Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Economía circular en las ciudades

Necesitamos gobiernos locales mejor preparados y con una visión distinta

En colaboraciones anteriores he dedicado ya este espacio para abordar el tema de la economía circular. Lo he hecho en tres ocasiones, para referirme a sus orígenes y conceptualización, a su normatividad (Ley de Economía Circular) y a la forma en la que transitarán las empresas de la economía lineal al modelo de economía circular. En línea con el reconocimiento de la importancia que tiene esta nueva forma de producir y convivir, hoy voy a referirme a la economía circular en las ciudades.

Solo para recordar y ponernos a tono, tengamos presente que el modelo lineal, el que se trata de superar, produce toneladas de residuos que en su mayoría no son reciclables, que esos productos consumieron energía en su fabricación y transporte, por lo que tienen una huella de carbono integrada y, que vivimos en un planeta finito, por lo que la producción constante sin la recuperación de desechos tiene un límite físico. En un escenario como este, la economía circular constituye un modelo alternativo ya que plantea reducir el uso de recursos en su producción; extender la vida útil de los productos; maximizar su uso y; asegurar una disposición final adecuada donde se priorice la recuperación de materiales y, cuando se pueda, reincorporarlos al proceso productivo.

En este orden de ideas las ciudades son muy importantes porque, como lo dije antes, en el mundo, más del 50 por ciento de la población vive en zonas urbanas y para 2045, la población urbana mundial aumentará en 1.5 veces hasta llegar a 6 mil millones de personas. En México, con datos del Censo de Población y Vivienda 2020, se sabe que cerca de dos terceras partes de la población vive en localidades de 15 mil habitantes o más, y la mitad de la población nacional vive en ciudades de 100 mil habitantes o más. Junto con ello, se conoce que en México se generan aproximadamente 100 mil toneladas de residuos sólidos urbanos (RSU) por día. Estos además muestran una tendencia creciente mientras que cada vez hay menos sitios de disposición final, es decir un espacio donde se puedan depositar los residuos sólidos de una ciudad después de haber recibido determinados tratamientos.

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En materia de economía circular las ciudades son también un foco de atención porque ellas son responsables del consumo del 75% de los recursos naturales, 66% de la energía producida y 54% de los materiales del mundo, y se espera que para 2050 consuman el 80% de los alimentos disponibles. Adicionalmente, las ciudades emiten entre el 50% y el 80% de los gases de efecto invernadero globales y generan la mitad de los residuos sólidos del planeta. La inclusión de las ciudades en los procesos de economía circular debe en consecuencia responder a las siguientes interrogantes:

  • ¿Por qué se necesita un cambio en las ciudades?
  • ¿Por qué las ciudades son centros de cambio y cuál es el rol de los gobiernos municipales?
  • ¿Qué pueden hacer los formuladores de políticas públicas urbanas para aprovechar las oportunidades de la economía circular?
  • ¿Cuáles instrumentos de políticas públicas urbanas pueden hacer posible la transición hacia la economía circular en ciudades?
  • ¿Cómo la cultura y el abordaje de los gobiernos municipales pueden apoyar esa transición?
  • ¿Cuáles oportunidades de la economía circular resuelven cuestiones claves de los sistemas urbanos?
  • ¿Cuáles son los posibles beneficios económicos, ambientales y sociales?

Se considera que las ciudades, los municipios o los ayuntamientos constituyen el corazón de la economía circular y en ellos deberían, quizá antes que en cualquier otra parte, implementarse estrategias o iniciativas de economía circular. De acuerdo con Paula Chamas, quien escribió un artículo titulado ¿Cómo aplicar una estrategia de economía circular en mi ciudad?, estas iniciativas deberían iniciarse:

  1. Desplegando sistemas de recolección de residuos con separación de materiales, eficientes y cómodos para los usuarios.
  2. Creando desincentivos a la producción de residuos: ciudades como BarcelonaBerlín o Singapur tienen esquemas de impuestos a la recolección de basura que penalizan el volumen de basura generada o el volumen de fracción no reciclable. Esto genera un incentivo en los hogares para reciclar todo lo que sea reciclable, y evitar residuos innecesarios.
  3. Incentivando comercios que apoyen esquemas de economía circular, con impuestos diferenciados a empresas de reparación de productos y extensión de la vida útil.
  4. Promoviendo centros de innovación público-privados que identifiquen oportunidades clave de economía circular en la región.
  5. Focalizando esfuerzos en sectores de alcance urbano. Por ejemplo, el desperdicio de alimentos es un sector fácilmente tratable a escala urbana, con la promoción de bancos de alimentos, que permitan aprovechar productos en buen estado que ya no sean vendibles en el mercado.
  6. Planificando las ciudades ya que en aquellas que integran los principios de la economía circular, hay más proximidad entre los sitios donde uno vive, trabaja y se divierte. El aire se vuelve más limpio a medida que los vehículos se convierten en máquinas de emisión cero, la congestión del tráfico se reduce y se incrementa la locomoción compartida. Más personas caminan y pedalean al trabajo. Tierras valiosas, que antes eran calles y aparcamientos son liberadas para zonas verdes, comercio, oficinas, casas y recreación.
  7. Diseñando las ciudades ya que paralelamente a la planificación urbana, los principios de la economía circular se incorporan a la infraestructura, vehículos, edificios y productos, los que son diseñados para que sean durables, adaptables, modulares y fácilmente mantenidos y resignificados. En este caso, los materiales son inofensivos, adquiridos localmente y provenientes de fuentes renovables y se los puede compostar, reciclar y reutilizar. Las ciudades son alimentadas por energía renovable.

