Gobierno Federal

Quirino Ordaz ya es embajador… pero López Obrador arremete de nuevo contra España

López Obrador sostiene el discurso de la no intervención en asuntos que cada nación deba resolver, pero se inmiscuye excesivamente en temas que alteran el buen ánimo de la colaboración internacional con México

Ayer el Senado de la República aprobó la designación del ex gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, como embajador de México en España resolviéndose un asunto que en el trámite chocó con obstáculos diplomáticos y políticos y en el futuro topará con la terquedad del presidente Andrés Manuel López Obrador por conflictuar la relación con la comunidad mundial que, sin duda, le hará difícil la labor al nuevo emisario ante el país europeo.

Otra cáscara de plátano arrojada en la de por sí resbaladiza senda que deberá recorrer Quirino Ordaz provino del presidente López Obrador cuando en la mañanera de hoy declaró que “nosotros le tenemos un gran reconocimiento al pueblo español, nuestra admiración, nuestro respeto, pero es un asunto de empresas, de la élite económica, política, que no han actuado con decencia, pero eso no significa ruptura de relaciones, que bien que está el canciller, bienvenido, ya lo dije, vamos a buscar reestablecer por completo, por entero las relaciones cuando se entienda que vivimos una vida nueva en la vida pública de México”.

Pero la reconfiguración en materia de relaciones internacionales que plantea el mandatario federal está en curso en el planeta entero desde hace décadas con el enfoque de colaboración entre naciones para enfrentar los colosales retos del presente y no se diga los del futuro: las frecuentes amenazas a la salud pública apremian al orbe a acelerar la respuesta oportuna de la ciencia en anticipación a desastres como la pandemia actual; las consecuencias irrefutables del cambio climático serán imposible de atender si los esfuerzos mundiales no apuntan en el mismo sentido, y la lucha de los pacíficos para contener a las potencias bélicas que insisten en ser la policía del mundo requiere de integración planetaria en vez de aislacionismo.

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López Obrador sostiene el discurso de la no intervención en asuntos que cada nación deba resolver, pero se inmiscuye excesivamente en temas que alteran el buen ánimo de la colaboración internacional con México.

A España le exige pedir perdón por los abusos cometidos durante la colonización, aunque ante los mexicanos nadie se disculpa por la masacre cotidiana; a fundaciones de Estados Unidos les reclama apoyar a organismos locales de combate a la corrupción mientras que la impunidad cobija aquí a los que continúan con expoliaciones impunes, y ocasionó crisis diplomáticas con Panamá y Bolivia afectando por cierto la doctrina Estrada que pondera la libre autodeterminación de los pueblos.

La designación de Quirino Ordaz como embajador en España ya es un hecho consumado. Lo que está lejos de ser la premisa internacionalista de la llamada Cuarta Transformación es la mesura y la mediación para que México siga siendo el fiel de la balanza en la conflictiva mundial que amenaza la paz y la cooperación mundial. Cualquier día de éstos López Obrador incurrirá en nuevos dislates discursivos que le echarán a perder la tarea diplomática que pudiera realizar el ex gobernador de Sinaloa para reconstruir la armonía entre los dos países.

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