Legislativo

La 64 Legislatura y la unanimidad en todo: ¿Es el Congreso que necesita Sinaloa?

A los ciudadanos les llega el beneficio del trabajo legislativo incluyente y agrada que en vez de conflictos y divisiones entre los partidos representados en el Congreso avancen las iniciativas de interés general.

Feliciano Castro, presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado.

Feliciano Castro, presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado.

Por más que parezca raro el debilitamiento de las oposiciones al extremo de lo inaudito, si algo distinguió al primer periodo ordinario de sesiones de la 64 Legislatura del Congreso del Estado es la unanimidad con la cual sacó adelante la mayoría de iniciativas y acuerdos, logrando la unidad de las bancadas tanto de las que tienen más diputados como aquellas que tienen solo uno. Únicamente en una ocasión hubo votaciones en sentidos divididos.

Destaca la labor del presidente de la Junta de Coordinación Política, Feliciano Castro Meléndez, en el esquema de tomar en cuenta a los representantes populares de todas las fuerzas políticas, acabando con el mayoriteo humillante o la negociación ventajosa nada más con los grupos parlamentarios más numerosos, en este caso de los partidos Movimiento Regeneración Nacional, Revolucionario Institucional y Sinaloense.

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Pero hay situaciones que no cuadran. La bancada del PRI, por ejemplo, votó inclusive a favor de dar marcha atrás en iniciativas y vetos impulsados por el ex gobernador de su partido, Quirino Ordaz Coppel, como son los casos de la reforma política que reducía el número de diputados y regidores, prohibición de corridas de toros y cobro de predial a campos de golf.

Según Castro Meléndrez el Congreso está obligado a mantenerse en esta ruta de la gobernabilidad democrática lograda a través de la participación de todas las fuerzas políticas, incluyendo las minorías. Sin embargo, señala en la evaluación del primer periodo ordinario de sesiones  que lo fundamental es “seguir trabajando con la gente, pues no hay proceso legislativo sin el concurso de los sectores sociales”.

A los ciudadanos les llega el beneficio del trabajo legislativo incluyente y agrada que en vez de conflictos y divisiones entre los partidos representados en el Congreso avancen las iniciativas de interés general. No obstante, las unanimidades se tornan sospechosas cuando al no ser sustentadas en el asentimiento social adquieren los rasgos propios de negociaciones en lo oscurito, a espaldas de los sinaloenses, que deslegitiman los frutos parlamentarios.

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