Clima

Con décadas amenazando sequías, en Sinaloa se aplican las mismas medidas ineficaces

Se dice mucho sobre el cuidado del agua en la oratoria oficial, pero en los hechos se hace muy poco de parte de los gobiernos y de los ciudadanos

Desde hace décadas los pronósticos de sequías han acompañado a los ciclos de lluvias en Sinaloa, cada vez más catastróficos, sin embargo, los organismos encargados de suministrar y administrar ese recurso natural tardan en presentar un plan de previsión que atempere los daños en los usos humano, agrícola e industrial del elemento vital. La costumbre de reaccionar solamente cuando se están sufriendo las consecuencias expone políticas públicas reactivas y nunca preventivas.

Vale más tomar en cuenta las advertencias de los expertos en el tema, que ignorarlas en espera de que el planeta actúe en contra de los malos vaticinios.

El responsable de la Estación Meteorológica de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Bladimir Salomón, agrega otra predicción de dificultad al igual que muchos estudiosos del clima: el 2022 estará debajo de los promedios anuales de precipitaciones pluviales y el mejor escenario es que no sea como el de 2020 considerado uno de los más secos.

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Sea cual sea el panorama, a Sinaloa le falta ponerle atención e invertirles recursos públicos a las acciones de cuidado del agua. Crear conciencia social de que las próximas generaciones podrían sufrir la severa escasez de ésta, implementar el entubamiento de la red de riego agrícola para evitar la pérdida de grandes volúmenes por evaporación o filtración, proteger los mantos acuíferos de la contaminación, sancionar la extracción abusiva y supervisar que en los domicilios se utilice sólo para lo indispensable.

Se dice mucho sobre el cuidado del agua en la oratoria oficial, pero en los hechos se hace muy poco de parte de los gobiernos y de los ciudadanos.

El hecho de actuar hasta que la sequía amenaza significa la pérdida del tiempo donde las estrategias tienen que ser arraigadas desde la escuela, la casa, la labranza y cualquier actividad dependiente del líquido esencial. La emergencia exige ir por lo menos 50 años adelante en la cultura de la conservación y seguimos esperando que la crisis nos golpee para tomar cartas en el asunto.

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Hoy de nuevo Sinaloa acude a los remedios coyunturales por la carencia de programas de gran visión con total involucramiento de la sociedad. Un ejemplo de las desidias es la insuficiente legislación sobre un asunto que año tras año nos trae avisos de los efectos que vienen y de los costos económicos, sociales y políticos a pagar. Y es así como la tierra de los once ríos se estancó desde hace casi medio siglo en llevar aguas en pipas a algunas de las comunidades diezmadas, bombardeo de nubes que no siempre son efectivos y construcción de nuevas presas que no tendrán el líquido para almacenar.

¿Es todo lo que podemos hacer los sinaloenses? ¿O es todo lo que quieren hacer los gobernantes?

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