Reflexiones

Mario Alvarado

Culiacán y sus historias | Sindicaturas de Culiacán

Y me aventé un tiro…

No sólo es una vergüenza, sino una infamia que alguien nos pregunte el por qué se llama así la calle, la colonia  o la ciudad en que vivimos y no lo sepamos, este conocimiento debiera de ser de parvulito, lo digo porque he tenido la oportunidad de visitar algunos estados de nuestro mexicalpan de las tuna y en todas cualquier plebe le dice a uno no sólo el nombre, sino la historia completa de cada calle, edificio o sitio con que cuenta y aquí en Culichi como que estamos algo olvidadones en ese sentido. Y es que uno nunca sabe cuándo se ocupa, lo digo porque me acuerdo que hace tiempo cierto día ya de tardeada, más bien de noche, aunque no oscurecía totalmente pero sí como que ya se acababa la tarde como que le quedaba un suspiro, o dos o quizás tres o cuando menos dos y medio, total el caso es que ese recordado día después de una buena chorcha con mi cuate que DEP. Fernando Bojórquez, me reuní con otro amigo para tomar un café, allá por el Miró. Yo llegué un poco antes pues por lo general trato de ser puntual, lo cual quiere decir que si sirvieron las chingas que me dio con una chancla mi amá porque se me quedó la costumbrita de llegar a tiempo, y bueno, mientras esperaba un café que pedí, escuché sin querer en la mesa contigua una charla en la que uno de los charleros un tanto charlatán chapaleó un chingo, al Chavalo que agarró de chopa porque el chavo a pesar de que se veía muy chango con chispa, con título y todo se le chispoteaba con el nombre de los municipio que colindan con Culichi, y el otro, cara de chayote, se chupaba la trompa y chasqueaba los dedos y no hablaba sino que chirreaba las palabras para darle chicharrón con su prosapia al ya bien chiveado chaval. Y bueno pos ni modo así son las cosas, pos sí. Ahora sabrá Diosito como me vería de fregadón, trasnochado, con barba de casi tres días y feo como soy, esto viene a cuento porque dentro del diálogo, plática, charla u lo que sea que tenían mis vecinos de mesa, el cuestionador le dijo al otro:

¿Cómo es posible que no sepas ni con qué municipios colinde el lugar en que vives? ¡En que naciste! No Alberto estás, pero bien jodido, tienes treinta años cabrón, eres licenciado en derecho, casado con un hijo ya en la escuela y no sabes nada de tu municipio, imagínate si te preguntara por sus sindicaturas, ya me imagino como estarán aquí, si tú que eres estudiado y tienes un título no sabes nada imagínate que sabrá un pobre como el de la cachucha que acaba de entrar…

y pos el de la cachucha era yo. El tipo quedaba de espaldas a mi mesa y por eso fue que no se dio cuenta que yo estaba ahí enseguida, y pues malo pa él, porque casi de inmediato sentí mis orejitas calientes, calientes y ya me conozco, ya me conozco, no quería levantarme, neta, pretendí hacer que la virgen me hablaba y a otra cosa mariposa, pero pos el compa le siguió con yo, dijo.

Es más, me dan ganas de hablarle nomás para darme una idea de lo bronco que están aquí… ¡Hijo de su pelona!, no lo hubiera dicho porque no sé ni como pero casi en cuanto terminó le dije, No se preocupe amigo ya estoy aquí, y el compa se asustó al escucharme ahí pero yo ya había agarrado viada, y le seguí: Tiene razón, no sé nada de Culiacán, si acaso que fue fundada el 29 de septiembre de 1531 por Nuño Beltrán de Guzmán, que es la capital del estado que actualmente cuenta con un poco más de un millón de habitantes, que alcanzó el rango de ciudad en el siglo XVIII, y en cuanto a los municipios con los que colinda le diré que son cinco: Navolato, Mocorito, Badiraguato, Cosalá y Elota, además del océano Pacifico en la costa por el lado de Eldorado  y en la sierra con el municipio de Tamazula Durango. Ahora en cuanto a sindicaturas le diré que son Esta en donde estamos que se le llama Sindicatura Central, y le siguen otras diecisiete: Aguaruto, Baila, Costa Rica, Culiacancito, El Salado, Eldorado, Emiliano Zapata, Higueras de Abuya, Imala, Jesús María, Las Tapias, Quila, San Lorenzo, Sanalona, Tacuichamona, Tepuche y Villa Adolfo López Mateos. ¿Cómo la vio compa, se llenó o le guiso un huevo?, porque si gusta le puedo dar detalles importantes de algunas de ellas. No pos sobra decir que el compa no dijo ni pío, nomás pelaba chicos ojotes. Fui a prepararme el café que ya me habían servido con el plácido silencio de la mesa vecina, pero pues ese incidente me hizo reflexionar sobre dos cosas: la primera en que sí tiene razón ese compa y todos debemos saber al menos lo básico de nuestro municipio, y la segunda que ya no debo andar tan desaliñado porque qué tal si a la próxima que me agarren no sé nada.

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