Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Ecoturismo, salvavidas para el sector

El ecoturismo no nos limita, tan solo nos permite disfrutar desde la consciencia de nuestra huella en el planeta de tal manera que nuestro disfrute no le cueste años de vida a la humanidad o al planeta en su totalidad.

El sector turístico fue sin duda uno de los más golpeados por la pandemia, el cierre de fronteras y el distanciamiento social. En el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial del Turismo (OMT), el turismo internacional se desplomó entre 70 y 75%, lo que representó pérdidas de al menos 174 millones de empleos en el mundo. La necesidad de regulaciones, ajustes y medidas para contener los contagios terminaron en importantes afectaciones para aquellos países cuya economía se relaciona de manera importante con el turismo, como es el caso de México, en donde el sector solía aportar entre el 8.2 y 8.7 del Producto Interno Bruto (PIB). No obstante, en 2020, esta cifra descendió a 6.7% por primera vez en más de una década. No fue sorpresa para nadie, pues el Consejo Nacional Empresarial Turístico estimó que dejamos de recibir ¡más de 20 millones de turistas extranjeros! Casi la mitad de lo que recibimos el año anterior, cuando no podíamos si quiera concebir que la humanidad pasaría por las crisis que hemos logrado sobrellevar.

Ahora que más del 65% de las personas cuentan con al menos una dosis de vacuna, pareciera que no podemos esperar a que vuelva la normalidad. Muchos, ni siquiera están dispuestos a dejar ir lo que solía ser antes de la pandemia y pretenden aferrarse a patrones de consumo que no son sostenibles, aunque parezcan cómodos y cotidianos. Nos encontramos ante un punto de inflexión, que podemos decidir o no tomarlo tanto de manera colectiva como individual. Uno de los ajustes que podemos hacer, es en el turismo, ese añorado sector de la economía que al fin vuelve a ver la luz al final del túnel: tan solo en enero, se observó una recuperación de visitantes de 21% en comparación al año anterior que ha despertado esperanzas en las personas que viven de actividades económicas relacionadas. Si bien se vislumbra la recuperación, parece también una realidad que el turismo aun no alcanzará los niveles prepandemia, lo que señala una ventana de oportunidad ideal para innovar y transitar a una nueva mentalidad más sustentable y de provecho.

Esta innovación a la que me refiero no consiste en desarrollo tecnológico ni algo que sea realmente desconocido para nosotros. De hecho, por muchísimos años, era la manera en la que convivíamos con el ambiente, antes de capitalizarlo y volverlo un frío negocio: el turismo sustentable, que busca viajar a áreas naturales para disfrutarlas y apreciarlas sin perturbarlas ni transformarlas. Consiste en el turismo sin contradicciones, en el cual coexisten la comodidad y el disfrute de nuestros tesoros naturales sin el daño a los seres vivos que en ellos habitan, incluyendo a las comunidades locales. Se trata también de pensar en el largo plazo, para que las nuevas generaciones puedan también aprovechar de aquello que tanto nos fascinó.

Entre las muchas incoherencias en las que llegamos a caer los seres humanos, destaca nuestra forma de viajar. Nos encanta un lugar y su riqueza natural, tanto que deseamos regresar a él a disfrutarlo con nuestros seres queridos y para ello… lo transformamos hasta que pronto ya no se parece en nada a lo que en algún momento nos fascinó, ampliando el desarrollo urbano con ávido expansionismo a costa de la vida. El ecoturismo, también llamado Turismo de Naturaleza, es una tendencia que nos recuerda la importancia de admirar la belleza sin necesidad de aniquilarla o poseerla, de disfrutar con consciencia y sacar el máximo provecho a nuestro descanso.

Además de ser responsable con el ambiente y respetuosa con las culturas, una de las grandes ventajas de esta modalidad de turismo es que hace a los miembros de las comunidades de la región pilares y partícipes del desarrollo, compartiendo sus tesoros, ofreciendo sus productos y servicios para los visitantes de tal manera que dejan de ser meros espectadores de un desarrollo excluyente para volverse protagonistas de un crecimiento económico y social incluyente.

Entre las actividades de ecoturismo más habituales, destacan las de la observación; de ecosistemas, de fauna, de flora, de fenómenos naturales o geológicos y del cielo. En ellas, los visitantes pueden sumergirse en su entorno y contemplar la belleza en su estado salvaje sin perturbarla, eso sí, con las medidas de seguridad adecuadas. También se encuentran opciones para explorar y practicar senderismo, escalando formaciones rocosas o disfrutando de bosques y selvas a pie o en bicicleta. Como resultado, el turismo natural ¡es bueno para la salud! Nos activa, nos hace dejar atrás el sedentarismo de la rutina para probar experiencias nuevas que podrían llevarnos a descubrir nuevas pasiones.

El ecoturismo no nos limita, tan solo nos permite disfrutar desde la consciencia de nuestra huella en el planeta de tal manera que nuestro disfrute no le cueste años de vida a la humanidad o al planeta en su totalidad. Dado que se considera la sostenibilidad de los destinos y alojamientos entre las tendencias en el turismo para 2022, implementar prácticas sustentables en la infraestructura turística existente al tiempo que se crean alternativas de mayor bienestar general, puede ser una de las claves para reactivar un sector tan crucial para nuestro país y el mundo… pero, esta vez, sin la necesidad de destruir y colonizar.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

Comentarios

Recientes

Ver más

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo