Reflexiones

Óscar Fidel González Mendívil

¡Abracadabra! | El rincón del conspirador

Desde la esquina del complot y el enigma, en la taberna de la Casa de los Misterios, te saluda el conspirador, el detective desfacedor de entuertos provocados por reptilianos, anunnakis y demás especies sospechosísimas. Allá tú si le crees.

¡Hey tú! Sí, tú, quien lee esto. ¿Te cuento un secreto? La doña de Harry Potter se fusiló su hechizo asesino, avada kedavra, de la expresión aramea abra kadabra, que significa “será creado por mis palabras”. ¡Lástima que sea mentira!, bueno lo del fusil no sé, pero lo del arameo sí. En realidad no hay prueba que sostenga que dicha frase se empleó en la antigüedad de la manera en que lo afirman. ¡Ah, pero si lo buscas en internet, vas a encontrar lo del arameo y hasta otras cosas!

El uso de la palabra abracadabra se registra en la Roma de los primeros siglos de nuestra era. Los médicos romanos prescribían el uso de un amuleto en forma de triángulo que contuviera dicho término, para alejar las enfermedades. Y la creencia perduró tanto que, durante la epidemia de peste bubónica que todavía azotaba a Londres en el siglo XVIII, nos cuenta Daniel Defoe (sí, el mismo de Robinson Crusoe), que muchas personas fortificaban su cuerpo usando el dichoso amuleto del triángulo de abracadabra, como si se tratara de alejar un espíritu maligno que transmitiera la enfermedad.

¿Amuletos contra las plagas, dónde he visto eso?

Ya sé lo que estás pensando “¡pinches ingleses, qué locos!”. Nosotros no estamos mucho mejor, seguimos creyendo en el poder transformador de la palabra. ¿A poco no has escuchado de quien se levanta por la mañana y expide decretos para mejorar su vida? ¿Y la programación neurolingüística, los horóscopos, las fórmulas sacramentales, los nombres para bebés?

Pero nadie transforma el mundo como por arte de magia, por la palabra, como los políticos. Lo advirtió Göbbels, una mentira repetida mil veces se vuelve verdad. Nos dijeron que la solución éramos todos, y no lo fuimos. Anunciaron renovación moral y parece que hablaban de los árboles de mora. También prometieron bienestar para tu familia, y nosotros, ingenuos, creímos que hablaban de las nuestras. Después nos pidieron votar por el cambio y tuvimos siglas nuevas.

Pero lo de hoy es la cuarta transformación, esa particular visión cuaternaria de la historia, que nos dice que hay que volver a acomodar las calabazas pero en otro orden. Transformación que trastabilló al atravesarse la pandemia, pero que ahora que se recompuso, aprendió a usar la oportunidad para hablar, como en otras partes del planeta, de la nueva normalidad.

El tema es que ¿cómo te explico? la expresión constituye un oxímoron, o sea, dos palabras de significado opuesto cuya contradicción origina un sentido diferente. Mira, la normalidad no puede ser nueva porque es la condición de vivir conforme a los hábitos, y los hábitos se forman en la repetición de conductas en el tiempo. ¿Zas?

Entonces, si esta nueva forma de vida, estas nuevas costumbres las vamos a hacer los mismos de siempre, que seguimos siendo iguales, pues va a estar muy difícil. Ahora que si las normas de la normalidad las va a dar el gobierno, son capaces de decirnos que no nos agüitemos, que con portarnos bien y ser felices ya la hicimos. ¿Cómo que ya lo dijeron? ¡Pinche tentación de bienes, riquezas, títulos, fama y lujos! ¡Pinche felicidad!

Mejor vamos por una cerveza aprovechando que el Quirino quitó la ley seca. ¡Cómo cabrones que se acabó!

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