Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Convergencia y desempeño económico y social de los municipios de Sinaloa. La brecha sigue ahí

Es momento de reconocer la incapacidad de las políticas regionales enmarcadas en la lógica del pensamiento neoliberal, para promover posibilidades reales de crecimiento y desarrollo económico y social a nivel local.

Sinaloa y sus regiones marginadas requieren de la implementación de estas nuevas acepciones sobre el desarrollo, las que prestan más atención a la participación local, a la identidad regional y a la movilización de sus propios recursos y, que demandan una mayor participación desde los niveles locales y regionales en el proceso de toma de decisiones.

Sinaloa como México y el mundo, es un territorio de contrastes económicos y sociales. En nuestra entidad existen municipios con una actividad económica relevante y buenas oportunidades para emplearse, al tiempo que en otros las oportunidades de empleos bien remunerados escasean y su aportación al producto estatal bruto es muy pobre. Estos últimos, en su mayoría, son los municipios ubicados en la zona serrana, cuya situación poco ha cambiado en los últimos años y la distancia que los separa de los más prósperos, en términos de bienestar, es cada más amplia.

De acuerdo con los Censos Económicos de 1999, hace 20 años, cuatro municipios (Culiacán, Mazatlán, Ahome y Guasave) aportaban el 90 por ciento del Valor Agregado Censal Bruto (VACB) generado en la entidad. Los datos de los Censos Económicos 2019, revelan que la cifra, después de 20 años, no ha cambiado prácticamente nada. En contraparte, hoy como ayer, siete municipios (Concordia, Cosalá, Sinaloa, Mocorito, Choix, Badiraguato y San Ignacio) contribuyen con apenas con el 1.2 por ciento del VACB estatal.

Si el análisis se realiza en términos per cápita las diferencias también son extremas. En 1999, liderados por Mazatlán, cuatro municipios representan poco más del 60 por ciento del VACB estatal per cápita, mientras que en el 2019, a la cabeza de una lista cuya primera posición también ocupa Mazatlán, cuatro municipios concentran casi el 55 por ciento del VACB per cápita estatal. Ciertamente parece apreciarse una relativa menor concentración, sobre todo considerando que los municipios del fondo de la tabla pasaron de representar el 7.2 por ciento del VACB per cápita estatal en 1999, a acumular el 7.7 por ciento en el 2019.

Luego entonces surge la duda de si efectivamente las diferencias en términos económicos entre los municipios de Sinaloa se habrán reducido con el paso del tiempo.

En el ámbito del análisis regional, una interrogante de esta naturaleza se traduce en lo que se llama la hipótesis de convergencia, que si se acepta confirmaría que efectivamente entre los municipios de Sinaloa, se ha generado un proceso de acercamiento económico que los ha hecho económicamente menos distantes. En cambio, rechazar la hipótesis en mención confirmaría que el proceso estaría caminando en sentido contrario, generando una ampliación de la brecha, lo que podríamos llamar divergencia.  

Someter a prueba la validez de la llamada hipótesis de convergencia, requiere poner en práctica técnicas y métodos para el análisis regional, en las que se emplean la estadística y la econometría. Probar tal hipótesis fue el encargo que les hice a los alumnos de la Maestría en Ciencias Económicas y Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas (FACES) de la UAS, tarea que resolvieron de manera exitosa y cuyos resultados voy a compartirles en este espacio.

La base para el análisis fue el VACB de los municipios de Sinaloa, tomados de los Censos Económicos de los años 1999, 2004 y 2019. Las primeras técnicas y métodos utilizados, el cálculo de las llamadas sigma y beta convergencia. El sigma convergencia es un método estadístico que prueba si con el tiempo los valores per cápita del VACB de los municipios de la entidad, se van acercando o se van alejando del valor promedio del conjunto de los municipios. Para mayor precisión, se calculan tres indicadores, el coeficiente sigma, el coeficiente de variación (que relaciona el coeficiente sigma con el valor promedio del conjunto) y el coeficiente de variación ponderado (que para ponderar considera el tamaño de la población de cada municipio). Para los municipios de Sinaloa, los tres indicadores muestran evidencias a favor de un proceso de convergencia (las diferencias económicas se han reducido), aunque el primero, el coeficiente sigma, no muestra una disminución permanente, sino una disminución entre 1999 y 2004, pero una ampliación de las diferencias entre 2004 y 2019.  

La disminución de las diferencias entre los productos per cápita municipales puede o no ser significativa, matizando el cumplimiento de la hipótesis de convergencia. Para probarlo es necesario recurrir a la llamada beta convergencia que, apoyada en las técnicas econométricas, se basa en la estimación de una ecuación cuya variable dependiente es la tasa media de crecimiento anual del VACB per cápita de los municipios tomando en cuenta los extremos del periodo considerado de análisis (1999-2019), mientras que la variable explicativa es el VACB per cápita de cada municipio en el punto de partida del periodo estudiado (1999). Sin espacio para profundizar en consideraciones teóricas, el modelo sugiere que si se cumple la hipótesis de convergencia, será porque aquellos municipios que tenían hace 20 años los menores (mayores) niveles de VACB per cápita, son los que han presentado en el periodo las tasas medias de crecimiento anual más altas (bajas). La evidencia se obtiene del signo del estimador que asocia las variables del modelo, el cual deberá ser negativo y estadísticamente significativo.

