Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

El impacto de la hiperconexión laboral

La pandemia fue un acelerador del trabajo remoto, permitiendo que lo exploráramos y conociéramos sus fortalezas y debilidades. Sin embargo, es momento de regularlo y fortalecerlo de tal manera que su aplicación resulte en un triunfo para ambos lados.

El teletrabajo ha sido una de las polémicas transformaciones sociales consecuencia de la pandemia por el COVID-19. Debido al distanciamiento, se cerraron oficinas, se redujo el transporte y la interacción física para transitar a un territorio desconocido para muchas empresas: el digital. El también conocido como Home Office se manifestó como un arma de dos filos: por un lado, una oportunidad para el sector más privilegiado de cumplir con sus funciones laborales sin salir de casa, reduciendo gastos de transporte, riesgo de contagio. Por el otro, parecía la oportunidad perfecta de equilibrar la vida personal y la laboral, reencontrando el tiempo que el ritmo acelerado de vida nos hacía asignar en desplazarnos a nuestro lugar de trabajo.

El auge del teletrabajo fue tal que, en 2020 varias empresas famosas anunciaron su transición a esquemas híbridos o a distancia en el mediano plazo. En consecuencia, el mercado inmobiliario se vio afectado conforme se desocupaban miles de locales y edificios de oficinas: tan solo en México, a inicios de 2021, se estimaba una caída del 43% en el sector corporativo y del 2% para la renta de oficinas. No obstante, ahora que las campañas de vacunación y la reactivación económica globales han avanzado, el mantener o no esquemas de teletrabajo regresa a la mesa de discusión, con pros y contras tanto para las empresas como los trabajadores.

La pérdida de identidad corporativa, la baja eficiencia de las reuniones digitales y la dificultad de mantener monitoreado el desempeño de los empleados son algunos de los motivos de las empresas para regresar a las oficinas antes y en esquemas híbridos o totalmente presenciales, a pesar de lo que en algún momento esperábamos sobre el home office: que había llegado para quedarse. Para los empleados, diversos estudios han concluido que lo mejor sería un esquema mixto con libertad de elegir cuándo y cómo presentarse a la oficina. Para ambos lados, el obstáculo de mantener el teletrabajo es la ambigüedad de la regulación al respecto.

Sí, en México, segundo lugar de América Latina en mayor número de trabajadores a distancia, se llevó a cabo la reforma a la Ley Federal del Trabajo para regula esta modalidad, dándole definición legal y estableciendo derechos y obligaciones para ambas partes. No obstante, quedan grandes áreas de oportunidad al respecto, siendo una de ellas el establecimiento de límites tanto para empresas como trabajadores de tal forma que se respete exitosamente la separación entre la vida laboral y personal.

La situación de Portugal se volvió viral recientemente en consecuencia de una reforma laboral al respecto, que prohíbe a las empresas contactar a los trabajadores fuera del horario de oficina salvo en causas de fuerza mayor, sentando pauta de regulación en el resto del mundo, aunque quedan interrogantes sobre la efectividad de la medida: ¿es suficiente una ley para buscar el balance entre vida privada y laboral?

Tradicionalmente, entrar y salir de la oficina eran indicadores del inicio y fin de la jornada laboral, sentando pauta para que los trabajadores se enfoquen en su vida privada y sus actividades cotidianas. En un mundo hiperconectado, no es tan sencillo: contamos con horario de entrada y de salida, sin embargo, es fácil que nos contacten ya sea por mensajes, correo o teléfono celular para distintas situaciones.

En esquemas de teletrabajo, las líneas se vuelven aún más difusas: trabajamos en el mismo lugar desde el cual llevamos a cabo nuestras actividades personales, nuestros compañeros de “oficina” son las personas con las que vivimos, ya sea la familia, amigos o pareja. Por ende, la tentación de intercalar tareas del hogar con las de oficina es grande, disminuyendo la productividad a la menor falla de disciplina. Del lado de las empresas, se ha vuelto también más sencillo contactar al trabajador fuera de horario laboral, considerando que “no ha salido de su lugar de trabajo”, en este caso, su casa. De hecho, a finales del 2020 seis de cada diez trabajadores mexicanos consideraban que su carga de trabajo aumentó en la modalidad a distancia y, si bien apoyaban este esquema en un 97%, prefieren tener la opción de asistir a la oficina un par de veces por semana.

Considerando la magnitud del reto, se han tomado medidas distintas en diversos países e instituciones para buscar esquemas de trabajo por objetivos, de tal forma que los trabajadores administren sus propios tiempos para cumplir con sus metas en tiempo y forma. Esto, tristemente, no es aplicable para todas las líneas de trabajo, por ejemplo, no se puede planificar al 100% mientras se llevan a cabo tareas reactivas.

La pandemia fue un acelerador del trabajo remoto, permitiendo que lo exploráramos y conociéramos sus fortalezas y debilidades. Sin embargo, es momento de regularlo y fortalecerlo de tal manera que su aplicación resulte en un triunfo para ambos lados. Un esquema de teletrabajo moderado podría permitir reducir el “burnout” que aqueja a aproximadamente el 75% de los mexicanos. No despreciemos una herramienta que ha probado ser útil, mejor encontremos ese punto medio de respeto y productividad que nos permitirá generar más bienestar como sociedad y minimizar problemáticas que nos aquejan actualmente como el tráfico y la contaminación.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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