Reflexiones

Sociedad Botánica

Cambio un árbol por oxígeno

No hay duda de que un entorno arbolado nos hace sentirnos mejor, y eso va desde nuestros rincones celulares hasta el estado emocional.

Por: Alina Midori Hernández

Hace un año el oxígeno –o la falta de él– no era un tema recurrente, hoy nos agobia su escasez. Quizás hace un año no teníamos una razón tan a la mano para reflexionar sobre el aire que respiramos, y más aún, que sería una realidad la falta de oxígeno en medio de una crisis.

Cada que leo alguna discusión sobre la calidad del aire, o la respiración humana y su conexión con nuestro bienestar, pienso en los árboles.

En su libro La vida secreta de los árboles, el ingeniero forestal Peter Wohlleben, habla sobre por qué los árboles se hacen tan viejos y no dan paso a nuevas generaciones como los arbustos u otras plantas. Las razones son muchas pero la más importante es por su capacidad de adaptación y resiliencia.

Los árboles son capaces de tolerar los cambios drásticos en su entorno, por supuesto, no pueden salir corriendo y tienen que lidiar con la situación para sobrevivir. Su habilidad para adaptarse a nuevas condiciones transcurre a paso más lento, pero también más seguro. Podría decirse que los árboles envejecen con cierta sabiduría y eso les facilita ser estos entes que nos cobijan con múltiples beneficios.

Sí, los árboles son filtros de aire. Al año, por cada kilómetro cuadrado de superficie arbolada, se atrapan hasta 7 mil toneladas de partículas suspendidas y, como si esta gran protección no fuera suficiente, nos regalan sustancias olorosas conocidas como fitoncidas.

Estas sustancias, además de ser el aroma de la naturaleza es prácticamente magia para la salud humana. La ventaja es que tiene el respaldo de la ciencia.

En la publicación Environmental Health and Preventive Medicine, una revista científica de la Sociedad de Sanidad de Japón, se detallan los resultados de una investigación en la que se estudiaron los efectos de estas sustancias en hombres y mujeres. Resultó que después de 30 días de exposición a fitoncidas durante constantes paseos por los bosques japoneses, sus sistemas inmunes se vieron reforzados.

Se encontró que a nivel intracelular, sustancias como la granzima, la perforina y la granulisina, tenían mayor presencia y con ello la capacidad de las células para mejorar la respuesta inmunitaria. No hay duda de que un entorno arbolado nos hace sentirnos mejor, y eso va desde nuestros rincones celulares hasta el estado emocional.

Los árboles, esos gigantescos proveedores de oxígeno y sombra, hogar de especies y limpiadores del aire, son nuestra mejor apuesta para mejorar la calidad de vida en Culiacán. Es responsabilidad de todos seguir cuidándolos, darles un mantenimiento responsable y educar en una cultura de arborización en el entorno urbano.

¿Qué sería nuestra ciudad sin el regalo de las amapas, las frondas de los venadillos y la majestuosidad de las ceibas? Puedo decir que plantar un árbol sí nos cambia la vida –y nos regala un aire más respirable–, imaginemos qué pasaría si plantamos más de uno, y que esos fueran cientos, o quizás miles… ¿Cuántas vidas cambiarían?

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