Reflexiones

EDITORIAL

Así no: alterar la realidad del coronavirus aniquila la participación social

¿Es posible que el aparato de salud pública ni siquiera sea apto para concentrar la información, o cayó en el error de esconder la verdad con tal de maquinar el engaño de que hemos domado la crisis por COVID-19?

Antes de esperar a que la estrategia contra la enfermedad Covid-19 se refleje en bajas drásticas en el registro de casos de contagios y decesos, habría que ser pacientes en la exigencia de que se coordinen las autoridades federales y estatales en materia de salud, ya que sus sistemas de seguimiento de la pandemia persisten en alterar la realidad y desvirtuar los referentes que tiene la población para adoptar decisiones adecuadas.

Ayer fue el día de mayor perturbación para los sinaloenses que siguen apegados a los protocolos de prevención y que llaman a la gente en situación de desobediencia a ajustarse a las acciones sanitarias. En un solo día la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado reportó 130 decesos y 220 casos nuevos por coronavirus que, según explica, quedaron rezagados y le dan forma al tan llevado y traído subregistro que confunde cada día más.

¿Es posible que el aparato de salud pública ni siquiera sea apto para concentrar la información, o cayó en el error de esconder la verdad con tal de maquinar el engaño de que hemos domado la crisis por SARS-coV-2? Ésta y tantas interrogantes, dudas y sospechas son las culpables de que los sinaloenses hayan relajado el cuidado personal y familiar al detectar que aquellos que llevan el control de la situación son incapaces de acopiar la información correcta y transmitirla a la opinión pública.

A consecuencia de tal alteración de la autenticidad, sea por alevosía o por impericia, el futuro inmediato de México oscila entre hacerle caso a las disposiciones gubernamentales o acabar con las medidas de prevención. La aptitud moral que requieren las autoridades para sostenerse como líderes obedecidos por las masas entró a la fase de agotamiento y tal debilitamiento de instituciones y personas guías podría traducirse en que la contingencia por Covid-19 se le salga del control al Estado.

Los gobiernos federal y estatal están obligados a sincronizar los programas para atender las crisis sanitaria y económica. El hecho de que presenten datos distintos, que se echen la bolita uno al otro en cuanto a recursos humanos, económicos y de infraestructura contra el coronavirus, dan a entender que el único plan que tienen para la reactivación es lavarse las manos cada cual desde sus ámbitos y abandonar a la sociedad en la confusión, propagación y colapso de sus medios de supervivencia. Así no, presidente Andrés Manuel López Obrador; así no, gobernador Quirino Ordaz Coppel.

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