Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Economía circular. Una nueva forma de producir y convivir

La Economía Circular es una mesa de tres patas, de modo que para que haya escala, impacto ambiental, mercado y trabajo de calidad, tienen que estar presentes las organizaciones de recicladores, las empresas privadas y el Estado.

La semana pasada se publicó el libro LA ECONOMÍA CIRCULAR Y LA RESILIENCIA DE LAS CIUDADES: Iniciativas innovadoras para una mejor calidad de vida. Se trata de una publicación coordinada por Marcela Mondino y Luciano Crisafulli, cuyos autores son Romina Da Re, María Belén Daghero, David Groisman, Soledad Mantero Álvarez, Yanina Paula Nemirovsky, Daniel Parisi, Estrella Peinado Vara, Florencia Rojas, Álvaro Soldevila, Alejandra Torres y Adriana Turek. A decir de sus creadores, esta iniciativa implicó el trabajo conjunto de instituciones públicas, privadas y del tercer sector, con la finalidad de posicionar la Economía Circular, acudiendo a la palabra de [email protected] internacionales y dando visibilidad a iniciativas innovadoras que están cambiando la realidad de las ciudades y contribuyendo a una mejor calidad de vida.

Con la finalidad de aportar a la debida valoración de la Economía Circular, presento en este espacio un apretado resumen de la mencionada obra, destacando aspectos relacionados con la justificación de la existencia de este nuevo paradigma en la ciencia económica, sus orígenes, definición, implicaciones y relevancia. Aclaro que este ordenamiento no aparece en la obra y se trata de una aportación personal para contribuir al estado del arte sobre el tema en cuestión. Además, en el análisis que enseguida se presenta, se incorporan reflexiones personales y de autores no considerados en la citada obra.

¿POR QUÉ SURGE LA ECONOMÍA CIRCULAR?

La Economía Circular ha surgido en un contexto de crecimiento continuo de la población urbana, que ha venido acompañado de nuevos patrones de consumo y producción, por lo que las ciudades sufren los efectos de una cantidad cada vez mayor de residuos y desechos. De acuerdo con el Banco Mundial, en el mundo, más del 50 por ciento de la población vive en zonas urbanas y para 2045, la población urbana mundial aumentará en 1.5 veces hasta llegar a 6 mil millones de personas. En México, con datos del Censo de Población y Vivienda 2020, se sabe que cerca de dos terceras partes de la población vive en localidades de 15 mil habitantes o más, y la mitad de la población nacional vive en ciudades de 100 mil habitantes o más. Junto con ello, se conoce que en México se generan aproximadamente 100 mil toneladas de residuos sólidos urbanos (RSU) por día. Estos además muestran una tendencia creciente mientras que cada vez hay menos sitios de disposición final, es decir un espacio donde se puedan depositar los residuos sólidos de una ciudad después de haber recibido determinados tratamientos.

Se observa que el modelo productivo utilizado a lo largo del siglo XX y en lo que va del actual, nos ha llevado a una situación que se caracteriza por el calentamiento global, la destrucción del ambiente y el agotamiento de los recursos. Los procesos de producción se han caracterizado por la secuencia extracción-consumo-desecho, pero esta se ha vuelto insostenible, lo que hace necesario un cambio profundo en nuestra manera de hacer las cosas. No se trata precisamente de una oportunidad, sino de una responsabilidad, de una obligación de transitar hacia un crecimiento económico desligado del consumo irresponsable de recursos.

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¿DESDE CUÁNDO EXISTE?

Emilio Cerdá y Aygun Khalilova, investigadores españoles, consideran que la primera referencia a la idea de Economía Circular apareció en 1989 en el libro Economics of Natural Resources and the Environment, de la autoría de D. W. Pearce y R. K. Turner. El capítulo II de este libro lleva por título “La Economía Circular”. Se trata sin embargo de un concepto que se ha venido ampliando y mejorando con el paso del tiempo, de tal modo que hay quienes consideran que Ellen MacArthur y su fundación creada en 2010, han sido piezas claves para la concreción, difusión y penetración del concepto, sobre todo a partir de la publicación, en 2012, del reporte titulado Hacia la Economía Circular: Racionalidad económica y de negocios para una transición acelerada.

