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¿El Cártel de Sinaloa en la narcoguerra? El viejo equilibrio procede a desestabilizarse

A raíz de los narcoataques, a los gobiernos federal y estatales debe preocupar una inesperada configuración del narcomapa en México

En los hechos de violencia que el viernes alcanzaron a Baja California Norte, principalmente las ciudades de Tijuana, Mexicali, Tecate y Ensenada, las autoridades informaron de la participación del Cártel de Sinaloa, en pugna con las células criminales de los Arellano Félix y Jalisco Nueva Generación.

De ser cierto este dato revelaría el cambio de estrategia de la principal organización del narcotráfico que supuestamente se resistía a entrarle a la conflictiva situación de otros estados.

No obstante que el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador atribuyó la escalada de ataques en Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Michoacán a acciones del Ejército y Guardia Nacional que afectan a jefes del Cártel Jalisco Nueva Generación, la irrupción de delincuencia organizada en Baja California adquiere otro sesgo, con protagonistas distintos y acciones de ingobernabilidad en territorios que parecían controlados por el gobierno y en tregua de parte de los grupos del narcotráfico.

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De acuerdo con información del semanario Zeta, los incendios y bloqueos fueron atribuidos en las Mesas de Coordinación para la Construcción de Paz y Seguridad, a operativos criminales que se realizan para detener a Roberto Ruiz Velazco “El Doble R”, y Gerardo González Ramírez “El Apá”, capos CJNG, que escaparon de un operativo encabezado por elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional para detenerlos, en Guadalajara.

Pero contra ese operativo se aliaron el CJNG con la célula de los Arellano Félix y la organización sinaloense del narcotráfico intervino para contener dicha alianza. Aunque no se especifica qué segmento del CS actuó, el que encabezan los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, o el que dirige Ismael “El Mayo” Zambada, este movimiento inesperado en la configuración del narcomapa mexicano debe preocupar a las autoridades nacionales, pero principalmente a las de Sinaloa.

Dando por hecho que durante décadas el Cártel de Sinaloa ha operado, con la aprobación del Gobierno Federal, como factor de equilibrio e inclusive de negociación y pacificación, la implicación en acciones que generaron terror en las principales ciudades de Baja California podría significar la ruptura de acuerdos y pactos y la inmersión activa en eventos de muy alto impacto que hoy sacuden al país.

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Y cuando los equilibrios caen, así sea el contrapeso de una corporación criminal, la balanza delictiva se inclina inexorablemente al lado de las pérdidas y horrores en perjuicio de los ciudadanos pacíficos.

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