Reflexiones

Leónidas Alfaro Bedolla

El General iluso | Ecos de la larga noche del neoliberalismo

Todo esto señores, ha venido a convertir un desorden descomunal. Ya son varios los grupos los que están operando, y nos están atacando, hemos perdido respeto, dinero y…gente.

Empezaba la segunda mitad de la década de los 60´s, cuando en un predio agrícola del valle de Culiacán, aterrizó la primera avioneta que había realizado un vuelo rasante desde un punto de la selva colombiana; la carga eran diez kilos de coca virgen, mismos que se convertirían en 100 por los agregados químicos que la harían propicia para el consumo humano. A finales de aquella década, nuestra ciudad ya había cobrado fama como plataforma desde la cual se catapultaban toneladas de marihuana, y cientos de kilos de cocaína hacia el mercado más grande; los Estados Unidos de Norteamérica. Esto atomizó un tanto el negocio, y empezaron a formarse los grupos, que a la postre, serían los famosos cárteles.

-Señor, -dijo el vigilante que cuidaba la entrada de la mansión. -El Licenciado Buitrón quiere hablar con usted. – Que lo lleven a mi despacho. Dijo don Víctor con voz cansada.

-Esta vez, señor. Vengo a informarle, que tiene usted un vuelo, mañana a las nueve de la mañana. Nuestros jefes le esperan en ciudad de México. Del aeropuerto, lo llevaran directamente a la mansión. -Gracias licenciado. –Que tenga buen viaje don Víctor.

Don Víctor, a pesar de haber visto varias veces el lugar, no dejaba de sorprenderse. Era en verdad una mansión. Con enorme reja cuidada por soldados, inmensos jardines bien cuidado, más allá las canchas de tenis, alberca, caballerizas y campo de golf. –De quién será esta suntuosidad; seguro de un alto magnate, comprometido con los jefes del sistema… -Don Víctor, detuvo sus deducciones, cuando el imponente Lincon Continental negro se detuvo ante el Partenón en donde un elegante caballero de traje y corbatín de pájarita, bajó dos peldaños para abrir la puerta del automóvil; bajó don Víctor y fue conducido hasta un elegante salón-biblioteca, el mismo donde los últimos cuatro años había sido recibido por sus jefes: un alto jefe militar y un licenciado representante de la presidencia de la República. –Aquí espere señor García, por favor. –Si señor.

Sabiendo que la espera sería de menos cinco minutos, don Víctor se acercó a la biblioteca para ver de cerca las elegantes obras cubiertas en piel. Un tanto suspicaz volteo para un lado y otro, con mucho cuidado sacó un libro. Asombrado leyó en la portada, escrito con letras doradas: Para el Excelentísimo señor empresario: Don Antonio Morales Beltrán y Castañeda. –No cabe duda, la estulticia y la pedantería, son hermanas. –Eso dedujo para sí, don Víctor, dejó la obra en su lugar y caminó; admiraba una pintura de un personaje para él desconocido, cuando entraron a paso firme el militar y el licenciado.

-Bienvenido, don Víctor. – Gracias General Barrientos. – Le presento al licenciado Tijerina. – Tanto gusto, fue la frase repetida entre ambos. –Tomaron asiento y al momento el licenciado abrió una pequeña agenda y empezó. –Señor García, los últimos acontecimientos en su zona, han sido demasiado violentos, tanto que han impactado nuestra preocupación. Qué nos puede explicar al respecto.

-Debo empezar por una breve explicación, si me lo permiten. –Adelante García. –Gracias General. – el licenciado admitió con un leve movimiento de cabeza. –Desde que me inicié en esta empresa, tuve acuerdos con sus antecesores, con quienes acordé realizar mis actividades de siembra de marihuana y amapola, en primer lugar, para venderla exclusivamente a negociantes de los Estados Unidos, porque es allá donde está el mercado más importante del mundo. Y también porque daría trabajo a miles de campesinos de las zonas serranas de Chihuahua, Durango y Sinaloa. Y todo iba muy bien. Pero todo cambió cuando empezaron a llegar contrabandos de cocaína a mi territorio. Quienes se dedican a ese negocio, me solicitaron permiso, se los otorgué con la condición de que solo era para que fueran base de sus envíos a Los Estados Unidos, y que no promovieran el consumo en nuestro territorio ¿Pero qué pasó¿ Rompieron las reglas, abrieron el mercado local, y no nada más con cocaína, sino también con morfina marihuana y metanfetaminas.

Todo esto señores, ha venido a convertir un desorden descomunal. Ya son varios los grupos los que están operando, y nos están atacando, hemos perdido respeto, dinero y…gente.

Ambos funcionarios intercambiaron miradas, el breve instante, lo aprovecho el General. –Con esta información, señor García, nos insinúa que en su zona se está gestando una gran corrupción de autoridades. –Así es mi General, no puedo dar detalles porque no es de mi incumbencia averiguarlo, pero lógico es suponerlo; con el perdón de ustedes, yo supongo que ya están enterados, si no es así, ¿cómo es que pueden pasar hasta veinte toneladas de marihuana, en un tráiler que cruza, sin novedad, por al menos, seis retenes cuidados por agentes de la PGR y soldados?

-Se lo dije licenciado, qué si permitíamos las componendas, terminaríamos en un fango de mierda: La corrupción. ¡Pero esto se acabó! Ya podrá ir con sus superiores y decirles que el ejército mexicano no está dispuesto a tolerarles sus estupideces. No necesito ser adivino para saber hacia dónde nos conducirán como nación si cedemos a sus ambiciones, ambiciones que los han vuelto miopes; exponen la seguridad de la patria, sumergiendo en la ignorancia y el vicio al pueblo. ¡Pero les recuerdo que soy un soldado al servicio de la nación! ¡Y qué como tal! ¡Estoy dispuesto a defenderla! ¡Ante todo y contra todos! –el General estaba rojo de ira, respiró profundo, y con voz más serena, pero firme, miró directo al licenciado, y le dijo: -Que le quede claro, licenciado: contra todos los que se opongan. Iniciaré una batida General. Emplearé, todos los medios disponibles. He de limpiar esta cloaca, ¡a como dé lugar!

Aquél General, fue detenido, se le endilgaron una serie de delitos ignominiosos, se le torturó, y murió por esa causa. Los mafiosos de cuello blanco, sí cumplieron con su cometido, dieron rienda suelta a la corrupción, y durante más de treinta años, nos hicieron caminar entre una noche larga, oscura, que dio cumplimiento al vaticinio del General.

A modo de epílogo: Por suerte, pero más a la perseverancia, madurez e inteligencia de nuestro Presidente Andrés Manuel López Obrador, la marcha de la 4T es una realidad; en gran medida también, gracias al pueblo mexicano que ha despertado y que está dispuesto a defender lo que le pertenece. Él, y su gran equipo de colaboradores, con el apoyo de millones de mexicanos, entre ellos hombres de diversas empresas, con sentido humanista, han decidido a unirse a este gran proyecto que nos salvará del atraso que provocan las desigualdades, la impunidad y la corrupción. Por el bien de todos, primero los pobres.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

Comentarios

Recientes

Ver más

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo