Derechos Humanos

Pepenadores | ¿Sin más opción que defender la basura?

El relleno sanitario ha sido refugio para personas que por múltiples factores, comunes en las sociedades que hemos construido, han sido marginados y excluidos de los derechos humanos más básicos. Muchos de ellos son adultos mayores que rebasan los 80 años de edad.

Basurón de Culiacán. FOTO: Rolando Carvajal.

Basurón de Culiacán. FOTO: Rolando Carvajal.

Los poco más de 500 pepenadores del relleno sanitario de Culiacán representan sin lugar a dudas el sector más lumpen de la capital sinaloense, es decir, son el grupo social urbano formado por individuos marginados y excluidos de los derechos más básicos que supuestamente garantiza un estado democrático.

Muchos de ellos son adultos mayores que rebasan los 80 años de edad, que sin garantía de alguna pensión, la falta de oportunidades los ha orillado a subsistir reciclando desperdicios en el “basurón”.

Se encuentran tan bien quienes cuentan con alguna discapacidad física que les imposibilita insertase en el mundo laboral de manera formal. Otros son familias enteras que han llegado a las colonias aledañas al relleno sanitario arrastrados por la violencia en sus comunidades de origen; son desplazados de la zona serrana del estado, doblemente revictimizados.

Dentro de esta condición se encuentra la historia de Atilano Ríos, una persona de edad avanzada que se sostiene con un bastón y quien acudió al llamado de la Cooperativa Pepenadores Progreso para bloquear la avenida Álvaro Obregón, frente al Ayuntamiento de Culiacán.

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“Yo trabajo en el ‘basurón’ y nosotros estamos aquí porque necesitamos el trabajo, por qué si no ¿de dónde nos vamos a mantener?”, sostuvo mientras en el Salón de Cabildo se llevaba a cabo una reunión con los líderes de la cooperativa y el alcalde Jesús Estrada Ferreiro.

Atilano Ríos.

El pepenador dice tener 8 años trabando en el relleno sanitario y vive en la colonia Bicentenario, justo enfrente del “basurón”. Ahí junta materiales de bule, cartón, papel, chatarra y aluminio diariamente, los cuales son comprados por la misma cooperativa.

Con esa actividad Atilano dice mantenerse al día y cumplir sus necesidades más elementales: “Yo no puedo trabajar recio, yo gano poquito porque yo no puedo trabajar recio porque yo estoy malo del pie”, explica.

Antes de convertirse en pepenador relata que se dedicaba a la albañilería; sin embargo, llegó el momento donde los constructores ya no lo comenzaron a emplear por su edad avanzada. A ello se suma que nunca pudo de formar una familia, por lo que solamente cuenta consigo mismo para mantenerse. 

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Sobre cómo llegó a asentarse la colonia Bicentenario, comparte que con lo que pudo juntar antes de retirarse de albañil compró un solar en dicha zona, ahí poco a poco ha podido ir construyendo una casa.

Otro caso es el de la señora Ernestina Romero Sarabia, quien dice tener 60 años, aunque aparenta más edad. Es pepenadora del “basurón” desde hace 7 años; sin embargo cuenta con una larga trayectoria como tal, ya que se dedicaba a este oficio desde que el relleno sanitario se encontraba ubicado previamente en la colonia El Mirador.

“Yo trabajaba allí, allí tuve mis hijos, todos mis hijos los tuve ahí. Ahí hasta me casé”, narra.

Ernestina comentan que en ese entonces vivía dentro del “basurón” de El Mirador, donde llegó a procrear seis hijos, a quienes heredó el oficio de pepenador, ya que actualmente todos ellos se trasladaron a trabajar al relleno sanitario actual.

“Yo de ahí me mantengo, comemos de ahí”.

FOTO: Rolando Mendoza.

Al respecto, el presidente de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa, Oscar Loza Ochoa, dio a conocer de que el tipo de gente que llega al relleno sanitario es por diferentes factores: las que no encuentran trabajo, la que no tiene posibilidades de ganarse la vida, pero también que hasta hace poco tenían la oportunidad de desarrollarse con toda la normalidad en sus comunidades de origen.

“La violencia los ha obligado a tener que dejar sus tierras, sus bienes y se vienen a la ciudad sencillamente con lo que traen puesto; quedan desarraigados y sin patrimonio. Llegan a una ciudad donde muchos de ellos no tienen familiares, por lo que el relleno ha sido refugio para la gente desplazada de la sierra”, informó.

Sin embargo, en general Oscar Loza considera que no ha habido una prioridad en financiamientos y proyectos de carácter social en el cual pudieran dignificar la vida de los pepenadores. Considera que las autoridades deberían incluirlos de manera integral en la sociedad, además de generarles las oportunidades que les permita vivir con decoro.

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