Reflexiones

Mario Alvarado

Culichis revolucionarios en la toma de Topia, Durango

En aquel tiempo el pueblo de Topia era el más importante de toda esa región serrana.

Como ya es sabido el 20 de noviembre de 1910 iniciaron formalmente los levantamientos revolucionarios a los que había convocado Pancho, Francisco Quico, Paco, Chico I. Madero, con la onda derrocar a la dictadura de don Porfis. Pero por angas o mangas resultó que no fue así porque hubo varios grupos rebeldes modificaron la fecha del inicio de las broncas revolucionariescas, y ese fue el caso de los antirreeleccionistas sinaloenses, simón ya es de todos los culichis y sinaloenses entendidos del asunto que si bien es cierto que los cabecillas del movimiento culichi, Banderas e Iturbe entre otros, planeaban  su levantamiento en tiempo y forma, la verdad es que al ser denunciado sepa la bola por quien, (aunque hay ciertas sospechas de cierto personaje chipocludo, es decir de los cabecillas principales también) tuvieron que adelantarlo desde el 19 de noviembre de 1910, algunos huyendo para sus casitas y escapar de las fuerzas militares entonces comandadas por el gobernador Diego Redo, mientras que otros entre ellos Juan M. Banderas y Ramón F.  Iturbe, optaron por el levantamiento; así que se pelaron rumbo a la sierra en donde después de algunas correrías, lograron reclutar a un buen contingente.

De modo que así anduvieron guerreando para liberar a varios pueblos serranos de las garras porfiristas y juntando cada vez más raza para la causa.

En aquel tiempo el pueblo de Topia era el más importante de toda esa región serrana, tanto por su extensión como por su riqueza minera, así que ese era el objetivo principal, y según había leído y me habían contado que ese objetivo  había sido fácil que  se había logrado de manera pacífica, simón, que no se había disparado ni una sola bala, que el pueblo se había rendido al ver que la llevaba de perder si se enfrentaban a los rebeldes; y neta que me lo creí, porque pues esa versión es la que se maneja por acá desde entonces, así que durante años viví con esa creencia porque incluso déjenme decirles que hay hasta una foto de Ramón F. Iturbe sentado cómodamente y a su alrededor un ramillete de bellas jovencitas algunas de las cuales tienen tomada la carabina como si fuera escoba y en la que se lee: Estado mayor femenino de  Ramón F. Iturbe. 

Ahora lo que he podido averiguar o concluir sobre ese asunto es lo siguiente:

  • Por principio de cuentas el jefe máximo del contingente era Juan M. Banderas y F. Iturbe era el segundo de abordo. Salieron de Culichi y anduvieron todo noviembre y diciembre a salto de mata en la sierra de Sinaloa y Durango perseguidos por un contingente militar bajo el mando del coronel Luis G. Morelos.
  • Después de juntar la gente necesaria el 9 de enero de 1911, junto con los contingentes de los también jefes de grupo: Pablo Serrano, Agustín Cháirez, Félix y Miguel Laveaga, quienes en total hacían más o menos unos 100 hombres, ocuparon, ahí sí, pacíficamente, la población de Tamazula, de la que pronto marcharon abastecidos con dinero, víveres y más hombres.
  • Para el 27 de febrero, Banderas comisionó a F. Iturbe y Conrado L. Antuna, (oriundo de ese poblado) para que con 200 de tropa, y la cooperación de la tropa rebelde de los hermanos Domingo y Mariano Arrieta, fueran a solicitar la entrega pacífica del pueblo mineral de Topia, Durango, y así evitar un inútil derramamiento de sangre. Pero nada patito. Después de intentar la entrega pacífica de la plaza, mediante la vía parlamentaria, los militares y las fuerzas vivas del poblado abrieron fuego sobre la comitiva que no llevaba la orden de responder y tuvieron que correr para ponerse a salvo, pero fueron acorralados y durante toda la noche los mantuvieron así. Al fin por la madrugada pudieron huir no sin antes dejar ahí a dos compañeros muertos y llevarse a varios heridos.
  • Las fuerzas vivas al verlos huir se reían y se burlaban y así estuvieron por varios días, festejando su victoria, pero el nueve de marzo los revolucionarios ya reforzados volvieron y entonces sí se armó la gresca la bronca comenzó sitiando el pueblo las once de la noche, y pronto se entablaron en un fuego nutrido y fiero.
  • Dos días enteros duró la traquetera y al final los porfiristas no hallaban, hallaban la puerta porque ya los atacaban por un lado y por el otro hasta que algunos ya desesperados empezaron a gritar: ¡YA NO QUEREMOS PELEAR!

De modo que después de muchos esfuerzos y sufrimientos y de horadar algunas de las casas del poblado, los revueltos ocuparon el pueblo.

De todo esto me vine a enterar casualmente hace unos dos días al escuchar el corrido escrito por J. Cuauhtémoc Serrano, de “La Toma de Topia”, el cual, a pesar de que fue publicado por primera vez en julio de 1911, no lo conocía, de hecho, ni siquiera sabía que existía y es toda una crónica de como sucedieron las cosas. Ahí mismo en el corrido se menciona como se tomaron prisioneros a: Santiago Sánchez Román, jefe de la Acordada de Topia, Wenceslao Torres, jefe de la policía local y Ruperto Rodríguez, jefe de las tropas federales en Topia, y bueno después de esa tremenda bronca sí se volvió a enviar una comitiva y esta vez entregaron el pueblo en paz, luego vino la foto con las féminas y tan tan. Y bueno, para que conozcan mejor la crónica aquí tienen el corrido:

Corrido de la toma de Topia
J. Cuauhtémoc Serrano

En mil novecientos once
sucesos tristes pasaron,
la sangre del mexicano
nuestras tierras empaparon.

