Reflexiones

Malú Morales

El Palacio de la Luna

Un día el viejo le confiesa que había sido pintor y que deseaba dictarle su biografía para hacérsela llegar a su único hijo que jamás había conocido.

Cuando descubrimos a un escritor de la talla de Paul Auster (1947) autor de más de una veintena de libros, exitosos todos… pensamos que el mundo entero debería leerlo. Estadounidense, poeta, novelista, guionista y director de cine; merecedor de un sin fin de reconocimientos de entre los que destaca el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006. Nombrado, además, Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 1992. ¡Fenomenal!

Y como el mismo Paul Auster  señala: …un libro sólo está completo cuando es leído… me sumé a sus miles de lectores para abordar el tren de la lectura con su novela EL PALACIO DE LA LUNA, escrita en 1989.

Marco Stanley Fogg es un joven que, a los once años perdió a su madre que murió atropellada por un tranvía dejando huérfano a su único hijo, que a su vez se fue a vivir a Nueva York con su único familiar, el tío Víctor que se hace cargo de él con dedicado cariño. El tío Víctor es clarinetista de poco éxito. Gracias al pago de la indemnización de la compañía del tranvía que mató a la madre de Marco, éste emprende sus estudios. La grata convivencia entre tío y sobrino duró pocos años;  Víctor fallece justo cuando su sobrino termina los estudios universitarios. La única herencia que el joven recibe, son libros, en una cantidad de poco más de 1,400. El joven los lee pero su situación económica es precaria, por lo que decide venderlos hasta quedarse sin nada. Las deudas aumentan, lo echan del departamento. Marco vaga por la ciudad sin un plan; de pronto se ve acostado en una banca del Central Park, el cansancio le obliga a buscar un refugio, lo encuentra bajo los árboles y en algunas cuevas existentes en el Central Park, al acomodarse para dormir no tenía idea de cuántas noches más pasaría en ese lugar; instalado entre el desaliento y la tristeza, cuando el hambre aprieta busca comida en los botes de basura. Pasados unos meses en esa situación, Marco enferma, las fiebres, vómitos y convulsiones las pasa refugiado en la cueva; una vez se desmaya en pleno parque y es cuando es hallado por su mejor amigo quien lo había buscado en compañía de una muchacha de origen chino. Zimmer lo lleva a su departamento, alivia sus males, lo alimenta y le da un breve espacio para su recuperación. Kitty Wu, la joven china se enamora de él haciendo todo lo posible por su bienestar. Cuando el muchacho se siente recuperado decide salir en busca de un trabajo; acude a la universidad para revisar los anuncios de empleos publicados en los espacios para los alumnos y ahí se encuentra con la petición de un caballero de edad avanzada, en silla de ruedas, ciego, que necesita un asistente. Marco acude a la residencia del solicitante en donde es sometido a un interrogatorio exhaustivo que le hace el hombre de la silla de ruedas con autoritarismo, el joven piensa que… las palabras salían de su garganta con una especie de furiosa y áspera energía… al final de la entrevista se le informa: Si le contrato Fogg, probablemente llegará usted a odiarme. Recuerde que es todo por su bien. Hay un propósito oculto en todo lo que hago y no es usted quien ha de juzgarlo… El joven se queda a vivir en la residencia formando parte de los tres únicos habitantes, el inválido, la enfermera y ama de llaves y él… se siente afortunado por dejar de ser una carga para su amigo y tener una relación amorosa con Kitty.

Los paseos son tranquilos a pesar del carácter huraño y arrogante del jefe; las lecturas son extensas pero al joven le agradan. Un día el viejo le confiesa que había sido pintor y que deseaba dictarle su biografía para hacérsela llegar a su único hijo que jamás había conocido. Thomas Effing va dictando su biografía y Marco Stanley se va identificando por la mutua soledad en el hecho de no haber conocido a su padre, tal y como el viejo nunca había conocido a su hijo. La historia del inválido se remonta a la época en que abandonaría a su esposa embarazada para ir hacia un venturoso viaje por el oeste en busca de paisajes para pintar. El trayecto le lleva a mortales incidentes en los que pierde a sus acompañantes; él queda herido, por lo que tiene que caminar por paisajes deshabitados en busca de ayuda, hasta que encuentra una cueva en lo alto de una montaña;  al entrar se sorprende al ver la cueva acondicionada con rudimentarios muebles, una despensa rebosante y…un cadáver. Después de enterrar el cuerpo, habita el espacioso lugar por varios meses, hasta que una noche, llegan unos forajidos cargando una enorme fortuna en billetes y joyas, producto de varios robos… el pintor se esconde, se libera de los ladrones y se queda con todo lo robado. Decide huir hacia una nueva vida, con una identidad diferente y con una grandiosa riqueza.

Como el título lo indica, la luna está presente en toda la historia como un símbolo de la realidad oculta de los personajes. El azar y las coincidencias forman parte de la trama, de tal modo que el joven encuentra a su padre y éste, a su vez, encuentra también a su progenitor. Sentimientos como la soledad, el abandono, la pobreza y sucesos como el aborto y sus consecuencias, nos conducen a un magistral relato en el que cada personaje nos da una lección de vida.

Uno de los admiradores de Paul Auster, refiriéndose a esta novela, declaró: La azarosa vida del personaje principal te lleva a un orgasmo literario.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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