Para el caso que nos ocupa, dicho estimador resulta con signo negativo, pero no es estadísticamente significativo, lo que señala que efectivamente entre los municipios de Sinaloa las diferencias han disminuido, la brecha se ha reducido, pero no de manera significativa, por lo que los grandes contrastes entre los municipios “ricos” y “pobres” siguen existiendo.

Precisando, la convergencia existe, pero no es significativa. Eso quiere decir que de cualquier manera podrían identificarse aquellos municipios que teniendo un VACB per cápita relativamente bajo (alto) en 1999, presentaron un crecimiento alto (bajo) en el periodo (1999-2019). Para mostrar este comportamiento los maestros en ciencias económicas en proceso de formación recurrieron a la construcción de los cuadrantes de convergencia. Esta técnica, a través de una matriz de doble entrada, permite separar a las regiones cuyos comportamientos son superiores o inferiores al comportamiento promedio, tanto en el VACB al principio del periodo de análisis (1999), como en la tasa media de crecimiento del VACB per cápita municipal (1999-2019).

De esta manera, la matriz genera cuatro cuadrantes, el primero (I) en donde se ubican los municipios ganadores, que son los que tenían en 1999 un VACB pc superior a la media municipal y su VACB creció a una tasa superior a la media municipal; el segundo (II) que incluye los municipios convergentes, cuyo VACB pc era inferior al valor promedio municipal en 1999, pero crecieron a una tasa superior a la media municipal; el tercero (III), es para los municipios estancados, aquellos que se ubican por debajo del promedio tanto en el VACB pc de 1999 como en la tasa de crecimiento del VACB pc del periodo y; el cuarto (IV) que agrupa a los municipios declinantes, aquellos que teniendo en 1999 un VACB pc superior a la media, crecieron, en el periodo, menos que el promedio de los municipios. En sentido estricto, son los cuadrantes II (municipios convergentes) y IV (municipios declinantes) los que evidencian un proceso de convergencia.

Llama la atención que, salvo el municipio de Escuinapa, todos los incluidos en el grupo de municipios estancados corresponden a la zona serrana en la entidad, que de los municipios convergentes, menos de la mitad corresponden a esa zona de los altos y que todos los municipios en el grupo de municipios declinantes forman parte del grupo con mayores valores de VACB, tanto si son considerados de acuerdo con su valor total o per cápita.

La evolución en términos económicos de los municipios de Sinaloa en los últimos veinte años también fue evaluada por nuestros estudiantes haciendo uso de los llamados cuadrantes de desempeño económico. En este caso, para los municipios de Sinaloa, se trata de identificar cuatro grupos, separando por renglón a los municipios cuya tasa de crecimiento medio anual en el periodo 1999-2019 ha sido más baja y más alta que la media estatal y, por columna, a los municipios que tienen, en el 2019, un VACB per cápita más bajo y más alto que la media estatal. Se configuran así cuatro cuadrantes, el cuadrante I que incluye los municipios dinámicos y con alto VACB pc, el II que contiene los dinámicos y con bajo VACB pc, el III en donde están las no dinámicos y con bajo VACB pc y, el IV, que concentra los no dinámicos, pero con alto VACB pc. Es decir, el cuadrante I reúne a los municipios con la mejor condición y el III a los que están en la peor condición. Se tienen hasta aquí los Cuadrantes de Desempeño Económico, pero si en cada cuadrante se separan las entidades según su desempeño social, tomando como base el IDH (alto o bajo, según su posición con respecto al promedio estatal), se obtienen los Cuadrantes de Desempeño Económico y Social.

Como puede apreciarse, los municipios de Ahome y Mazatlán son los que muestran el mejor desempeño económico en los últimos veinte años, mientras la dinámica de Culiacán y Salvador Alvarado se ha desacelerado.

Cabe señalar que estos cuatro municipios tienen un adecuado desempeño social (IDH por encima de la media estatal). Se observa también que los municipios con el peor desempeño económico son el Fuerte, Mocorito, Sinaloa, Guasave, Choix y San Ignacio, siendo todos, con excepción de Guasave, municipios ubicados en la zona serrana de la entidad. Además, todos, con excepción (de nueva cuenta) del municipio de Guasave, acusan un deficiente desempeño social (IDH por debajo de la media estatal). Estos municipios se caracterizan también porque en ellos la mayor parte de la población vive en condiciones de pobreza.

