Reflexiones

Leónidas Alfaro Bedolla

Culiacán es una ciudad que huele a pólvora

Para recordar la masacre del 17 de octubre del 2019, sobran los comentarios que nacieron de aquel suceso vergonzante, conocido como El Culiacanazo. Representa el grosor de la cadena interminable de la violencia que padecemos desde hace muchas décadas, yo he vivido más de siete.

Por eso creo que resulta necesario una reflexión sobre los orígenes de este estado de cosas. Esto obedece a una falla grave de orden político-social, y por ende, nos abarca a todos en cuanto a responsabilidad se refiere. Desde el momento en que desde siempre hemos aceptado vivir entre narcotraficantes, como sociedad, eso es algo terrible. Bien lo decía nuestro entrañable Javier Valdez Cárdenas: hemos aceptado que entren a nuestras casas, y hasta los hemos dejado llegar hasta nuestras recámaras. Una descripción vergonzosa, desgarradora, por lo real.

Esta cultura es manifiesta, no nada más porque las autoridades los han admitido y hasta se han asociado con ellos, como fue el caso del anterior gobernador Mario López Valdez –Malova-, quién designó como secretario de seguridad durante su mandato, a un delincuente sumamente conocido como fue ChuyToño, famoso por haber pertenecido al Cártel de Sinaloa.

Otra demostración que rayó en lo grotesco del actuar de nuestras autoridades, se dio en tiempos de los gobiernos Neo-liberales: De la Madrid –  Peña Nieto. Cada que había cambio de jefe de zona militar, aquí en Culiacán, los primeros en ir a darle la bienvenida al nuevo mandón, eran  los narcotraficantes, se distinguían por sus autos y camionetas ostentosas y blindadas.  Obvio es suponer, que en ese encuentro se discutían los acuerdos para trabajar sin tropiezos. Claro, los cañonazos de 50 mil dólares se imponían. Y qué decir del gobierno federal, que ahora se sabe de la alianza Calderón-García Luna-Cártel de Sinaloa.

En la escala municipal y estatal, en esos niveles, resulta muy claro que ellos siempre han sido los mandaderos al servicio de los jefes del narco. Cada que hay un ajuste de cuentas, son los últimos en llegar. No hace mucho, un día de muertos fui testigo de algo que me pareció grosero, denigrante; en el panteón Jardines del Humaya miré que un mausoleo estaban dos parejas de adultos y tres niños; estaban siendo cuidados por una cadena que rodeaba el lugar; los custodios que formaban el circulo estaban así: un sicario y un policía, un sicario y un policía; diez elementos de cada fuerza. Era una escena extraña, temible, grotesca.

Por cierto, los impresionantes mausoleos que abundan en una sección del panteón, son ostentosos, y por eso, de fama mundial; existe en ellos un derroche monumental de ingenio que demuestra que la ramplonería, de repente, no tiene límites. Y las demostraciones de la estulticia se muestra con los objetos que adornan esos aposentos: cajas de cigarrillos, cervezas, botellas de wisky, chocolates, galletas, juguetes diversos, prendas y… ¡hasta celulares!

Todo esto es parte de la parafernalia que muestra el poder del narco, cuya imaginación tampoco tiene límites en cuanto a mostrar lo violento y el poder, de ahí que no extraña que ocurran masacres como el ahora famoso Culiacanazo.

Lo desolador, es que este estado de cosas, dista mucho a que pueda cambiar. Por parte de las autoridades estatales, incluyendo a las académicas y universidades de todos los niveles, no se manifiesta ningún programa que esté orientado con ese fin.

El gobierno federal ha lanzado algunas campañas para disuadir sobre el consumo de drogas, y también sobre los hechos violentos, esto con mensajes por medio de la radio y la televisión. Pero siendo realistas, estos intentos, no alcanzan resultados si no están sustentados con programas más determinantes, como pueden ser visitas domiciliarias con personal capacitado, y armado con folletería ilustrativa que permita hacer entender, y dejar huella sobre temas tan serios como son la drogadicción, la violencia, e incluso, los problemas sexuales. Son miles los niños y jóvenes que pueblan los nosocomios y hospitales por causa de las drogas, otros más, aumentan el número de muertes; miles son las niñas que desde los doce años ya están pariendo, y otras están engrosando los lupanares de la prostitución; esto es pura descomposición social.

Una acción como la aquí sugerida, sería muy eficaz si los partidos políticos, en lugar de gastar tan ingentes cantidades  en inútiles campañas, lo invirtieran en algo positivo como lo descrito, creo que les sería más provechoso en sus intenciones de convencer adeptos.

No está demás comentar, que la detención del General Salvador Cienfuegos, es una ratificación de la pudrición que se anidó en los gobiernos Neo Liberales, más intensamente en los tres últimos sexenios; se pasaron. Ahora, ese chorro de pus, provocado por la detención del militar, seguro alcanzará a varios más.

Señor Presidente, su objetivo principal de erradicar La Peste de La Corrupción, es una decisión que apoyamos millones; más ahora que de acuerdo con los resultados de las votaciones del pasado domingo 19 de octubre de este 2020, el pueblo se cobró el desbarre que están mostrando algunos militantes de MORENA; están contaminados, y no es de Covid.

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