Se considera también que la Economía Circular se ha nutrido de otros conceptos y escuelas del pensamiento, tales como la Filosofía del diseño cradle to cradle de Donough (2002), el Estudio de la naturaleza y su adopción por medio de la biomimesis de Benyus (1997), la Ecología industrial de Lifset & Graedel y, el capitalismo natural de Amory, Lovins & Hawken (1999), entre otras.

¿QUÉ ES LA ECONOMÍA CIRCULAR?

La Economía Circular es un modelo de desarrollo económico global que propone la implementación de ciclos cerrados de producción, restaurativos y regenerativos, en los que se produzca un desacoplamiento del consumo de recursos naturales finitos y no renovables (1). El concepto de circularidad se basa en extraer–producir–consumir–reutilizar/regenerar/remanufacturar/reciclar. El objetivo estratégico que propone el nuevo modelo económico tiene que ver fundamentalmente con la reducción en la generación de residuos y el uso eficiente y sustentable de los recursos naturales (2).

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Debe entenderse que la transición hacia una economía circular no se limita a ajustes que reducen los impactos negativosde la economía, sino que representa un cambio sistémico. Ella construye resiliencia a largo plazo, genera oportunidades económicas y de negocios, proporciona beneficios ambientales y sociales (3).

Cuando se introduce un modelo circular, se tiene en cuenta que los materiales no son un desecho una vez utilizados, sino que pueden (según sus características) reintroducirse en los procesos productivos o ser materia prima de otros procesos. Por ello, el concepto tradicional de las 3R se amplía proponiéndose, por parte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la consideración de 7R. Estas son Repensar, rediseñar y reducir: minimizar la generación de residuos y la contaminación desde la etapa de diseño de los productos; Reusar: favorecer el diseño y la producción de mercancías modulares y de usos múltiples. Favorecer la proliferación de modelos de economía colaborativa; Reparar: priorizar el mantenimiento sobre el reemplazo; Reciclar: favorecer la separación y reciclaje de desechos. Producir en ciclo cerrado incorporando materiales reciclados en procesos de remanufactura y; Recuperar: regenerar recursos y sistemas naturales. Maximizar el aprovechamiento energético de los desechos producidos (4).

En consecuencia, la Economía Circular remite a un nuevo paradigma sobre el consumo y la producción de materiales, pero también sobre la gestión integral de residuos (en todas sus formas: domiciliarios secos y húmedos, industriales, peligrosos, etc.). Obviamente esto requiere de un proceso de transición que deberá estar acompañado de un cambio sistémico en la gestión, organización y funcionamiento de las ciudades, con un involucramiento de la ciudadanía abierta a cambiar sus hábitos y con participación de los sectores privado y público para llevar a cabo acciones que faciliten la implementación de las 7R propuestas.

La Economía Circular, además, propone la gestión de materiales en dos ciclos: el biológico y el tecnológico, entre los cuales se dividen el consumo y utilización de materias primas vírgenes y la manufactura de otros productos cuya recuperación puede darse por diversos caminos.

Mientras que en el ciclo biológico se busca la regeneración y retorno a la naturaleza de materiales vírgenes a través de procesos de digestión anaeróbica o compostaje, en el ciclo tecnológico se pretenden la reutilización, el mantenimiento, la refabricación y el reciclaje en ciclos cerrados. La prioridad del tipo de tratamiento a realizar en el ciclo tecnológico dependerá del material y el consumo energético (5).

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Florencia Rojas y David Groisman, en el apartado ECONOMÍA CIRCULAR: UNA OPORTUNIDAD ESTRATÉGICA, de nuestro libro de referencia, precisan que en el modelo de Economía Circular no se trata únicamente de cerrar ciclos de uso y consumo de materiales naturales o artificiales; se trata, además, de ciclos energéticos, eficiencia en el uso de recursos naturales, rediseño de productos, uso de energía de fuentes renovables y hasta adaptación y modificación de modelos de negocio, entre otras cosas.

