Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

El feminicidio, un cáncer social

De acuerdo con cifras recientes, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública clasificó 566 feminicidios de los 2,240 homicidios de mujeres, lo que posiciona al Estado de México como el epicentro de este terrible problema social con más de 80 víctimas hasta la fecha.

El 3 de marzo se publicó mi primera colaboración con la revista Espejo, cuyo tema eran los feminicidios y cómo la prevención comienza desde casa atacando las ideas y comportamientos machistas por pequeños que sean. Como millones de mujeres, hice un llamado a tomar conciencia de la situación y trabajar en conjunto con nuestras comunidades para detener esta situación que se ha convertido en un cáncer que destruye sueños y familias.

Mi texto, como tantos relacionados con el tema, fue recibido con enorme dualidad: por un lado, algunas personas entendían la urgencia y la gravedad de la situación… pero, por el otro, no faltó quien me llamó exagerada y me recordó que “a los hombres también los matan”. Más de seis meses después, puedo reiterar rotundamente: nunca fue una exageración.

Es cierto, la inseguridad en México está en un nivel preocupante y día a día le es arrebatada la vida a personas a causa de ella. Sin embargo, los feminicidios cuentan con una característica única que los distingue de los demás delitos: un feminicidio es un crimen de odio; un asesinato ocurrido por el simple hecho de ser mujer. No se contabiliza como feminicidio, por ejemplo, un asalto fallido donde la víctima es del género femenino, ni un tiroteo en un bar donde perdieron la vida mujeres.

Un feminicidio es el caso de Jessica González, una joven maestra de 21 años, cuyo cuerpo fue hallado en Morelia días después de su desaparición; es el caso de Ana Noemí Álvarez, de 20 años que fue abusada sexualmente y luego estrangulada presuntamente por su cuñado en Querétaro. Como ellas, han sido asesinadas más de 2,240 mujeres solo en 2020, lo que deja un aterrador promedio diario de 10.5 casos diarios (0.5 más que a principios del año) que es además 3.1 puntos porcentuales superior al mismo periodo de 2019.

De acuerdo con cifras recientes, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública clasificó  566 feminicidios de los 2,240 homicidios de mujeres, lo que posiciona al Estado de México como el epicentro de este terrible problema social con más de 80 víctimas hasta la fecha. En segundo lugar, se encuentra Veracruz con 52 feminicidios, seguido por la Ciudad de México con 41. No son solo estadísticas, es apenas la punta del iceberg de un tremendo problema estructural que impacta día con día a nuestra sociedad, no solo a las mujeres.

El resultado son los mensajes que las mujeres de todas las edades debemos enviar a nuestros seres queridos avisando a dónde y con quién vamos, incluso lo que traemos puesto en caso de desaparecer; son las llamadas ficticias donde fingimos tener a alguien al otro lado de la línea para que crean que no estamos solas; son los padres que se muerden las uñas esperando a saber de sus hijas porque salieron de la casa; son las miles de familias completamente destrozadas clamando por justicia que no llega.

El clamor por justicia y seguridad recorre todo México: de norte a sur, de este a oeste. Ninguna mujer está exenta de riesgo; pues la violencia de género no distingue ni clase social, ni nivel educativo, ¡ni siquiera perdona la inocencia de la infancia!

El combate al feminicidio se mantiene más como discurso político que en acciones. En agosto, la Cámara de Diputados federal propuso la homologación del delito de feminicidio para establecer criterios comunes y condenar con mayores penas a los asesinos de mujeres. Se ha definido la Alerta de Género, que lejos de ser un llamado a la prevención se ha vuelto un calificativo para juzgar a los gobernantes. Sin embargo, 18 estados del país acumulan 21 de estas alertas sin siquiera un indicio de que la violencia contra las mujeres va a disminuir próximamente… sino todo lo contrario. Además, un altísimo porcentaje de feminicidios en México jamás son resueltos, además que otras veces los criminales pagan condenas ridículas por sus sanguinarios actos.

La violencia de género es terrible, así como sus consecuencias. Aún peor es encontrar a una sociedad todavía insensible a esta realidad, que lejos de apoyar y contribuir desde casa en su combate lo perpetúan al culpar a las víctimas, llegando al grado de ¡justificar un delito! Es momento de entender, de reflexionar y, sobre todo, de actuar. Ha llegado la hora de generar conciencia social: nada, absolutamente nada, justifica un asesinato a sangre fría.

Lo escribí hace meses, y lo repito: urge una estrategia de combate integral que parta del origen de la violencia, desde los casos aparentemente irrelevantes hasta los más graves, puesto que el feminicidio es la máxima expresión de la violencia de género que nace de una desensibilización respecto a las víctimas que facilita la espiral de la violencia.

El feminicidio se combate en los hogares, desde el respeto y la equidad. Este terrible crimen acaba donde comienza un mundo justo donde por fin se entiende que nacer mujer simplemente dicta las cualidades biológicas y nada más. Erradicarlo es indispensable para alcanzar un México mejor para todos donde podamos volver a salir a las calles sin miedo, sin juicios, simplemente con nuestra libertad.

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