En conclusión, las estrategias que se requieren para impulsar el desarrollo y el crecimiento económico en los municipios grandes y con una población mayoritariamente urbana, son esencialmente diferentes a las que deben implementarse en los municipios de la zona serrana, cuya población es preponderadamente rural y en su estructura productiva predominan las actividades primarias.

Para estos últimos, se requiere del diseño e implementación de una estrategia efectiva orientada a crear nuevas y mayores ocupaciones bien remuneradas, que promuevan el arraigo a su territorio y reduzcan el proceso de migración del campo a la ciudad, evitando el crecimiento de los cinturones de miseria en las grandes ciudades y el aumento de la informalidad. Será esta la condición para que de manera efectiva se promueva un proceso sostenido de convergencia, que reduzca la brecha existente, en ingresos y oportunidades, en los municipios de la entidad.

Las estrategias de desarrollo que deben diseñarse y ponerse en marcha, han de tener en cuenta las condiciones locales y el aprovechamiento de los potenciales factores de desarrollo endógeno y, evitar la instrumentación de políticas y programas de corte asistencialista, que sólo resuelven superficialmente la problemática existente en la localidad o territorio, sin tomar en cuenta las condiciones socioeconómicas del lugar, lo que induce a que las debilidades que caracterizan a los territorios, no solo no se superen, sino que se potencien.

Poner en práctica iniciativas provenientes del Desarrollo Local y la Economía Social parece ser lo más adecuado, ya que en la aplicación de los modelos tradicionales, las políticas se orientan a la creación de condiciones para el crecimiento de los grandes centros urbanos y a la orientación de las inversiones de infraestructura hacia las grandes ciudades, lo que evidentemente no abona a la disminución de los desequilibrios intrarregionales, ni ayuda a propiciar la pronosticada difusión del crecimiento.

Es momento de reconocer la incapacidad de las políticas regionales enmarcadas en la lógica del pensamiento neoliberal, para promover posibilidades reales de crecimiento y desarrollo económico y social a nivel local, sobre todo en aquellos espacios que se han caracterizado por tener pocas alternativas y donde es posible impulsar el uso de los recursos productivos existentes, propiciando condiciones para alcanzar un desarrollo basado en la aplicación y aprovechamiento de factores endógenos.

Dado que no es el momento para ahondar en detalles de orden teórico, solo diré que el desarrollo local es un concepto y un conjunto de estrategias de amplio alcance que puede entenderse mejor como un proceso mediante el cual ciertas instituciones y/o personas locales se movilizan en una localidad determinada para crear, reforzar o estabilizar actividades, usando de la mejor manera posible los recursos del territorio. Puede entenderse como un esfuerzo “de abajo hacia arriba” de los actores locales por mejorar los ingresos, las oportunidades de empleo y la calidad de vida en sus localidades, en respuesta a las fallas de los mercados y de las políticas de los gobiernos nacionales para proveer lo que se requiere, particularmente en áreas subdesarrolladas o que experimentan ajustes estructurales.

El concepto de desarrollo económico local, no comparte la idea de que las posibilidades de crecimiento se reduzcan a una sola dimensión, que generalmente se asocia al desarrollo industrial.

Cuando así se hace, se considera, se inhibe la posibilidad de encontrar nuevas y mejores formar para superar rezagos en zonas marginadas a partir de sus propias potencialidades, ya que los modelos tradicionales mantienen la percepción general de que son los impulsos externos, los incentivos a la inversión o infraestructuras, los que contribuyen a paliar la desigual situación de los espacios, sin tener en cuenta que el desarrollo se puede promover dentro de una región mediante la capacidad de estimulación e inversión de la población local.

La visión de que las posibilidades de crecimiento y desarrollo no tienen más alternativas que las que brindan las concepciones tradicionales del desarrollo regional hace que, en consecuencia, se piense y se actúe considerando que si el escenario que se crea desde el exterior y los apoyos que le acompañan no llegan con la eficacia, la oportunidad y la abundancia que se requiere, entonces no habrá manera de impulsar mecanismos internos para atender los problemas económicos y sociales que enfrentan las localidades marginadas.

Por eso, Sinaloa y sus regiones marginadas requieren de la implementación de estas nuevas acepciones sobre el desarrollo, las que prestan más atención a la participación local, a la identidad regional y a la movilización de sus propios recursos y, que demandan una mayor participación desde los niveles locales y regionales en el proceso de toma de decisiones.

Dedico esta colaboración a Lorena, Itzel, Mayte, Caio y Moisés, mis ya mencionado(a)s alumno(a)s de la Maestría en Ciencias Económicas y Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UAS, quienes de manera brillante han elaborado los materiales que he utilizado en este análisis. Agradezco el que me hayan permitido utilizar dicho material y públicamente reconozco su responsabilidad, su destacado desempeño académico y la excelente calidad de los trabajos que han presentado, deseándoles el mayor de los éxitos en su desempeño profesional.   

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