Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Aprendizajes de un año distinto

Año Nuevo ocasiona un extraño fenómeno en los humanos. Para el resto de las especies, es solo un día más en la sucesión temporal que pasa desapercibido, pero para nosotros hace la función de parteaguas.

A través de diversas culturas y periodos históricos; desde Mesopotamia hasta nuestros días, el comienzo de un nuevo año se caracteriza por estar lleno de propósitos nuevos por cumplir, etapas por cerrar y ejercicios de autoevaluación.  La última noche del año nos reúne, sin importar creencias o personalidades, para celebrar el ciclo que comienza y recibir el nuevo con los brazos abiertos.

Este año, muchos esperamos este festejo con mayor anhelo que el acostumbrado, ya que, si pudiéramos resumir el 2020 en una palabra, sería incertidumbre, una sensación que nos encantaría dejar en el pasado. La pandemia, con todos los problemas sociales que exacerbó, volvió al 2020 un año que marcará un antes y un después en muchos ámbitos de nuestra vida pues la normalidad se vio transformada. Hacer la cuenta regresiva para pasar al 2021 no resolverá por arte de magia las situaciones pendientes, pero puede servirnos para hacer un “corte de caja” mental que nos permita desprendernos de la negatividad para enfocarnos en los aprendizajes que esta extraña vuelta al sol nos ha dejado.

Solíamos pensar que la transición al entorno digital tomaría aún varios años. La pandemia nos forzó a apresurarnos. Absolutamente todo, desde la religión hasta la educación, pasando por el comercio y los servicios, fue transformado a código para poder mantenerse activos mientras la mayoría evitábamos salir de casa.

Esto no es sin consecuencias, pues llegamos a un momento donde las ventas de productos y servicios en línea se volvieron la mejor manera para que emprendedores y empresas de todos los tamaños mantuvieran sus ingresos al tiempo que expandían su mercado. Prácticas como el Home Office y las compras en línea nos ayudaron a entender que no era necesario desplazarnos físicamente para ser productivos y satisfacer nuestras necesidades. Esto nos permitió adoptar hábitos y prácticas que nos ayudan a crecer como sociedad y como individuos.

Para ello, te propongo, querido lector, un ejemplo de aquellas lecciones que debemos mantener en nuestra consciencia.

1 El arte es indispensable. A veces podemos caer en el enorme error de subestimar las actividades culturales como simples pasatiempos que, en la escala de prioridades, quedan muy lejos del desarrollo científico y tecnológico. Este año, sin embargo, los libros, películas, series y, por supuesto, la música, fueron aliados indispensables para sobrellevar el encierro y el distanciamiento social. Alrededor del planeta se identificó un alza en la compra de libros por internet, tanto digitales como físicos, de diversos géneros y temáticas. Netflix, un titán de la producción y streaming de series y películas, vio un aumento récord en suscripciones de paga. El teatro no fue excepción, pues obras completas se trasladaron al entorno digital para el consumo de ávidos espectadores. Incluso, vimos el nacimiento de un bello proyecto mexicano para los amantes del teatro: Teatrix, una plataforma que permite disfrutar los éxitos del telón sin salir de casa. Los museos también decidieron actualizarse y poner al alcance del público exposiciones completas. Las ferias y bazares de arte también migraron a las redes sociales y páginas web para poner a disposición de las personas sus maravillas únicas. La gastronomía se volvió un gran descubrimiento para muchos que finamente se decidieron a experimentar con nuevas recetas y sabores. ¡Hasta la moda se trasladó al entorno digital! Plataformas como TikTok han permitido que los desfiles de moda se vuelvan más incluyentes e interactivos. Como esto hay cientos de ejemplos que respaldan una gran enseñanza: la humanidad necesita de la expresión cultural, sobre todo en los momentos más oscuros.

2 Siempre podemos seguir aprendiendo. El confinamiento nos hizo ganar tiempo, especialmente a los que vivimos en grandes ciudades donde el desplazamiento cotidiano absorbe horas cada día. En ese tiempo, descubrimos que podemos seguir capacitándonos y aprendiendo; las nuevas tecnologías nos permiten la formación continua a un muy bajo o nulo costo. No es sorpresa que, de acuerdo con la empresa Cornerstone, la educación digital creció exorbitantemente: en Estados Unidos y Europa, países que se encontraban más avanzados en sus procesos de digitalización, aumentó en 100 y 200%, respectivamente. En nuestro país, aumentó ¡más de 2,000%! La transición a un entorno digital fue para muchos un enorme reto que nos motivó a ser autodidactas para innovar y superar los obstáculos que esto suponía de la mejor manera. Aunada a la disposición de más tiempo y la creciente necesidad de ser más competentes en un entorno laboral precario, la cuarentena fue, para muchos de nosotros, el empujoncito que necesitábamos para atrevernos a explorar la oferta aparentemente ilimitada de capacitación en línea. Algunos de los temas más buscados se relacionan con el desarrollo de habilidades de negocios, contabilidad y finanzas, seguidos de cerca por tecnología y redes sociales, aunado con un creciente interés por el manejo, gestión y ciencia de datos. 

3 El apoyo a la comunidad es prioritario. Como escribí anteriormente, algunos tuvimos el privilegio de emprender para sobrevivir ante la precariedad económica, lo que ayudó a reavivar el consumo local. De pronto, se volvió más valioso buscar a un artesano de la zona para apoyarlo al comprar su producto que asistir a una gran cadena comercial para adquirirlo. Entendimos que era mejor, y hasta más provechoso para todos, encargar el pastel de cumpleaños con una conocida de Facebook, buscar entre nuestros contactos quién podía personalizar una sudadera o bordar un uniforme, ya que eso podía marcar una enorme diferencia para otras familias. Muchos adquirieron cubrebocas fabricados artesanalmente ante un aumento sin precedentes en la demanda de este producto, buscando también contribuir desde su trinchera a disminuir la ola de contaminación ocasionada por este producto desechable. Este año recordamos que nos necesitamos unos a los otros para salir adelante, que ser compartidos nos ayuda a todos porque, en verdad, la unión hace la fuerza.

Estas son solo algunas de las lecciones que nos deja el 2020 que, si mantenemos en nuestra mente y corazones, nos ayudarán a vivir el Año Nuevo en un mejor estado de consciencia que nos ayude a superar lo que aún queda por vivir de esta pandemia y recibir al futuro con optimismo, esperanza y mucha solidaridad.

¡Recibamos 2021 con los brazos abiertos!

Comentarios

Recientes

Ver más

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

Reporte Espejo