Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Desaparecidos

Desde 1964 a la actualidad, de las casi 178 mil desapariciones reportadas, más de 73 mil permanecen desaparecidas.

En el transcurso de la semana pasada vivimos un episodio de pánico colectivo por unas terribles publicaciones que circularon en todas las redes sociales advirtiendo sobre secuestros masivos de jóvenes, especialmente mujeres. Estas contenían audios de voz y fotografías de diversos orígenes e, incluso, videos. El mensaje resumido consistía en lo siguiente: criminales en Cuernavaca ofrecían $10,000 pesos por jóvenes de entre 15 y 30 años para prostituirlas, lo que puso en alerta a la población civil en estados de todo el país.

Las publicaciones se viralizaron; relatando modus operandi, denunciando avistamientos de vehículos y personas sospechosas en distintas zonas residenciales. No contaban con respaldo sólido, pero el mismo mensaje de advertencia fue copiado y pegado millones de veces. Algunos gobiernos estatales se pronunciaron descartando la veracidad de los mensajes, afirmando que las fuentes no eran confiables ni la información comprobable. De hecho, uno de los videos que más circularon resultó ser anacrónico y retratar una situación distinta a la que se creía.

Los comunicados de las autoridades surtieron poco efecto para tranquilizar a las personas, lo que no es sorprendente si consideramos que, según encuestas del periódico Reforma, 9 de cada 10 mexicanos creen que la corrupción es frecuente o muy frecuente entre las autoridades de diversos ámbitos del país.

El llamado a no salir de nuestros hogares retumbó en el país, con mucha más fuerza que el llamado a permanecer en cuarentena por la pandemia. Aún no se sabe si fue desinformación, mentiras, o una realidad… pero poco importa. En la realidad que vivimos, se vuelve creíble tal aberración. En el México actual, tristemente, no sorprendería a nadie que la vida de una mujer o un hombre se valorara en diez mil pesos pues, después de todo, nos matan por menos. De la misma manera, no sorprendería que con el aumento de las personas en pobreza moderada- que el CONEVAL estima podría rondar los 7 puntos porcentuales- hubiera personas de baja moral y nulos valores que se prestaran a destruir la vida de familias enteras por obtener esa cantidad que a lo mucho les aseguraría el sustento por un par de semanas.

El miedo y la incertidumbre imperan en las calles cuando nuestras redes sociales se ven plagadas de imágenes de personas desaparecidas y el clamor de sus familiares y seres queridos por encontrarlos con vida. Los familiares y amigos ponen a disposición todos los detalles con los que cuentan con la esperanza de facilitar la identificación: la ropa que llevaba, cicatrices, tatuajes, con quién iba. La denuncia tanto formal como en redes busca activarse lo más rápido posible con la finalidad de aumentar las probabilidades de encontrarlos con vida, pero desafortunadamente en muchos de los casos no sirve de nada.

Hace algunos meses, la Comisionada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas afirmó que el 75% de las desapariciones en México son jóvenes de entre 15 y 30 años de edad, una clara tendencia que refleja que las organizaciones criminales tienen la mira en la juventud mexicana. Desde 1964 a la actualidad, de las casi 178 mil desapariciones reportadas, más de 73 mil permanecen desaparecidas. Si bien parece un rango de tiempo bastante amplio, un alto porcentaje de estas se han dado en los últimos años, pues hasta antes del 2006 se contaba con un registro 1,523 desaparecidos, situación que se detonó a partir de ese año.

Tan solo en lo que va del sexenio de la administración actual, se han denunciado más de 63,500 desapariciones, de las cuales se localizó a 35,653 con vida y 2,352 fallecidos.

La implicación de esta cifra es tremenda, pues relata un panorama en el que más del 40% de los desaparecidos permanecen de esa manera: sin la certeza de su paradero ni un cuerpo que permita aceptar su partida.

Hasta la fecha, 2019 ha sido el peor año, pues se alcanzó un récord de 8,345 desaparecidos. 2020 no ha sido “tan malo” porque se han acumulado 4,960 denuncias de enero a septiembre. Parece una tendencia decreciente, pero no es suficiente… ¡el promedio de estos datos indica que diario desaparecen 18 personas más!  

No merecemos esta situación. Atenta directamente con nuestro bienestar y nuestros derechos humanos. De acuerdo con la SEGOB, el 90% de los desaparecidos se relacionan con el crimen organizado; lo que no da la más mínima tranquilidad a los familiares de los desaparecidos… además de lidiar con la ausencia de su ser querido, viven cada día de su existencia sin saber si se encuentran sufriendo los terribles horrores de ser víctima de la trata de personas o del narco.

En México- junto con las demás economías en desarrollo que sufren de violencia y desapariciones constantes- se vuelve todavía más desgarrador el descubrir la falta de respuesta que suelen tener las autoridades en estos casos. Consecuencia de ello han sido los grupos civiles de familiares de desaparecidos que se organizan para encontrarlos con sus propios recursos y conocimientos, poniendo incluso en peligro sus propias vidas.

Nos enfrentamos a muchos retos: la pandemia del COVID-19 nos agarró mal parados; pues la pobreza y la violencia desconocen de enfermedades y asolan nuestro país aun en momentos difíciles. Hoy debemos cuidarnos entre todos, poniendo nuestro granito de arena por todos aquellos que no sabemos siquiera si siguen entre nosotros.

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