañarse o irse del lado del crimen organizado.

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