Reflexiones

Malú Morales

Carmilla

Sheridan Le Fanu inyecta, además de la atmósfera romántica, un elemento erótico nunca antes visto en la lectura Victoriana: el lesbianismo. La ambigüedad de la preferencia sexual se ha seguido en este tema

En mis andanzas casi detectivescas en busca de libros, a veces con sorprendentes hallazgos, mis ojos se detuvieron en el espacio de un supermercado en el departamento de electrodomésticos. Ahí, apenas perceptibles los  descubrí en un rincón, desparramados en pequeños exhibidores. Estaban agazapados, apretaditos, como si estuvieran avergonzados de estar en donde no les correspondía. Me acerqué, toqué, revolví y los hallé entre diversos temas populares. Sólo eran dos los libros interesantes: Uno de relatos de Nikolai Gogol, el otro, una breve novela de Sheridan Le Fanu. Los rescaté mirando a mi alrededor por si alguien me reclamaba, pero ¿quién? … Los hice míos.

Sheridan Le Fanu, escritor Irlandés (1814-1873) fue precursor de relatos de misterio y terror. Influyó en Bram Stoker para escribir su famosa novela Drácula. Se dice que Le Fanu es el padre Irlandés del cuento de fantasmas. Su obra más destacada es la novela macabra El tío Silas.

Me referiré a mi afortunado hallazgo, la novela corta CARMILLA. La historia es narrada por Laura, joven de 18 años que vive con su padre, militar retirado, en un castillo en Estiria, Austria. Una mujer de mediana edad la cuida desde la muerte de su madre, cuando era una niña pequeña; forma parte de la familia también, una institutriz que se hace cargo de la educación de la jovencita, además de varios sirvientes y mozos. Laura desde niña ha soñado con una extraña mujer que se aparece a la orilla de su cama, la acaricia y se recuesta a su lado. Una noche de intensa luna, los cuatro seres que forman la familia, pasean por el bosque; son sorprendidos por el estruendo de un carruaje tirado por cuatro caballos que marchaba a gran velocidad por la cercana carretera, flanqueados por dos jinetes. Al parecer, los caballos del carruaje se descontrolaron emprendiendo una veloz carrera para salirse del curso del camino y volcarse cerca de donde se encontraban los asustados espectadores. Los hombres que acompañaban el vehículo auxiliaron a las pasajeras que eran dos mujeres: una dama elegante, de edad madura y mirada penetrante y una jovencita que fue rescatada del carruaje, desmayada.

El padre de Laura ofrece ayuda a los desconocidos, se percata del enojo de la mujer mayor que lamenta el accidente que seguramente le hará perder un asunto de vida o muerte, ya que el retraso puede ocasionarle consecuencias graves. Laura y su padre le ofrecen hospitalidad. La madre persiste en continuar su camino mientras la hija vuelve de su desmayo. El dueño del castillo ofrece cuidar de la hija mientras ella continua su viaje. Con ciertas recomendaciones, la mujer accede a dejarla con la promesa de que volverá en cierto tiempo.  La muchacha llamada Carmilla sorprende por su belleza y desenvoltura. Laura ve en ella a la amiga que mitigará su soledad, observando que ambas tienen la misma edad. Se instala a la invitada en una de las recámaras del castillo en donde descansa. Laura y Carmilla se hacen grandes amigas, a pesar de que la invitada muestra ciertas rarezas en su comportamiento, como el encerrarse en su habitación poniéndole llave, el no salir a la luz del día argumentando un gran cansancio y sus largos períodos taciturnos. Se negaba siempre a hablar de su familia y su lugar de origen. A Laura le impresiona la exquisita sensualidad de su nueva amiga… aquella joven me atraía de un modo inexplicable, pero al mismo tiempo me inspiraba una extraña repulsión… Las repentinas muestras de afecto de Carmilla asustaban a Laura… Era como el crepitar de un enamorado, me avergonzaba cuando sus férvidos labios recorrían mi cuello con besos…

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En las cercanías del castillo comenzaron a presentarse casos de mujeres jóvenes fallecidas. Todas presentaban opresiones en el cuello. Se dictaminó que había surgido una pandemia inexplicable para los médicos.

Innumerables obras de arte que un restaurador llegó a entregar una mañana, formaban parte de las posesiones del castillo. El retrato de una hermosa mujer llamó la atención de todos al percatarse del notable parecido con Carmilla; se trataba de la condesa de Karnstein fallecida siglos atrás, un lejano vínculo familiar. Nadie hizo comentarios al respecto. Laura comenzó a sentirse débil, la mirada parecía perdida y una languidez la fatigaba. Había vuelto a soñar con  la mujer de su infancia, aseguraba que en sus sueños, había tenido la sensación de que dos agujas le perforaban la piel del cuello. Una noche despertó pidiendo ver a Carmilla, por lo que fueron en su busca, pero la habitación estaba vacía. Los médicos comenzaron a hablar de vampirismo. Un General, amigo del padre de Laura, que acababa de perder a su hija recién fallecida, suplicó a su amigo le acompañara en la búsqueda de la tumba de la condesa Karnstein, ya que había descubierto su calidad vampiresca.

Al hallar la tumba y abrirla se encontraron con la atractiva figura de Carmilla que respiraba lento y mantenía los ojos abiertos. No había dudas, se trataba de la causante de tantas muertes. Le clavaron una estaca en el corazón, la degollaron y su cuerpo y cabeza ardieron en una gran fogata.

El autor va más allá de de la simple historia de vampiros. Según argumenta Abraham Miguel, autor del prólogo de este volumen, Sheridan Le Fanu inyecta, además de la atmósfera romántica, un elemento erótico nunca antes visto en la lectura Victoriana: el lesbianismo. La ambigüedad de la preferencia sexual se ha seguido en este tema.

Esta breve novela, se destaca por su economía de palabras, su precisión y su grandeza en un contexto obscuro,  de gran belleza.

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Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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