Reflexiones

Malú Morales

A prueba de fuego

La experiencia de Rafael Guastavino como maestro de obras y constructor que su padre y sus tíos le enseñaron, además de su audacia y atrevidas ideas, le hicieron ganar concursos despertando el interés de otros arquitectos establecidos en ese país de oportunidades.

Javier Moro, escritor Español (Madrid 1955) nos tiene acostumbrados a grandes novelas que narran epopeyas con un sentido, más que histórico, humanista. Los personajes que hicieron la historia, los plantea con todas sus debilidades, los perfila para comprender mejor sus acciones trascendentales.

El pasado año 2020, Javier Moro nos volvió a deleitar con su nueva novela A PRUEBA DE FUEGO, para presentarnos a un personaje grandioso: Rafael Guastavino. Arquitecto Español que con sus ideas sobre la construcción, convulsionó el mundo de la arquitectura, no sólo en Valencia y Barcelona, sino también en los Estados Unidos, donde a finales del año 1800 aplicó su estilo en grandes obras que aún perduran y siguen maravillando a los amantes del arte de la construcción.

La historia de Rafael Guastavino Moreno, es narrada por su hijo Rafael Jr., partiendo en el año 1881 en que este personaje, en compañía de su pareja y sus tres hijos, se trasladan a Nueva York con planes de dar a conocer sus innovadoras técnicas de construcción, ya probadas con éxito en España. Paulina Roig, soportó pocos meses vivir en un país extraño por el desconocimiento del idioma, el clima, la precaria situación económica y la poca atención de su marido; sin más, le avisa que regresa a España con sus tres hijos. Él no logra convencerla de lo contrario, únicamente le dice: Llévate a tus dos hijas, Rafaelito se queda conmigo. El niño de apenas 8 años, se enteraría más tarde que las niñas no eran sus hermanas, sólo él era hijo de la pareja y que su padre había dejado en su país a una esposa legítima y a tres hijos más.

  La experiencia de Rafael Guastavino como maestro de obras y constructor que su padre y sus tíos le enseñaron, además de su audacia y atrevidas ideas, le hicieron ganar concursos despertando el interés de otros arquitectos establecidos en ese país de oportunidades. Los primeros años fueron difíciles, sobre todo para el pequeño que se trasladaba con su padre a las obras cuando no hallaban quién lo cuidara en casa; una mañana decidió internarlo en una escuela en el campo en la que aprendió lo elemental, principalmente, el idioma inglés, lo que más tarde lo convirtió en el intérprete de su padre que nunca quiso aprender el idioma, del todo. Cuando le llegaron encargos de obras importantes, ya se había asociado con algunas firmas reconocidas, pero las ideas de Guastavino eran novedosas y atrevidas, como utilizar material contra el fuego, del que dió impresionantes demostraciones; los azulejos esmaltados de gran brillo y belleza que él mismo llegó a fabricar, son distintivos en toda su obra, los arcos y bóvedas con reminiscencias árabes que mostraban ligereza y resistencia, aún se pueden apreciar. Sus impactantes ideas aún persisten en el Carnegie Hall, en una estación del metro City Hall (actualmente en desuso, sólo recibe visitas guiadas) la gran Central Station, la catedral de San Juan el Divino, la magnífica Bibliotca de Boston; La Penn Station una estación con aire de catedral gótica, que hemos visto en infinidad de películas, considerada “El templo del transporte”, presentada por los socios pero diseñada por el Arq. Rafael Guastavino y terminada por su hijo. Javier Moro menciona que aún perdura el Oyster Bar, el primer restaurante de la estación central de N. York, que asímismo terminó de construir Rafael Jr., siguiendo las enseñanzas de su famoso padre, con el mismo talento y entrega; en esta obra se aplicaron los conocimientos de acústica del hijo de Guastavino,  lo cual creó el efecto que permite susurrar palabras desde una esquina que llegan a otra esquina distante  con perfecta nitidez.

Se dice que Guastavino construyó los edificios más emblemáticos que han dado su perfil a Nueva York  y otros estados de Norteamérica. Fue un creador de belleza, todo un artista ya que además, tocaba admirablemente el  violín y compuso exquisitas melodías, otro de sus talentos fue el  de elaborar vinos muy apreciados en su país y en su nueva patria. A pesar de sus éxitos como arquitecto, la vida sentimental de este personaje fue un desastre. Su primera esposa, Pilar a la que embarazó a los 16 años, él tenía 17, le dio tres hijos que apartó de su lado al enterarse de sus relaciones con otra mujer, la madre de Rafaelito. Pilar le retiró el apoyo económico que le daba y huyó con sus tres hijos con rumbo a Argentina. La madre de Rafael Jr., también lo abandonó en Nueva York. Tras varias aventuras sin trascendencia, conoció y se enamoró de una Mexicana llamada Francisca Ramírez, una mujer culta y enérgica que fue como una madre para su hijo, y con quien compartió sus últimos años en un castillo que se hizo construir en un bosque, en las cercanías de Carolina del Sur con una capilla de las dimensiones de una catedral, hasta que lo sorprendió la muerte a los 66 años de edad. Francisca mandó detener el reloj de la torre de la iglesia como señal de que su vida también se había detenido.

Además de esta interesante novela biográfica con que nos obsequia Javier Moro con su infalible y certero estilo, en 2016 se hizo un documental sobre la obra de Rafael Guastavino, que fue ganadora del Delfín de Oro en un festival de Cannes.

Se dice de este artista: Cúpulas grandiosas, edificios ignífugos, amores secretos y pasiones hedonistas, jalonaron a finales del siglo XIX y principios del XX, la vida de este personaje sin par.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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