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El olvido de las niñas y niños jornaleros agrícolas migrantes

Muchos de estos niños, abandonarán la escuela, reproduciendo continuamente estos ciclos viciosos de exclusión, donde origen sigue siendo destino.

Por Ángel Leyva

La pregunta que me hago al comenzar estas líneas surge de la preocupación proveniente del golpe brutal que el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2021 le daría a uno de los grupos mayormente excluidos, marginados y vulnerables de nuestro país, me refiero a las niñas y niños jornaleros agrícolas migrantes.

Es preocupante que sin razón alguna se elimine completamente del proyecto de presupuesto el Programa de Atención Educativa para la Población Escolar Migrante (PAEPEM), lo que significaría para Sinaloa (principal entidad receptora de migrantes a nivel nacional), abandonar a su suerte a 17,881 niñas y niños jornaleros y dejar sin personal a 154 escuelas que los atienden.

No podemos permanecer inmóviles, conformes y complacientes con la situación actual y ver como el nuevo presupuesto está a punto de echar por la borda el futuro de miles de niñas y niños que lo necesitan más que ningún otro y a los cuales se les limitarían sus posibilidades educativas y quizá la única oportunidad de aspirar a un mejor futuro para ellos y sus familias.

La evidencia sobre la situación de los jornaleros agrícolas migrantes se encuentra disponible en diversos estudios como el realizado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE, 2016) y más recientemente por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL, 2019), por lo que mostrarse indiferente sería un agravio y una falta de sensibilidad y empatía hacia la comunidad migrante a nivel nacional.  

Entre los problemas referidos en estas publicaciones se encuentran los difíciles contextos que enfrentan las familias de jornaleros migrantes, quienes se caracterizan por provenir de localidades de alta marginación, muchos de ellos pertenecientes a comunidades indígenas, con acceso limitado a los servicios públicos, altos niveles de rezago, así como baja escolaridad y niveles de aprendizajes insuficientes. No obstante, pese a todas estas carencias, se les recorta el ya diluido presupuesto que se tiene para atenderlos.

Con relación a las condiciones de trabajo de las familias de jornaleros migrantes, están documentadas condiciones poco dignas para vivir, ya que en muchos casos se incorporan a campos de trabajo en condiciones de hacinamiento y explotación, con altos riesgos de salud al exponerse directamente a productos tóxicos y exposiciones prolongadas al sol, muchas veces sin contratos formales, sin seguridad social ni prestaciones laborales.

Otro aspecto preocupante es que dadas las necesidades económicas persiste el trabajo infantil de muchos niños jornaleros, los cuales se mueven junto con sus familias por las ofertas laborales y los ciclos agrícolas, pudiendo iniciar un año escolar en una escuela de un estado y completando el resto en otro centro escolar de una entidad diferente. Muchos de estos niños, abandonarán la escuela, reproduciendo continuamente estos ciclos viciosos de exclusión, donde origen sigue siendo destino.

Todos estos elementos permiten darnos cuenta de que retirar los apoyos destinados a la atención de los niños y jóvenes migrantes sería desconocer el contexto social y cultural de este grupo poblacional, el cual, ha sido olvidado e invisibilizado por años. Significaría darle la espalda a la búsqueda de un sistema educativo equitativo e incluyente que verdaderamente atienda y priorice a las personas que enfrentan las mayores carencias y necesidades, profundizándose aún más las brechas de desigualdad que históricamente han existido. Porque discursos políticos y gubernamentales que hablan sobre la atención a los grupos más desfavorecidos hay muchos, pero si estos no se acompañan de recursos para hacerlos realidad es meramente demagogia.

El proyecto de presupuesto 2021 aún puede cambiarse, es tiempo de sumarnos y luchar porque se les garantice el derecho a estar en las escuelas, aprender y participar a los que más lo necesitan. En manos de los legisladores estará la última palabra, demostrarnos que las niñas, niños y jóvenes jornaleros agrícolas migrantes realmente importan y que la educación es un derecho de todos. No obstante, mantener los recortes presupuestales tal y como están serían un mensaje claro y contundente, el cual es que no les importaría hipotecar el futuro de la niñez y juventud migrante por cuestiones políticas.  Si es así, no estarán a la altura de lo que dicen defender. La pelota está en su cancha, no los defrauden.

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