Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Conoce la nueva low-touch economy | Un cambio de paradigmas

La economía de ahora es digital, de cero contacto humano y en tiempo real… al menos hasta nuevo aviso ¿Estás listo para recibirla?

Los impactos del COVID-19 continúan haciéndose notar en nuestra vida diaria, consolidando un estilo de vida distinto que llegó para quedarse. Uno de estos efectos se conoce como la low-touch economy, el resultado de la adaptación social al distanciamiento y la cuarentena, una tendencia que todos los empresarios y emprendedores deben conocer para triunfar en el mediano y largo plazo.

Dado que la vacuna contra el COVID-19 se espera llegue hasta inicios del 2021, los pronósticos de regresar pronto a la normalidad no se ven precisamente favorables. Al menos por 6 meses más, gestos aparentemente inocentes como saludar de beso o apretón de mano a otros podría ser letal, realidad que le ha dado forma a esta nueva tendencia.

La low-touch economy surge en un contexto donde los contactos se evitan al guardar una distancia mínima entre las personas, teniendo como resultado un mundo de bajo contacto: mientras más lejos nos mantengamos de personas que no viven en nuestros hogares, es más seguro. Este nuevo modelo se posiciona como una oportunidad en medio de la incertidumbre y ha demostrado con éxito que aún se puede emprender, simplemente las prioridades han cambiado.

En esta economía, ha habido claros ganadores y perdedores: por un lado, empresas experimentaron un inesperado crecimiento gracias a sus ventas en línea. Por el otro, sectores considerados seguros para invertir como la educación y el turismo se han visto en jaque ante la nueva situación. El 2020 se perfila como uno de los parteaguas más importantes de la historia reciente: hay una división clara entre el antes y el después de la pandemia.

La low-touch economy, o economía de cero contacto, incluye escenas futuristas como un robot haciendo entregas a domicilio mientras se desliza a gran velocidad por las calles europeas, o pequeños robots que supervisan las personas mantengan la sana distancia en los espacios públicos de Estados Unidos. Además, se ve un fuerte impulso en los e-sports, en donde los profesionales miden sus habilidades en competencias digitales a través de internet.

De la noche a la mañana, se volvió prioritario conocer la temperatura de las personas con las que interactuamos, los sellados sanitarios han adquirido tal importancia que algunas marcas rediseñaron sus empaques para asegurar la seguridad de su producto a los consumidores. Incluso algunos países como Alemania se preparan para expedir certificados de inmunidad ante el COVID-19 que deberán portar los ciudadanos para su regreso a sus actividades.

En este contexto, los gobiernos, empresas e, incluso, centros religiosos, que mejor se han adaptado a la nueva realidad son aquellos que ya habían comenzado su transición digital, permitiendo la interacción remota en tiempo real. Negocios nativos digitales, sin sucursal física, han sido los triunfadores indiscutibles, así como plataformas que permiten al consumidor satisfacer sus necesidades sin salir de casa o entrar en contacto con otra persona.

Uno de los casos más interesantes es el de Netflix, el gigante del entretenimiento en casa que desde hace un par de años se posicionó como una amenaza para el cine tradicional. Ahora, mientras que se estima que en los últimos dos años los usuarios del cine crecieron en 18%, las suscripciones a esta red aumentaron en casi 50%. Como resultado, mientras la industria del cine se ha visto paralizada casi en su totalidad frente a la crisis, Netflix ha proliferado ante las perspectivas de cero contacto.

En cambio, en México pocos sectores se han beneficiado de la situación. Tomemos el ejemplo del sector restaurantero, uno de los más prolíferos del país. Se calcula que el 95% de los restaurantes debió cerrar sus puertas por el COVID-19. El impacto fue tal, que en mayo la CANIRAC (Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados) anunció que, al menos, 30,000 restaurantes habían cerrado de manera definitiva al verse imposibilitados de solventar sus gastos mínimos, lo cual es un fuerte golpe para la economía de las familias que subsistían de esos negocios.

Los restaurantes que permanecieron abiertos con opción de consumo para llevar o a domicilio, vieron una caída del 85% en sus ventas. A pesar de que se ha promovido el uso de aplicaciones como Rappi, Sindelantal o Ubereats, la industria mexicana no se encuentra preparada: ¡solo el 15% de los restaurantes cuentan con la estructura mínima necesaria para ofertar sus platillos a través de estas plataformas!

Si bien existen los recursos digitales para transitar a una low-touch economy, nuestro país enfrenta un enorme reto: ponernos al día en la modernización digital que hemos dejado de lado. Por ello, para las pequeñas y medianas empresas, elementos de economía compartida que permitan integrar cadenas de valor reduciendo costos son indispensables ante este panorama. Compartir insumos y maquinaria, llegando incluso a aprovechar los “desperdicios” de otro productor son clave para alcanzar el éxito ante esta nueva economía.

Hoy más que nunca, aplica el popular refrán: “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. Es momento de identificar y aprovechar las oportunidades ocultas en la crisis para salir adelante, poniendo de nuestra parte para construir un mejor futuro.

La economía de ahora es digital, de cero contacto humano y en tiempo real… al menos hasta nuevo aviso ¿Estás listo para recibirla?

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