Política

Revisar y castigar a gobernantes negligentes, otra exigencia que deja la pandemia

Algún día se revisará la actuación que tuvieron los gobernantes durante las cometidas epidemiológicas y la sociedad sabrá de aquellos que sometieron a riesgos a miles de familias abdicando a la obligación de todo servidor público consistente en velar y trabajar por el bien de la comunidad

El presidente Andrés Manuel López Obrador en el ámbito nacional y el alcalde de Mazatlán en el contexto local son dos ejemplos de la obstinación por imponer sus mentalidades por encima de las razones y necesidades que esgrime la población en general. La pandemia de coronavirus remarca esos rasgos de intransigencia inclusive frente a la crisis de salud pública que antes de llegar a México mostró en otros países la fuerza devastadora y también algunas enseñanzas para atenderla con mayor eficacia.

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López Obrador ha sido desde la conducta personal la antítesis de la prevención y atención en situación de emergencia por la Covid-19. Al inicio del problema orientó al no uso de cubrebocas, a que el mal se curaba con la protección de estampitas de algún santo, promovió la asistencia a lugares públicos aglomerados y hasta cierto punto continuó con la agenda de eventos con amplia asistencia humana. Con la designación de Hugo López-Gatell a cargo del manejo de la pandemia desencadenó errores y confusiones, más desabasto de medicamentos e insumos, con el saldo ya conocido de contagios y decesos.

Mientras tanto, en Mazatlán Luis Guillermo Benítez Torres representa la mayor irresponsabilidad en lo que respecta a proteger a los ciudadanos del virus SARS-CoV-2. Organizó y promovió la asistencia masiva a espectáculos y fiestas de enorme concentración de personas, tal como lo hizo en la celebración “Bienvenido 2022” que reunió a cerca de 25 mil mazatlecos y turistas en el preciso momento en que la variante Ómicron llegaba al centro turístico. Hoy procede con cinismo a decirle a la gente que se quede en su casa y dicta medidas drásticas contra áreas de la actividad económica, tratando de subsanar las negligencias que antes encabezó.

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Algún día se revisará la actuación que tuvieron los gobernantes durante las cometidas epidemiológicas y la sociedad sabrá de aquellos que sometieron a riesgos a miles de familias abdicando a la obligación de todo servidor público consistente en velar y trabajar por el bien de la comunidad. Ya sea con la sanción de las instancias legales o mediante la impunidad que reciban, de cualquier forma los mexicanos y sinaloenses identificarán a los culpables de desidias y las consecuencias que dejan.

La crisis de la salud pública procede a dejar lecciones que ninguna sociedad y ningún gobierno deberán olvidar. Una de éstas consiste en llevar al servicio público y a la representación popular solamente a aquellos en los que confiemos que cuidarán el bienestar colectivo en vez de jugar con la salud, la vida, los bienes y las grandes aspiraciones de los gobernados. Deberemos aprender a identificar quién sí y quién no es digno de confianza para no incurrir en los errores que hoy se traducen en cuestión de vida o muerte.

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