Cultura

“Tacuarinero Segunda Época”, el sueño de Lopus Diarakato

¿Te imaginas un tren turístico que vaya de Culiacán a Altata y viceversa? Este es un proyecto que el artista plástico navolatense Lopus Diarakato ha tratado de impulsar desde hace muchos años

Lopus Diarakato, artista plástico. Foto: Josué David Piña.

Lopus Diarakato, artista plástico. Foto: Josué David Piña.

Lopus Diarakato es un artista plástico sinaloense consagrado: vive enteramente del arte o del llamado arte por el arte.

A lo largo de su carrera ha experimentado y dominado casi todas las expresiones artísticas destacando en cada una de ellas. Ha obtenido todos los premios existentes en el estado y algunos otros nacionales; reconocimientos, decenas de exposiciones, estancias internacionales, becas, obras por doquier, amistades de personajes destacados de la vida pública del país: lo ha recorrido todo.

Con 72 años, ahora Lopus vive en una especie de autoexilio en el ejido La Sinaloense, en Navolato.  Ahí no le queda más que esperar la muerte de manera paciente y tranquila como él mismo lo auspicia; aunque se ha propuesto concluir algunos proyectos personales antes de que su vida en la tierra concluya.

Independientemente de su trayectoria artística Lopus también tiene otros sueños, uno de ellos es que Navolato —su lugar de origen— sea una región con más desarrollo económico y social y deje de ser un municipio relegado.

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Hace 18 años decidió presentarse con un proyecto en el Palacio de Gobierno del Estado durante la administración del exgobernador Jesús Aguilar Padilla: “El Tacuarinero Segunda Época”.

Pero admite que en ese entonces su propuesta generó algunas risas; no hubo respuesta, la esperó por semanas y solo consiguió un sello de “recibido”: “pero entendí que a lo mejor era demasiado prematuro y la maldición de que se me ocurrió a mí”, relata entre reminiscencias.

Sin embargo, a casi dos décadas de aquel impulso Lopus considera que se hace tarde para poder hacer algo por su municipio y es por eso que expone de nueva cuenta ante la opinión pública la realización de un tren que vaya de Culiacán a Altata.

La idea fundamental es posicionar Altata como destino nacional, inclusive mundial y que compita con el puerto de Mazatlán. Su proyecto contempla que el virtual tren recorra rancherías y comunidades de Navolato: partiendo de Culiacán y haciendo paradas en Bachigualato, San Pedro, Navolato, El Vergel, hasta llegar a la costa.

Más que inspirarse en el tren turístico de El Chepe, el cual recorre una ruta de Los Mochis a Chihuahua, pretende que el “Tacuarinero Segunda Época” se acerque más al tren José Cuervo Express, en Tequila, Jalisco, que hace un recorrido por todos los pueblos tequileros de ese estado.

“Entonces, nosotros como lugar de tunas y nopales (que es el nombre de Navolato en lengua cahíta) podría ser el boom de un nuevo tipo en cuestión turística, en este caso, explotar lo del nopal con una gran gastronómica de nopal al año, motivar que el pueblo concilie con su propio símbolo que es el nopal”, opina.

El artista plástico argumenta que por muchos años el símbolo de Navolato fue la caña, derivado del progreso económico que generó en su momento el ingenio azucarero “La Primavera” en la época del Porfiriato. Pero en el presente considera que eso ya no representa al pueblo navolatense más, y por el contrario, defiende que el nopal y su significado debería ser revalorado tanto por los gobiernos como por sus habitantes.

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Todo lo anterior es porque Lopus siente que Navolato es un pueblo olvidado y que no ha proyectado todo su potencial; es más  —comenta de manera sarcástica— ni siquiera cuenta con un arco de bienvenida como muchos otros pueblos más pequeños en Sinaloa.

“Navolato es el lugar más emblemático de Sinaloa y es el lugar más olvidado también”, lamenta.

Lopus Diarakato piensa que de concretarse el proyecto los más beneficiados serían las rancherías y ejidos de ese municipio, que tanta falta les hace. Incluso ha considerado que con ello se promuevan las artesanías, las gastronomía, la música de tambora. Hasta ha contemplado que dentro de los vagones funcionan azafatas historiadoras —exclusivamente de la Facultad de Historia de la UAS— que vayan explicando el trayecto a los turistas y pasajeros por los lugares que el Tacuarinero vaya recorriendo.

“Mucha gente de escasos recursos tendrían también la manera de ir. Ya cerca de Altata enfilaría directamente, ahí podría estar entre Altata nuevo y Altata viejo, para de esa manera proporcionarle clientela a ambos lados. De esa manera podría el proyecto Nuevo Altata y otros lugares como El Tambor, Yameto, Dautillos, podrían tener cierta relevancia”, sostiene.

Lopus manifiesta que Navolato no puede seguir en la maldición de ser el pueblo más emblemático de Sinaloa, pero a su vez el más olvidado; y arremete posteriormente contra los gobiernos locales de ese municipio, acusando que siempre ha estado gobernado por gente que no ha estado cerca del pueblo y que solo han procurado hacer fortuna para luego irse de ahí.

“La maldición (suya) viene en que tú eres un personaje que poco tiene que ver con la política, eres un artista. Y entre el artista y la política hay una enorme distancia: el político maneja maquiavela y el artista maneja belleza. Y la belleza es prima hermana de la verdad, de la bondad; entonces el político es un ser astuto que poco tiene que ver con el arte”, teoriza.

A pesar de lo anterior Lopus considera que la razón por volver a impulsar el proyecto del “Tacuarinero Segunda Época” es porque hoy en día las condiciones lo piden, en parte porque hay más crecimiento y clientela para este tipo de actividad turística y económica, lamentando a su vez que el Tacuarinero original debió haber estado siempre.

Por otro lado, dice confiar que el gobernador Rubén Rocha Moya, quien le inauguró varias de sus exposiciones, pueda tener la sensibilidad como universitario para lograr un cambio y así lograr tener esa audacia a la que hacía alusión para poder llevarle a Navolato un tren de nuevo.  

“Yo confió que Rocha, amigo mío por cierto, por la gran sensibilidad que tiene y por ser una persona notoriamente intelectual puede captar esta idea y dimensionarla de tal manera que pueda pasar a la historia inaugurando la ‘Segunda Etapa del Tacuarinero’, que permitiría que el turismo nacional e internacional pudieran descubrir Navolato y Altata”. 

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