Reflexiones

María Julia Hidalgo

Cien alas

Ha pasado el tiempo y justo, en este caótico 2020, titikuka —quien se quedó con el apocope de Titika— cumple sus primeros 12 años de haber empezado a contar historias. Y en cada vuelo que emprende lleva consigo esa voz infantil que sosegó sus juveniles días.

Justo se abrochaba los tenis luego de haberse hecho una cola de caballo para salir a correr cuando escuchó: “titikuka, ven”. Otra vez la niña que vivía en el departamento de abajo le pedía que acudiera en su auxilio pues sus papás no la querían y no jugaban con ella y entonces sufría y lloraba y titikuka era la única que la consolaba y le hablaba y le contaba historias desde su ventana.

No está por demás decir que la vecinita en cuestión era una consentida y manipuladora de primera, pero eso, titi, lo sabía y se dejaba llevar. Aplazaba su salida y entablaban largas e incomprensibles conversaciones. Titikuka adivinaba lo que la otra balbuceaba —apenas tres añitos— y le contaba que un dragón rojo acababa de pasar por la ventana. Que no era un dragón cualquiera, era uno de esos que usaban zapatos de colores y tenían los dientes muy blancos.

La niña le respondía cosas incomprensibles y titikuka le decía que sí, que era delgado porque comía manzanas y batidos de fresa. La vecinita se quedaba callada y se pronto le lanzaba una pregunta indescifrable; titikuka le respondía que sí, que ella también tenía dos alas grandes, muy grandes, como las de una mariposa gigante y que todas las mañanas salía a recorrer las calles por entre los árboles. Que para descansar se posaba en una amapa amarilla, una que estaba en la plazuela, al lado del señor que limpia los zapatos de los señores que van a trabajar a las oficinas.

¿Tú conoces las amapas?, la niña le decía que sí. Los padres, quienes seguramente seguían el dislocado diálogo, se acercaban a la ventana y le daban las gracias a titikuka por la conversación pero que había llegado la hora y ‘alguien’ se tenía que bañar. En eso se escuchaba de nuevo el llanto y titikuka se alejaba sonriendo.

Nunca se vieron las caras, pero la amistad entre la pequeña y titikuka se volvió de esas entrañables que marcan la vida. Ella confía en que sus diálogos permanecen también en los recuerdos perdidos de esa niña y que salen, como un lindo recuerdo tornasol, a consolarla en sus momentos de tristeza, ahora ya convertida, quizá, en una hermosa adulta. Se imagina su rostro y sabe que la complicidad de su vecinita se encuentra en cada personaje que ve a su paso; al fin qué somos sino repeticiones de nosotros mismos. Ha pasado el tiempo y justo, en este caótico 2020, titikuka —quien se quedó con el apócope de Titika— cumple sus primeros 12 años de haber empezado a contar historias. Y en cada vuelo que emprende lleva consigo esa voz infantil que sosegó sus juveniles días.

Con Cien alas, y en pleno confinamiento, celebramos las casi 600 historias que nos ha contado, quien esto escribe, en Las alas de Titika. En esta edición de aniversario encontrarás relatos, reseñas, personajes, crónicas y pequeños ensayos literarios. Una publicación de editorial Intidrinero que contiene las 100 notas más leídas y comentadas por los lectores del periódico Noroeste: “el diario que me dio la oportunidad y la confianza de contarme entre sus colaboradores. Gracias”.

Una compilación festiva, un airado vuelo tornasol que pretende quedarse entre tus manos, en un acogedor lugar de tus coloridas historias de vida. Eso y más es Cien alas; no te quedes sin leer las 100 historias.

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