Plantean también que algunas acciones que pueden ser utilizadas para impulsar las iniciativas de implementación de la Economía Circular, tienen que ver con el rediseño de nuevos productos que, finalizada su vida útil, puedan reutilizarse, reciclarse, etc.; el uso de materiales reciclados para la elaboración de nuevos productos; el diseño de modelos de negocio circulares, cambiando los procesos de producción y consumo actuales a otros sustentables; el análisis de las cadenas de valor y ciclos de vida de productos para evitar y controlar pérdidas de materiales o energéticas; la puesta en práctica de procesos colaborativos, como la simbiosis industrial, que busca el continuo intercambio de energía y materiales en parques o polígonos industriales; el desacoplamiento de recursos naturales, que busca incrementar el desarrollo y la producción utilizando menos recursos naturales vírgenes y disminuyendo el impacto ambiental negativo; el rediseño de productos y procesos productivos para disminuir y/o eliminar desechos y emisiones de gases de efecto invernadero; la regeneración de procesos naturales mediante el compostaje y la devolución a la tierra de materiales orgánicos; la producción de energías alternativas como el biogás; el desarrollo de normativa adecuada y políticas públicas sobre economía circular y; la promoción de la innovación verde, que consiste en procesos, métodos de comercialización, estructuras organizacionales, arreglos institucionales nuevos o con mejoras significativas que conducen a mejoras ambientales en comparación con las alternativas relevantes.

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¿QUÉ IMPLICACIONES TIENE LA ECONOMÍA CIRCULAR?

La Economía Circular es un tema que no tiene ver exclusivamente con la producción de bienes, sino que implica también aspectos legales, culturales, educativos y de políticas públicas. Debe pues entenderse en un sentido amplio. Se trata de hacer un replanteamiento sustancial que incluya el diseño y la implementación de políticas públicas que acompañen cambios en el modo de producir, en los patrones de consumo y en los hábitos de la ciudadanía.

El primer desafío se inserta en definir los valores que se consideran al tomar la decisión de invertir. Cuando prima exclusivamente la rentabilidad en la producción del bien o en la prestación del servicio, la primera y casi exclusiva consideración es la económica, por lo tanto, si esa inversión generará, a futuro, dignidad humana o protección del ambiente, no se tendrá en cuenta en la valoración, porque lo que ordena las decisiones es la rentabilidad. En cambio, si la inversión es definida desde la obtención de rentabilidad a partir de la generación de bienes útiles para la sociedad, a la valoración económica se suman las ponderaciones éticas (acceso a la dignidad humana) y biológicas (regeneración del medio ambiente).

Son partícipes de esta nueva forma de producir varios actores. Las grandes empresas, que son las generadoras de residuos, son a la vez las que tienen la capacidad para comprarles a las cooperativas el material recuperado que se convierta en la materia prima para fabricar nuevos productos. El Estado, a su vez, tiene la capacidad de crear y regular el circuito circular a través de políticas públicas. Los autores de LA ECONOMÍA CIRCULAR Y LA RESILIENCIA DE LAS CIUDADES consideran que la Economía Circular es una mesa de tres patas, de modo que para que haya escala, impacto ambiental, mercado y trabajo de calidad, tienen que estar presentes las organizaciones de recicladores, las empresas privadas y el Estado.

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Para que la Economía Circular se implemente plenamente y cumpla con su cometido, es necesario el trabajo colaborativo de los sectores público, privado y académico. Desde el sector público, es necesario contar con políticas públicas, estrategias y marcos normativos que impulsen la transición circular, que busquen el desacoplamiento de recursos naturales –usar menos materiales vírgenes en procesos productivos, manteniendo el crecimiento económico y disminuyendo los impactos ambientales– y el uso de energías alternativas. Desde el sector académico, se requiere profundizar en la investigación y el desarrollo de nuevos instrumentos y herramientas para la implementación de estos modelos y, desde el sector privado, el compromiso está en implementar el cambio. Las empresas que han puesto en práctica este sistema aprecian sus ventajas ya que resulta más rentable reutilizar los recursos que crearlos desde cero y los costos de producción se reducen, por lo tanto, también los precios de venta, beneficiando así al consumidor.

La Economía circular propicia también una mayor inversión en I+D+i particularmente en temas medioambientales, genera un mayor número de empleos y mayores retornos a corto plazo. Además, permite un mayor ahorro de costos a largo plazo, en comparación con los paquetes de estímulo fiscal tradicional. Un enfoque circular no solo puede hacer a las economías de la región más resilientes, sino que también puede dar mejores resultados en términos de reactivación empresarial y de empleo. Según estimaciones recientes, los modelos de economía circular pueden proporcionar un valor de 4.5 billones de dólares de aquí al 2030 (6), evitando el desperdicio, haciendo a las empresas más eficientes y creando nuevas oportunidades de empleo.

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Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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