Ciudadanos Ejemplares

Al irse Claudia, Culiacán se queda con GANAC

¿Cómo fue que una mujer, madre y esposa, se transformó en un motor incansable que movió a tantas personas a hacer bien cosas buenas? ¿De dónde venían su fuerza y persistencia?

Claudia Montaño I. de Blanco (1955-2022)

Aunque esperada desde hace varios meses, la reciente partida de Claudia Montaño de Blanco me llenó de tristeza.

Claudia era mi amiga. Esposa y compañera de Óscar Blanco, gran amigo; era también la madre de cinco hijos que conozco desde que nacieron, y hoy son amigos míos y de mis hijos. Muy cercana a Pili mi esposa, y hermana de amigos y amigas de toda mi vida, con los que siento gran cercanía…

Podría hablar mucho de Claudia como persona, porque tuve la fortuna de compartir de cerca buena parte de su vida. Fue una mujer extraordinaria. Pero el impacto personal de su partida, y el afecto que siento por ella, no me impiden ver objetivamente todo lo que llegó a ser y representar para nuestra comunidad, que es lo que aquí quiero compartir.

La huella que nos deja en Culiacán se observa en los muchos espacios que tan bien supo llenar: especialmente en GANAC, institución que contribuyó a formar y hacer crecer durante veintisiete años, de la mano de su esposo y de sus colaboradores. GANAC apoya a los niños enfermos de cáncer y a sus familias, y a los médicos y enfermeras del Hospital Pediátrico de Culiacán, que los ayudan y atienden.

Los testimonios del trabajo y la entrega generosa de Oscar y Claudia a esa causa son evidentes. Su huella vive en los numerosos niños que recibieron mejor tratamiento médico y en muchos casos han podido salvar sus vidas; en los innumerables momentos de alegría que mejoraron su penosa condición, y también en sus familias, que recibieron el apoyo invaluable de GANAC durante sus estancias en Culiacán, con sus hijos enfermos…

Recuerdo a Claudia pidiendo dinero a sus amigos, a conocidos y a quien se dejara… Invitando a sus amigas a pedir y a viajar a otros países en apoyo de la causa. Participando en radiotones, con Óscar y sus hijos en las carreras anuales con el ITESM, en las posadas de GANAC. Siempre incansable, alegre e inspiradora.

La veo también conviviendo en Altata -gozaba tanto el mar-, con su familia y los médicos del Pediátrico de Culiacán o con los que venían desde el Hospital St. Jude de Memphis, USA. Porque no sólo colaboraba con las personas, sino que lograba establecer relaciones de amistad genuina, cálida y cercana, con quien trataba.

Claudia les abría las puertas de su casa, su hogar y sus afectos. Ellos aceptaban y se convertían en amigos para siempre, parte de su familia. Siempre que lo pienso, me sigue asombrando… Lo mismo que la capacidad que tenía para crear relaciones cálidas y duraderas con sus colaboradores en su casa y en sus emprendimientos.   

FOTO: GANAC

Al irse Claudia, Culiacán se queda con GANAC.

Con su equipo de trabajo experimentado, motivado y cohesionado. Con la fructífera herencia de la mano suave y firme de Óscar y Claudia, y de la increíble constancia y empuje con la que involucraron a tantas personas con su ejemplo en esa noble labor.

Pero hubo otros espacios en los que su carácter amoroso y su generosidad dejaron profunda huella:

En su familia inmediata: con sus padres y hermanos, sus suegros y cuñados, y entre sus muchas amigas de la infancia, Claudia fue factor de unidad. Siempre atenta a convocar y a unir. Dispuesta a invitar a su hogar acogedor, donde todos nos sentíamos bienvenidos.

En la Escuela Activa Integral, donde participó como madre que era de cinco alumnos, y aportando su vocación de educadora. Durante los muchos años de la estancia de sus hijos en la Activa, Óscar Blanco fue un padre muy participativo, involucrado siempre a nivel directivo en la asociación que opera la Escuela, y Claudia se comprometió a fondo -en la forma que sabía hacerlo-, trabajando con los maestros incluso en los veranos, con los padres y madres activos y con los grupos de niños.

La casa de los Blanco Montaño se llenaba siempre de familia y de amigos de diferentes grupos… los pescadores, los médicos, el Dominó de los viernes…  Recuerdo unas temporadas de clases de baile con amigos en la cochera de su casa, con una maestra cubana. Cada semana, después del trabajo… Todo se convertía en una oportunidad para recibir y convivir… Y la casa de los Blanco era el espacio. ¡¡¡Y es que, además, a Claudia le encantaba bailar!!!

Más recientemente, recorrió con Oscar el país durante varios años, en viajes de negocio por decenas de ciudades de México, conectando con muchas mujeres que colaboraban con la empresa: ¡la hospitalidad Blanco Montaño llevada a otra magnitud!

Pudiera pensarse que todo esto le salía de manera sencilla, natural, pero no. Claudia no la tuvo nada fácil. Toda su vida tuvo que lidiar con una enfermedad desgastante… Luego, su hija menor enfermó de cáncer a los siete años. La lucha para salvar su vida acercó a los Blanco Montaño con el hospital St. Jude y con sus médicos, pero la familia entera tuvo que mudarse a Memphis durante más de dos años.

FOTO: GANAC

De regreso a Culiacán, Claudia y Óscar transformaron la gratitud que sentían por el éxito del tratamiento de su hija, volcándose a GANAC con energía y amor, para ayudar a otras familias en Sinaloa que vivían su misma difícil experiencia.

¿Cómo fue que una mujer, madre y esposa, se transformó en un motor incansable que movió a tantas personas a hacer bien cosas buenas? ¿De dónde venían su fuerza y persistencia? Primero, de su firme convicción de hacer realidad lo que creía y quería, y de trabajar en el logro de sus metas y objetivos, y también de muy adentro, de su profunda fe en Dios.

Y sin duda, de la presencia y el apoyo constantes de Oscar, su esposo, que le dio siempre su respaldo cariñoso y le abrió espacios. Y de su familia: sus padres y hermanos primero y del hogar que supo construir con Óscar y sus cinco hijos.

Claudia fue una persona amorosa, sencilla y buena. Su entrega a lo que ella veía como sus tareas y sus responsabilidades era invariable y constante. Y lo hacía con modestia y discreción. Sin protagonismos ni pretensiones. Un liderazgo amable y alegre.

Afortunadamente hay entre nosotros muchas mujeres como ella, que con más apoyo de sus familias pudieran convertirse en fuerzas de la naturaleza para bien de nuestro entorno. Heroínas silenciosas que hacen el bien y lo correcto, mejorando nuestras vidas y a nuestra comunidad.

Claudia Montaño de Blanco fue, y lo seguirá siendo, un ejemplo luminoso de esa poderosa influencia positiva que la mujer tiene en nuestra comunidad, y que podría ser mucho mayor si todos las apoyamos más en su esfuerzo.

FOTO: GANAC

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