Todo por un presidente
que, mancillando su honor,
ha derramado imprudente
en vez del bien, el dolor.

Contra él, hoy se levanta
el pueblo todo indignado,
reclamando: “Nuestra santa
Constitución, se ha olvidado”
.

Al grito de un gran patriota,
de don Francisco I. Madero,
soldados del suelo brotan,
con corazones de acero.

Y por doquiera se escucha
en cantares y poesías:
“Madero triunfa en la lucha
y pierde Porfirio Díaz”.


A este Topia querido
el grito alegre llegó:
“Oíd lo que ha acontecido,
escuchad lo que pasó”.


Veintisiete de febrero,
es la fecha memorable,
oyóse el: “¡Viva Madero!”
a las cuatro de la tarde.

Por el norte aparecieron
los maderistas valientes,
y su cuerpo descubrieron
y descubrieron sus frentes.

Por los cordones bajaron:
por el este y occidente,
y en un momento sitiaron
llena de fe aquella gente.

Toditos muy asustados,
se empezaron a esconder,
poniéndose los soldados,
sus puestos a defender.

Y desde luego rompieron
el fuego los porfiristas,
diciendo: “¡Muera Madero!”
y “¡Vivan los gobiernistas!”.

Gritaban los del gobierno,
entre alegres y asustados:
“¡Entren a tomar la plaza,
gorderos y desgarrados!”.


Respondía los sitiadores,
con arrogancia y denuedo:
“¡Pero nunca aduladores,
primos hermanos del miedo!”

“¡Si del susto ya están muertos
y desde lejos los vemos,
nuestros pechos descubiertos,
la libertad defendemos!”.


En la calle de Cuauhtémoc,
los maderistas pasearon
y hasta las casas del centro
los de Madero llegaron.

Toda la noche se oyeron
los gritos y los bombazos,
los vivas al gran Madero,
los cantos y los balazos.

A la mañana siguiente,
siendo imposible el tomar,
ordena Iturbe a su gente
la población evacuar.

Los gobiernistas gritaban
Viéndolos tristes partir:
“No se vayan, que les vamos,
el desayuno a servir”.

“¡Ah! ¡Qué gusto! ¡Les ganamos!”
Los porfiristas decían:
“Dos hombres ya les matamos
Y heridos muchos se irían”.


Iturbe, con sus soldados,
desconsolados se fueron
pero ya muy reforzados,
en marzo nueve volvieron.

A las once de la noche,
el sitio se comenzó,
el fuego nutrido y fiero
dos días enteros duró.

Los porfiristas no hallaban,
cómo la vida salvar,
desesperados gritaban:
“Ya no queremos pelear”.

La tienda La Mexicana,
viendo el fuego tan cerquita,
le da pavor y locura
y asustada “¡Auxilio!” grita.

Gritaban los de la torre:
“No resistimos ya más
a Iturbe, ya nos rendimos
y le pedimos la paz”.

Ruperto Rodríguez era
el jefe de los sitiados
y él fue quien le propusiera
la paz a los pronunciados.

En la Casa Americana
se arregló la transacción,
a las tres de la mañana
se hizo la rendición.

Decía Ramón F. Iturbe,
con su calma no perdida:
“A todos nuestros contrarios
les perdonamos la vida”.


Wenceslao Torres decía,
entre quejas y lamentos:
“¡Yo! El jefe de policía,
sufro en mi alma mil tormentos”.


“Yo creo me van a matar
todos estos revoltosos,
corrimos sin descansar
¡valientes son los miedosos!”


Sánchez Román ¡pobrecito!
suspirando se llevaba;
tan gordo, tan rechonchito,
¡Ay! Cuánta lástima daba.

Los chileros ya no andaban
con las armas de la guerra,
tristes y sólo pensaban
el regresar a su tierra.

En fin, todos los soldados
que defendían a Porfirio;
cabizbajos, demudados,
andaban con gran suspiro.

“¡Adiós!” decía don Ruperto,
“De este Topia me retiro,
el pecho lo llevo abierto
y el corazón dolorido”.


Ese día doce de marzo,
día feliz y venturoso,
las armas de los maderos
cantaron gloria de gozo.

Las calles estaban tristes,
todas las tiendas cerradas,
claraboyas por doquiera,
y cuatro casas quemadas.

Los pobres mucho sufrieron
en esos días de tormento,
muchísimos recibieron
del maderista el sustento.

De esa tragedia de Topia
aquí concluye la Historia;
no la olvidéis, que por siempre
grabada está en la memoria.

¡Salud! Iturbe y Antuna,
mi gratitud os la obligo,
en la desgracia o fortuna,
aquí tenéis un amigo.

Ya parece que se siente
la paz en el patrio suelo,
vuelva a pensar nuestra mente
y a abrirse vuélvase el cielo.

Que no haya odios ni venganzas,
que se proteja al vencido;
que estas tristes remembranzas
las cubra pronto el olvido.

¡Al trabajo, mis hermanos!
que él sea nuestro único abrigo,
estrechando nuestras manos
con afecto leal y amigo.

Que nuestra Patria adelante,
que nuestra Patria progrese,
con el trabajo constante
que a sus hijos enaltece.

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