Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

El crono-urbanismo, la solución al problema de las ciudades

La ciudad de los 15 minutos propone un desafío orientado en este sentido, lo cual, adicionalmente, permitiría adaptar nuestro estilo de vida, de consumo y de desplazamiento a uno más amigable con el medio ambiente al reducir las emisiones urbanas de carbono.

Vivir en una gran ciudad conlleva retos tan enormes como las oportunidades. Por un lado, el paraje urbano pone a nuestra disposición una increíble oferta de servicios y productos que difícilmente se encuentran en asentamientos humanos más pequeños. Por el otro, debemos compartir territorios limitados entre cantidades cada vez más numerosas de personas, lo que afecta la disponibilidad de espacios y servicios. Los pros y contras de habitar una gran urbe se debaten constantemente, creando relaciones de amor y odio con sus pobladores.

En México, tenemos algunas de las áreas metropolitanas más pobladas de toda América Latina. La lista es encabezada por la Ciudad de México, con Guadalajara en octavo lugar y Monterrey en décimo, además de zonas que se encuentran en rápido crecimiento. El costo de vivir en estas ciudades va más allá de un valor de suelo en promedio más elevado que en zonas rurales, el verdadero precio lo terminamos pagando con una moneda de cambio inigualable: el tiempo. Mientras más grande es la ciudad, más minutos nos cuesta trasladarnos dentro de ella.

La Ciudad de México, considerada la capital económica y política de nuestro país, es el mejor ejemplo de esta situación.

Un estudio de la agencia de investigación De la Riva Group efectuado en 2016, nos reveló las aterradoras cifras del tiempo promedio que invierten los capitalinos para desplazarse de ida y vuelta a sus lugares de trabajo: 23 horas al mes si se trasladan en auto, 46 si utilizan el transporte público. Esta realidad es preocupante e impacta directamente en el bienestar humano, ¡cada mes, en la Ciudad de México, las personas perdían entre 1 y 2 días de sus vidas!

Seguimos expandiéndonos a un ritmo cada vez más acelerado, sin gran consideración por la planeación y el desarrollo urbano. Aunque la capital es el epítome de este fenómeno, cada vez más ciudades se acercan a realidades similares caracterizadas por embotellamientos, altos tiempos de traslado y una desconexión total de sus hogares, considerados más lugares de pernocta que la sede de su vida cotidiana.

Ahora, después de la pandemia que comenzó en 2020, hemos descubierto nuevas formas de hacer las cosas que nos han permitido trasladar un alto porcentaje de nuestros trabajos a casa, reduciendo la necesidad de traslados rutinarios. No obstante, esta situación no aplica para todas las profesiones ni soluciona de manera permanente la problemática. Cada vez seremos más en espacios más reducidos.

La respuesta se encuentra en la planeación de la vida urbana, en una concepción distinta de las ciudades donde el espacio y el tiempo converjan a nuestro favor para desarrollar nuestros días con mayor bienestar donde cada minuto cuente.

Es en esto que se basa el crono-urbanismo, una nueva utopía en la que el urbanismo se orienta para aprovechar el tiempo y recuperar la armonía de las comunidades: donde se pueda vivir, trabajar y socializar dentro de los mismos espacios sin tener que recorrer la ciudad de pies a cabeza.

La ciudad de los 15 minutos propone un desafío orientado en este sentido, lo cual, adicionalmente, permitiría adaptar nuestro estilo de vida, de consumo y de desplazamiento a uno más amigable con el medio ambiente al reducir las emisiones urbanas de carbono. De acuerdo con su creador, el urbanista colombo francés Carlos Moreno, las ciudades podrían descentralizarse para establecer pequeños centros o corazones en espacios pequeños que permitan a sus habitantes satisfacer, sin alejarse de sus hogares, las seis funciones sociales urbanas esenciales: habitar, trabajar, aprovisionarse, cuidarse, aprender y descansar. En lugar de contar con zonas divididas para el trabajo, el ocio y la vivienda, se plantea diseñar áreas donde todo pueda encontrarse a menos de 15 minutos, ya sea a pie, en bicicleta o transporte público.

De esta manera, además de los beneficios ya planteados, se podrían fortalecer los lazos de proximidad de los habitantes con su comunidad y sus espacios en una relación simbiótica más sana. De lograrse, se vería un impacto incluso en el crimen, pues este suele distribuirse en zonas cuyo uso de suelo es primordialmente comercial, situación que podría dificultarse de redistribuir adecuadamente los espacios y los modos de convivir con nuestros territorios.

Si bien el crono-urbanismo se considera aún un sueño lejano por todo el esfuerzo que implicaría generar una estrategia integral que permita cambiar nuestra forma de vida, hay ciudades en el mundo que se encuentran ya desarrollando propuestas concretas para lograrlo a través de innovaciones simultáneas que impacten en lo ecológico, económico y social. Entre ellas, se encuentran algunas de las principales ciudades del mundo como Barcelona, Detroit, Londres y Melbourne.

En México, podríamos comenzar a pensar hacia ese futuro. No podemos seguir construyendo segundos, terceros y cuartos pisos, ni basta con construir torres de departamentos cada vez más altas. Urge pensar en términos de desarrollo social y calidad de vida, recuperando una noción que parecemos haber olvidado: el tiempo es oro.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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