Reflexiones

Malú Morales

El país de las sombras largas

Esta novela nos aporta conocimientos insospechados sobre una cultura cuyas costumbres  nos pudieran parecer cómicas, repugnantes y difíciles de creer,  sobre  esos seres que  viven en la pureza de sus tradiciones  ancestrales…

Hans Ruesch, quien nació en Nápoles Italia el 17 de mayo de 1913,  y murió en Suiza un 27 de agosto, a la edad de 94 años, nos dejó un valioso testimonio de sus viajes por lugares inhóspitos. EL PAIS DE LAS SOMBRAS LARGAS es una conmovedora novela, entre otras más, dentro del mismo contexto. De madre italiana y padre Suizo, adquirió la nacionalidad Suiza. El joven Hans, antes de ser escritor fue un corredor automovilístico, habiendo participado en más de cien carreras; ganador en varias ocasiones durante la era dorada del Grand Prix.  Destacó asimismo como activista declarándose en favor de los derechos de los animales y en contra de la experimentación en laboratorios, de estos seres vivos.

 De las vivencias durante sus viajes escribió los libros: Iglús en la noche, Cómo ser pobres, Oro negro, Al sur del corazón, entre otros. Posteriormente escribió El regreso al país de las sombras largas.  Poco antes de morir publicó los libros El gran fraude médico y La historia de la farmacia, en los que denuncia la experimentación en animales y los abusos de la industria farmacéutica.

Se trata de un libro que conduce al lector hasta la lejana región donde habitan los esquimales en las tierras de hielo del extremo norte del mundo; ahí, las noches duran cinco meses y la caza de osos, de focas y otros animales marinos son el alimento básico que se come crudo y se guarda en trozos, los que al llenarse de gusanos les representa un manjar maravilloso. En El país de las sombras largas, ignoran la existencia de autoridades, leyes o prisiones; tienen innumerables dioses y espíritus como Sila, el ser que vive en el cielo y ahuyenta el sol, o Sedna, la mujer con cola de foca que gobierna a las criaturas marinas. Creen asimismo en el espíritu de los cuatro vientos, que representa el lugar en el cual los viejos de la tribu son abandonados a la espera de la muerte a causa del congelamiento o de que un oso polar se los coma. Todo esto, asumido con una resignación muy natural.

En ese lugar, la mujer es considerada inferior, a pesar de lo útil que puede ser en las labores hogareñas, como elaborar botas de piel o en la limpieza de la ropa mediante un raspado con artefactos hechos de hueso de animales y hasta con sus propios dientes; por lo mismo, muchas mujeres tienen desgastados los dientes ostentando unas encías enrojecidas e inflamadas. Sin embargo, al nacer, la mujer representa una carga por no ser proveedora de alimentos, ya que no le es permitida la cacería y sí representa una boca más que alimentar; es por ello que desde el momento de su nacimiento es condenada a la muerte por la propia madre, a menos que desde antes de nacer, haya sido comprometida con alguien que provea su subsistencia. Una de las alternativas de la mujer es que el marido puede prestarla a otro hombre al que se le brinda como un gesto de amistad, distinción de la que ella debe sentirse orgullosa.

Los personajes de esta novela, desconocen el concepto de Dios único y por ende, ignoran el significado del pecado, hasta el momento en que llega un misionero que les enseña mediante pláticas y lecturas bíblicas los límites del bien y del mal, lo cual ellos aceptan con cierta reticencia, pero que van adoptando por el gusto de las golosinas que el misionero les obsequia durante las pláticas con que los induce al Cristianismo y sus dogmas de fe.

 La carga anecdótica  recae en una familia que ha vivido con sus costumbres hasta que el padre sufre un accidente de caza y necesita de un curandero. Esto lleva al grupo familiar a emigrar hasta una Misión en la que permanecen y en la que conocen pensamientos diferentes a los por ellos aceptados como normas de vida. Se establecen en ese lugar durante el tiempo de sanación del hombre, otras familias se instalan asimismo en la Misión que les ofrece protección y un techo seguro; en tanto que la hija mayor se entrega a los oficios religiosos con curiosidad y fervor. Ella concibe un hijo, producto de una relación insospechada con un hombre blanco al que ella confunde con el Dios que apenas comienza a conocer. Los hombres, que se han ido de cacería, vuelven tras una larga ausencia y se encuentran con que sus mujeres ya han sido casadas con otros hombres por consejos del misionero, para así tener un solo esposo.  Los hombres se enfurecen de tal modo que se libra una batalla en la que se entrecruzan las balas de los rifles que hasta entonces desconocían los esquimales, pero que los hombres blancos les canjearon por pieles de zorro, así como el tabaco y el petróleo. Los sobrevivientes de la batalla deciden regresar a su lugar de origen para seguir viviendo en sus iglús, algunos con la nueva idea de preparar los caminos de Dios para enderezar sus senderos.

La joven madre, durante el camino de regreso, piensa en que su futuro hijo será El Salvador que necesitan urgentemente los hombres blancos.

Esta novela nos aporta conocimientos insospechados sobre una cultura cuyas costumbres  nos pudieran parecer cómicas, repugnantes y difíciles de creer,  sobre  esos seres que  viven en la pureza de sus tradiciones  ancestrales, como podría ser el beso que se dan restregándose las narices o el hecho de abandonar a los viejos a las intemperies heladas para ser devorados por las fieras.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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