Según el Banco Mundial, los gobiernos municipales en los países en vías de desarrollo suelen destinar entre el 20% y el 50% de su presupuesto al manejo de residuos sólidos urbanos, por lo que promover la circulación de materiales y reducir la generación de desechos a través de procesos productivos circulares, disminuiría la carga sobre los sistemas para el manejo de residuos sólidos urbanos. De esta manera, se liberarían recursos que los gobiernos locales podrían dedicar a la provisión de otros bienes y servicios estratégicos para el desarrollo de sus ciudades. Un reporte reciente de McKinsey Center for Business and Environment estima que, en Europa, una transición hacia ciudades circulares en los próximos 30 años podría reducir los costos de movilidad de la población en un 50% o más, los costos de alimentos entre el 25% y el 40%, y los costos de vivienda entre el 25% y el 35%. Además, la transición hacia la economía circular en el viejo continente permitiría una reducción de hasta 48% en las emisiones de CO2 durante la próxima década (adaptado de Economía circular, ciudades circulares: una alternativa sostenible para América Latina y el Caribe. https://blogs.iadb.org/ciudades-sostenibles/es/ciudades-circulares-economia-circular-sostenibilidad-urbelac-europa-america-latina-caribe/).

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¿Qué tanto ha avanzado la economía circular de las ciudades en el mundo?

De diversas formas, en el mundo, en las ciudades se empieza a manifestar el impulso de las estrategias e iniciativas de economía circular. En algunas se han diseñado políticas públicas, planeado inversiones y evaluado el avance de la ciudad de acuerdo con sus objetivos de circularidad en el largo plazo. Este es el caso de ciudades como Ámsterdam, Ciudad del Cabo, Copenhague, Londres, Seúl, o Tel Aviv. En otras, como Berlín, París o Toronto, se ha optado por planear y diseñar infraestructuras verdes con criterios de circularidad. En estas ciudades, el diseño de equipamientos e infraestructura urbana pone especial énfasis en la recuperación de materiales una vez acabada la vida útil del activo en cuestión.

La ciudad de Austin se ha enfocado en promover la circulación de materiales de desecho para su reúso y transformación en bienes mercadeables, Milán ha mostrado cómo una ciudad puede rediseñar sus sistemas de producción y distribución de alimentos para reducir el desperdicio de nutrientes y maximizar el valor aprovechable de los desperdicios, mientras que en Calcuta, el gobierno nacional, el gobierno local y el sector privado han unido esfuerzos para diseñar y poner en marcha un programa piloto de autobuses impulsados por biogás, que a su vez es generado a partir de estiércol de vaca.

En América Latina y el Caribe (ALC) todavía son pocas las ciudades que forman parte de esta tendencia. Sin embargo pueden ya destacarse los casos de Belo Horizonte, en Brasil, con su programa de Centros de Reacondicionamiento de Computadores y el de la comuna de Providencia en Chile con su Fábrica de Innovación. En un esfuerzo por fomentar la transición hacia ciudades circulares y sostenibles en América Latina y el Caribe, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Europea llevaron a cabo en 2019 la cuarta edición de la red de ciudades “Urban European and Latin American and Caribbean Cities” (URBELAC 4), que es una red de ciudades cuyo propósito es apoyar a los gobiernos locales de ALC y Europa a afrontar los desafíos sociales, productivos y ambientales derivados de sus procesos de urbanización. En las cuatro ediciones que se han realizado de este evento han participado, de México, las ciudades de Guadalajara y Hermosillo. Esta última, en la más reciente edición, presentó su sistema para el tratamiento y reúso de aguas residuales.

Incorporar a los Planes de Desarrollo Municipal el impulso de las estrategias de la economía circular es importante si se considera, como lo plantea la ELLEN MACARTHUR FOUNDATION, que la implementación de una visión de economía circular en las ciudades puede conllevar enormes beneficios económicos, sociales y medioambientales. Puede estimular el surgimiento de una:

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  • Ciudad próspera, en la cual la productividad económica aumente a través de una menor congestión, de eliminar los desechos y menores costes; y donde las nuevas oportunidades de crecimiento y de negocios puedan apoyar el desarrollo de habilidades y a los trabajos;
  • Ciudad habitable, con una mejor calidad de aire y salud urbana, con una reducción en emisiones de carbono y contaminación, y con mejores interacciones sociales;
  • Ciudad resiliente, que mantenga los materiales en uso y reduzca las presiones sobre los materiales vírgenes; y que trabaje con capacidad de producción local y distribuida, y que aproveche la tecnología digital.

Referencias

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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