Culiacán, Sinaloa.- Paúl de Jesús de la Cruz, coordinador regional de PyME de Banorte en Culiacán, explicó en entrevista para ESPEJO que entre marzo y noviembre de 2025 la institución restringió el otorgamiento de créditos a pequeñas y medianas empresas en la ciudad debido al aumento en la cartera vencida. Es decir, se registró un incremento en el número de empresas que cayeron en impago, lo que volvió inviable para el banco continuar prestándoles dinero.

“Uno de los riesgos fue la cartera vencida, sí hubo un tema ahí que se pudo solucionar. Yo siento que las empresas ya pudieron acoplarse, por decirlo de alguna forma, a esta situación, y entonces comenzaron a pagar bien sus créditos. La baja en la cartera vencida fue lo que nos abrió la oportunidad, afortunadamente, a seguir otorgando créditos”, dijo de la Cruz.

 

Esta situación, en la que el banco dejó de prestar dinero debido a un alto índice de morosidad, ocurrió en medio de una crisis económica y social en el Estado, producto del estallido de la guerra interna del cártel de Sinaloa. Este suceso generó un alza en la criminalidad en la entidad desde septiembre de 2024 que se mantiene latente hasta hoy. Junto con ello, vino la pérdida de empleos y desaparición de empresas.

En noviembre de 2025 y tras la regularización en los pagos de muchas empresas morosas, Banorte decidió reanudar el otorgamiento de financiamientos, de acuerdo con Paúl de la Cruz. En 2026, la institución mantiene su oferta a las empresas de Sinaloa.

Alrededor de 6 meses duramos con las restricciones. Comenzó a mediados de marzo y se mantuvo así hasta mediados de noviembre. Pero, como te comento, actualmente ya no tenemos ninguna restricción para ningún tipo de crédito”, concluyó.

La crisis económica de Sinaloa detrás de la morosidad

 

Tras el estallido violento en Culiacán, el alza en la criminalidad redujo la movilidad de personas, especialmente en horarios nocturnos, afectando a actividades económicas enteras. Servicios de comida y entretenimiento, por ejemplo, sufrieron cierres temporales o definitivos. Aunque las microempresas concentraron el mayor número de empleadores desaparecidos, cerraron empresas de todos los tamaños. Esto se vio reflejado en la pérdida de 11 mil empleos formales en 2025 en todo el Estado.

Junto con esta dinámica provocada por la inseguridad, la convulsión que el conflicto interno provocó en el cártel de Sinaloa, una de las organizaciones criminales más grandes del mundo y cuyos dividendos se habían integrado fuertemente en la economía regional, provocó una caída en el capital circulante en Culiacán, en un fenómeno identificado por miembros del sector privado.

Para la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), la crisis económica que experimenta el estado tiene una explicación clara: el enfrentamiento entre dos grupos criminales provocó el estallido de la burbuja del llamado “narcomercado”. La empresaria Martha Reyes, presidenta de Coparmex en Sinaloa, señaló que existía una economía artificial impulsada por actividades ajenas al sector empresarial legal:

Había una economía ficticia”, afirmó en entrevista para ESPEJO en marzo de 2025.

 

Frente a estas situaciones, una cantidad indeterminada de empresas recurrió a endeudarse para poder subsistir. Sin embargo, la extensión de la crisis, que superó las expectativas del sector privado al inicio del conflicto, generó que muchos de ellos cayeran en cartera vencida.

Empezó en septiembre y todos creímos que se iba a quitar en un par de semanas. Luego un mes, tres meses…“, dijo a esta redacción Gilberto Aispuro, de la división automotriz de Grupo Premier a pocos meses del estallido.

 

Con los meses, y tras ajustes operativos, recortes de personal, cierre de sucursales, entre otras medidas emergentes, algunas organizaciones lograron llegar a un punto de equilibrio: podían sobrevivir pese a los menores ingresos.

“Quita los gastos que no aportan, que son fáciles de encontrar y de darte cuenta. Primero te vas con esos, que son los más sencillos y no tienen ninguna consecuencia para nadie en la empresa. Ni para el cliente, ni los colaboradores, ni para la empresa. Son ineficiencias que cuando hay abundancia no las buscas, hasta que empieza la escasez“, seguía Aispuro.

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