Política

La embajada para Quirino vuelve a tambalearse al “pausar” AMLO la relación de México con España

El presidente refrenda el delirio de persecución que le provoca cualquier tema que anida en su imaginación desconfiada y divisionista, dando pie ahora a la ruptura de un país que después de Estados Unidos es el que mayor inversión privada tiene en España

Cuando parecía que corría al fin por los firmes rieles de diplomacia la designación de Quirino Ordaz Coppel como embajador de México en España, vino ayer una nueva barricada verbal de parte del presidente Andrés Manuel López Obrador al proponer “pausar” la relación entre las dos naciones para sorpresa del servicio exterior español, mexicano y del resto del mundo.

López Obrador insiste en su política aislacionista fundada en berrinches discursivos y ayer se salió de todo molde de cordura al declarar que
“ahora no es buena la relación y a mí me gustaría que hasta nos tardáramos en que se normalizara para hacer una pausa, que yo creo que nos va a convenir a los mexicanos y a los españoles”.

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“Hacer una pausa en las relaciones, porque era un contubernio arriba, una promiscuidad económica, política, en la cúpula, de los gobiernos de México y España, pero como tres sexenios seguidos y México se llevaba la peor parte, nos saqueaban”.

Con estas palabras en cuestión de minutos echó abajo aquello que hace apenas unos días los cancilleres de los dos países habían suavizado referente al distanciamiento promovido desde el púlpito presidencial en que se han convertido las conferencias de prensa mañaneras, ocasionando AMLO que la crisis retomara vuelo sin que ningún sector afín a la llamada Cuarta Transformación le llamara la atención en aras de mitigar los efectos del ininterrumpido dislate.

Y no obstante que la ecuanimidad provino otra vez del gobierno español, cuyo canciller José Manuel Albares descartó tomar las palabras de López Obrador como una postura definitiva de México, porque “una pausa en las relaciones no tiene ninguna traducción oficial”, quedó afectada de nuevo la recomposición lograda en la relación bilateral que incluye el beneplácito para que el ex gobernador de Sinaloa ocupe la embajada mexicana en el país ibérico.

El presidente refrenda el delirio de persecución que le provoca cualquier tema que anida en su imaginación desconfiada y divisionista, dando pie ahora a la ruptura de un país que después de Estados Unidos es el que mayor inversión privada tiene en España. Lo relacionado con la embajada de Quirino Ordaz resulta secundario; lo urgente es resolver qué pasa con la política exterior esquizofrénica de México. Y de paso descifrar por qué el partido de Morena solapa a AMLO en todo, inclusive en esto.

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