Reflexiones

Leónidas Alfaro Bedolla

El día de la fundación de San Miguel de Culiacán

Aquel 29 de septiembre de 1531, Nuño Beltrán de Guzmán montado en brioso caballo blanco se dirige, sin saberlo todavía, hacia El Navito, lugar que elegirá para fundar una más de las villas de la Nueva Galicia. La fiereza de su rostro contrasta con la finura de su ajuar, no así, la acerada armadura y su espada, espada con olor a muerte.

Aquel 29 de septiembre de 1531, Nuño Beltrán de Guzmán montado en brioso caballo blanco se dirige, sin saberlo todavía, hacia El Navito, lugar que elegirá para fundar una más de las villas de la Nueva Galicia. La fiereza de su rostro contrasta con la finura de su ajuar, no así, la acerada armadura y su espada, espada con olor a muerte.

 Marcha acompañado por dos capitanes con similares presencias pero de menor lucimiento, armados con arcabuces y espada. Diez metros delante avanzan cuatro soldados tocando tambores con ritmo lento, acompasado, y cuatro de trompeta que de cuando en cuando, imponen un sonar agudo, penetrante; todo ello aviva el ánimo del contingente, e impone el terror de los invadidos que los observan desde la espesa selva. Más adelante dos soldados con estandartes, uno con el escudo que anuncia La corona del Reino de Carlos V y el otro a la Iglesia Católica. Y más adelante, el capitán vedor, acompañado de diez soldados armados con ballestas; asombrados por lo impresionante del paisaja, atentos escudriñan, huelen y oyen.

Atrás del capitán en jefe, montados en mulas van cuatro clérigos que se distinguen por sus sotanas y aspecto indiscutible. Todo el conjunto se aprecia impresionante, más por indios prisioneros que amarrados con sogas, marchan sufriendo por llagas que supuran sangre de orejas, narices cercenadas y frentes herradas. Entre cada cinco esclavos, va un soldado con lanza; forman una valla que encierra a 240 soldados: 120 de a caballo y 120 de a pie, todos armados con arcabuces y espadas.

Nuño Beltrán de Guzmán era capitán presidente de las Audiencias del reino, estaba bajo las órdenes del Capitán general de México: Hernán Cortes. Guzmán en lugar de ocuparse de sus obligaciones, decidió lanzarse a la conquista de la Nueva Galicia, aprovechando que su jefe se encontraba en España atendiendo el llamado del Rey.

Ayapín es el jefe guerrero de los Tebacas, Pacaxes, Sabaibos, Achires y Tahues. En la víspera de aquel 29 de septiembre de 1531, se había reunido con los jefes de cada etnia, para vigilar la llegada de los invasores, el acuerdo fue estar atentos a sus movimientos, y en caso necesario defenderse. Distribuidos estratégicamente, son sigilo, siguieron el avance de Nuño Beltrán de Guzmán y sus huestes. Armados con arcos, flechas, lanzas y con cuernos de toro y flautas de carrizo, para intercambiar señales camufladas con sonar de animales y pájaros; los indios miraban con estupor el paso del   contingente español; Impresionados, vieron con lástima a los rehenes que caminaban agachados, adoloridos por aquellas heridas tan terribles. Esas imágenes los tensó más.

El capitán vedor hizo alto poco antes de llegar al pueblo de El Navito, con cautela se acercó a los pocos pobladores que les miraban asombrados y temerosos. Un clérigo que hacía de intérprete, acompañado de cuatro soldados llegó ante ellos, y les explicó. En menos de una hora, se limpió un gran espacio y Nuño Beltrán de Guzmán y sus principales, enarbolando los vistosos pendones del reino y la iglesia, y lanzando la vista hacia el inmenso valle; inició la ceremonia.

Por orden de nuestro Rey Carlos V, y el mandato divino de nuestra Santa Iglesia Católica. Hoy, 29 de septiembre de 1531, declaro fundada La villa de San Miguel de Colhuacan. Haciendo saber a vosotros que todo este valle, ese río –se refirió al río San Lorenzo que pasaba cerca de ahí-, y todo lo que se mire en este basto y rico territorio, queda bajo el poder de nuestro reino. ¡Dios salve al Rey Carlos V!

Acto seguido se dieron a conocer los nombres de quienes se quedarían para hacer cumplir la misión de la conquista. Uno a uno, fueron pasando al frente los ungidos. Mando militar: capitán Lázaro de Cebreros, mando clerical: Capellán Juan de Labastida, administrador Diego de Mendoza; siguieron otros de apellidos: Ibarra, Baeza, Tovar, López, Utrera, Álvarez, Alcaraz, Cordero y Ávila.

En los días siguientes se desplazaron grupos; uno de los más grandes quedó en el vértice entre los ríos Humaya y Tamazula, muy cerca de la aldea donde vivían Ayapín y su familia.

Nuño Beltrán de Guzmán con la mitad de soldados, regresó a México. Un año después, por mandato del Rey, fue juzgado y encarcelado por ser uno de los más desalmados y ambiciosos de los capitanes del reino.

En los siguiente días, los encargados de la misión española, intensificaron la rapiña, y la esclavitud de aborígenes para enviarlos a México; allá los vendían. En un ataque, el padre de Ayapín al defender el secuestro Flor de Capomo, mujer de Ayapín, fue asesinado; ella, junto con el resto de la familia fue hecha prisionera.

 El guerrero reaccionó de inmediato; una noche sin luna, atacó el destacamento español y rescató a su mujer; desde ese momento se convirtió en un renegado temible; con sus guerreros atacó durante más de siete años a los invasores,  les quemaba las trojes, recuperaba ganado, caballos, armas, y en los enfrentamientos mató cientos de soldados españoles. Varios capitanes fueron derrotados: Francisco de Ibarra, Juan de la Cabada, Hernán de la Toba y otros. Fue Francisco Vázquez de Coronado quien detuvo al aguerrido Tahue Culichi; lo mandó sacrificar ante la aterrada mirada de su pueblo; fue descuartizado por cuatro caballos que corrieron asustados por las calles y callejones de Colhuacan, dejando esparcida la sangre que fundó la injusticia y la violencia que hasta hoy, 489 años después, aun atosiga a nuestro pueblo.

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