Reflexiones

Leónidas Alfaro Bedolla

Camila La Serrana | Nunca escribí un diario

No sé para que pueda servir este recuento, pero yo me siento bien, es como haber confesado mis buenas y malas acciones

Estando en finales de octubre de este 2021, por decisión del gobierno que controla la salud de toda la nación; Sinaloa fue declarado Verde junto con otros 29 estados del país, eso quiere decir que la pandemia ya está bajo control. Gracias Dios mío por escuchar nuestros ruegos. Y gracias también a los gobiernos, los médicos, enfermeras, camilleros que han estado atendiendo a la gente en los hospitales. Que Dios los cuide y bendiga

Estamos en febrero del año 2022, ha pasado mucho tiempo desde aquel lejano día 24 de junio del año de 1925 en que nací. ¡Se cumplirán 97 años dentro de 4 meses! La historia la he contado a repelones, valiéndome de mis recuerdos; ha sido un recuento muy salteado de lo que he vivido porque nunca escribí un diario; no sé para que pueda servir este recuento, pero yo me siento bien, es como haber confesado mis buenas y malas acciones. También me he divertido porque el escribano, que es mi hijo Leo, en veces se reía, pero en otras ponía una cara muy seria, y también en veces pelaba los ojos, como dando a entender, que era demasiado mí decir. Obligados de estar encerrados por causa de la pandemia del llamado covid, nos sirvió para entretenernos, y así tuvimos una convivencia más llevadera.

Los momentos de más acercamiento siempre son después de comer; los mejores para echar la platicada. Me di cuenta que mi hijo permanecía atento a mis desvaríos, que son muchos y de diario. Toma nota, yo lo miro y cómo que piensa que yo me disgusto por eso, pero no. Lo que sí me acongoja es que en veces se pone serio; creo que ya se dio cuenta que me falta un tornillo, pero no me importa, es cosa que a todos nos ha de pasar; hay un dicho que lo dice muy claro: como te veo me vi, como me ves, te verás. Solo quisiera no dar molestias, por eso, en veces le pido a mi Dios que ya me lleve. Ya estoy por cumplir 97 años, son muchos, ya me siento cansada y no tengo ganas de salir, ni de hablar con nadie. Otras veces me siento bien, y quisiera poder tener las fuerzas para vivir más tiempo y darme cuenta de que mis hijos, mis nietos y los demás que van llegando, estén contentos, felices. Porque también tengo muchos bisnietos, y creo que hasta tataranietos. Me da pena no identificarlos, los más de las veces, no sé con quién estoy platicando, sigo la corriente nomás. Me preocupa qué por mi sordera, y falta de memoria, pueda decir cosas que no deba, o peor, que provoque alguna indiscreción que ofenda.

Todos los días al despertar, me siento en la cama, por la ventana miro para afuera; si hay claridad me levanto, pero no sé qué horas son, si es atardecer o amanecer, ni que día es. Me preocupa todo esto, pero ni modo, es algo que debo soportar. Solo identifico los martes, porque ese día, por la noche vienen mis hijos varones; se reúnen a echarse sus cheve; me da gusto que me inviten. Leo los atiende bien, les prepara sus camarones para picar, aguachile o ceviche; carne asada, tamales de elote, de puerco, quesos, asaderas, en fin. En veces yo les hago calabaza en tacha, buñuelos o mermelada de tomate. En sus guasangas, les sigo la corriente; y también me echo uno o dos vasos de cheve, para estar a tono con ellos. Me divierto, y siento una gran alegría por ellos, que prefieren estar aquí y no en una cantina. Se enfrascan en sus comentarios, casi siempre sobre sus trabajos, aunque últimamente hablan mucho de lo que está pasando en el país. Todos están muy contentos con lo que está haciendo el presidente. También yo me alegro, porque la verdad, mucha gente ha sufrido muchas barbaridades, desde hace muchos años, por causa de los malos gobernantes que han permitido que aiga gente, entre ellos mis parientes de allá de El Encinal, Vascogil y San Juan de camarones, sufrieran muchos abusos, tanto de soldados como de sembradores de amapola. Los atosigaron tanto, que tuvieron que poner denuncias ante los dizque representantes de la autoridad- ¿Y qué paso? Fusilaron a dos de mis tíos; dicen que los pusieron contra un paredón; si así fue, esa ruindad fue de los guachos. Finalmente, los dos tíos que quedaron vivos y tres primos, con sus mujeres y niños, debieron abandonar todo, sus casas, con todo sus fierros y cosas, tierras, ganado, siembras; todo. Y así fue con muchas otras familias, en muchas partes de la sierra. Durante muchos años, sobre todo, después de los años 60´s, por eso, qué bueno que este Presidente de ahora esté haciendo lo necesario para que todo cambie en favor de la gente jodida.

En la última reunión de los martes, mis hijos comentaron muy contentos, que la pandemia ya bajó mucho, de que las escuelas y universidades empezaron sus clases presenciales. Me aclaran que eso de presenciales, quiere decir que están presentes en los salones de clases. También dijeron que el gobierno le puso mucho atención y dinero para enfrentar esta enfermedad; dizque vacunaron a todo mundo, y que eso ayudó a que bajara la mortandad. Qué bueno. Al final se enfrascaron en el béisbol; se ponen contentos cuando va ganando Culiacán, pero cuando va perdiendo, de pendejo no bajan al manejador…ni modo, diré como ellos dicen: así es el béisbol.

Madre coraje.
Poema de:
José de Victoria

Desde los altos de la sierra
ha comenzado un largo viaje,
la fundadora de un linaje,
su huella, en esta tierra,
una generación encierra.

Verano de follaje exuberante
porque fue primavera perfumada,
el Humaya desbordante
germinó en ti una madrugada.

Tu tierna adolescencia
fue precozmente sorprendida,
asaltó tu inocencia
un mensajero de la vida
con la preñez primera,
botón que convertido en flor
de tu fragante primavera,
tú llamaste Leonor
y que te espera…

No sé cómo decirte
pero aún la vida
no acaba de vivirte,
cual fogata encendida
que tarda en consumirse.

El mensajero de la vida
que se marchó sin irse,
te acompaña y te espera,
porque tú eres, fuiste,
su última primavera,
su otoño, y su estación,
el último refugio
de su ardiente corazón.

Fin.

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Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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