Reflexiones

Mario Alvarado

Broncas del Culichi antiguo | Asaltos a la Casa de Moneda

Si bien es cierto que los asaltos en los caminos estaban a la orden del día, también lo es y de esto casi no se cuenta, que la propia casa de moneda, fue asaltada y no una sino varias veces, y ahora mismo les cuento el chisme.

Fíjense que una de las principales hipótesis o teoría sobre el origen de los míticos túneles de Culiacán (de los cuales hasta ahora no se ha comprobado su real existencia), fue dizque el establecimiento de la Casa de Moneda, simón, supuestamente esos túneles se hicieron para evitar los asaltos a las conductas que traían las barras de oro y plata de las minas, mismas que regresaban ya convertidas en monedas o como entonces les decían, “oro sellado.”

El caso es que de ser así, es decir de construir los túneles por esa razón de salvaguardar el oro y la plata que traían las conductas  a La Casa de  Moneda y regresaban a su lugar de origen ya amonedados, dichos túneles no servían de mucho, ya que en esos años, pongamos como más antiguo 1842, año en que se autorizó la instauración de La Casa de Moneda y que durara hasta 1905, año en que fue cerrada definitivamente, bueno pues déjenme les digo que en esos 63 años de existencia activa que si bien es cierto que los asaltos en los caminos estaban a la orden del día, también lo es y de esto casi no se cuenta, que la propia casa de moneda, fue asaltada y no una sino varias veces, y ahora mismo les cuento el chisme.

Ahí les va la primera, y esta fue el 10 de noviembre de 1865, a las dos de la tarde, fue asaltada la Casa de Moneda por una partida no de ladrones sino de una tropa, simón fueron soldados bajo el mando de dos oficiales, quienes llevaron a cabo el asalto por orden expresa del comandante militar de la ciudad, llamado José Inguanzo. Total, que el piquete de soldados llegó a la Casa de Moneda buscando al director que entonces era el señor José Dardón y así, sin más ni más, le pidieron que les entregara el dinero que se encontraba en su poder, lo mismo que las llaves de todas las dependencias. Como el director se rehusara a ambas cosas lo encerraron en una pieza con centinela de vista. Mientras tanto, uno de los oficiales de nombre Rafael Orruchi fue por el herrero Manuel Torres, al que dieron orden de descerrajar la puerta de la caja, y ya abierta, extrajeron nada menos que $ 12,800.00 que en ella había.

En cuanto el gerente  pudo salir de su cautiverio fue a quejarse directamente al palacio de gobierno solicitando ante el gobernador justicia, la devolución de  los doce mil ochocientos pesos que extrajo el comandante militar Inguanzo y además una indemnización de la manera conveniente, ya que los autores de esa felonía habían sido soldados, es decir, agentes del propio gobierno, pero por más gritos y brincos que pegó  no consiguió nada, simón, ni medio cinco partido por la mitad,  ya que los argumentos oficiales  fueron que cuando sucedió aquel hecho, aquel jefe se hallaba pronunciado contra el Supremo Gobierno y éste en ningún caso podía ser responsable de los daños causados a los particulares por las fuerzas rebeladas contra él.

Otro caso sucedió el 4 de enero de 1868.

Verán, en esta ocasión los coroneles: Jorge García Granados, Adolfo Palacio y el Lic. Irineo Paz, se pronunciaron aquí en Culichi en contra de la elección del general Rubí, a quien desconocieron como Gobernador Constitucional del Estado, a causa de la fuerza y presión empleada por él mismo para hacerse elegir, y al mismo tiempo buscaban reconocer como jefe del mismo al Lic. Manuel Monzón, electo Vicegobernador, quien por cierto nunca se prestó a dichos pronunciados. En esa ocasión nombraron prefecto del distrito al Lic. Irineo Paz, en sustitución del coronel Martin Ibarra, cuya inepcia había dado lugar al pronunciamiento.

Ah bueno pues la noche de ese mismo día, previendo ya la consabida revuelta, salió Rubí de Mazatlán para el distrito de Concordia para preparar elementos de defensa y salvaguardar al personal del Gobierno de un golpe que pretendían los revoltosos.

Pocos días después los sublevados extrajeron de la Casa de Moneda de Culiacán $72,000 pesos que pertenecían a los señores Laveaga y Rubio, y se los repartieron en su mayor parte entre ellos.

En el mes de abril siguiente, el general Donato Guerra, al mando de la vanguardia del Ejército de Occidente, atacó a los sublevados obligando a los cabecillas incluso al Lic. Paz, a embarcarse rumbo a San Blas. Por supuesto que la lana extraída de la Casa de Moneda, jamás fue recuperada.

Adolfo Palacio, uno de los sublevados, que se encontraba preso en la cárcel de Mazatlán, el 13 de marzo sorprendió a la guardia de la misma, apoderándose de sus armas y se fugó en compañía de todos los presos, y ya una vez libre su primera fechoría órale fue de nuevo apoderarse de $5,000 de la Casa de Moneda, y después imponer al vecindario un préstamo forzoso de otros cinco mil.

Así que como les digo el asalto y despojo a las casas de Moneda eran asunto común y corriente en aquella época en que las broncas y los pronunciamientos de la raza estaban en la orden del día.

Bueno, pero sigo con lo que sigue. Resulta que don Eustaquio Buelna, Gobernador del Estado, fue obligado a renunciar a su cargo el mes de octubre de 1872, y el General José Ceballos, asumió los cargos tanto de Gobernador como de Comandante Militar en estado de sitio. Con facultades omnímodas nombró a Miguel Unzueta, director de la Casa de Moneda, puesto en el que murió poco tiempo después, al ser tomada la plaza de Culiacán por una partida al mando de Juan José Alcón y Francisco Meza.

Y seguimos, el 11 de julio de 1876 se levantó en armas por el Plan de Tuxtepec, don Francisco Cañedo con la fuerza que había en la ciudad de Culiacán al mando de Manuel Inzunza. Cañedo, siguiendo la misma línea de conducta de todos los revolucionarios en las poblaciones donde existía la casa de Moneda, se apropió de los fondos de la de Culiacán, que ascendían a $18,000.00. Esta feria no le bastó ya que enseguida al igual que los asaltantes anteriores un préstamo forzoso al vecindario y mandó hacer una requisición de caballos, forrajes y maíz sin pagarlos, habiendo enviado una gran parte a su casa, cuando vio que se aproximaba el enemigo. Vivillo don Pancho, ¿No?

Y bueno como les digo, ¿De qué diablos servirían los túneles si la misma Casa de Moneda era asaltada constantemente?

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